Rio de Janerio. La petrolera estatal brasileña Petrobras anunció el martes que aplazó por dos meses una de las mayores ofertas de acciones del mundo, en lo que podría ser un duro golpe a su ambicioso plan de extraer millones de barriles de crudo de la cuenca marina.

Petrobras había recibido horas antes la aprobación de accionistas para la operación, valuada en hasta 150.000 millones de reales (US$84.000 millones) y por la que el gobierno recibiría acciones a cambio de dar acceso a Petrobras a 5.000 millones de barriles de crudo.

La compañía dijo más tarde en un comunicado que podría incumplir con un plazo fijado para julio porque el regulador energético brasileño ANP podría no tener una estimación independiente del valor del petróleo -el siguiente paso crucial en el proceso- hasta fines de agosto.

"A la luz de esto, Petrobras decidió posponer la oferta pública de acciones y estableció como meta llevarla a cabo en septiembre del corriente año para asegurar la viabilidad del plan de negocios 2010-14", señaló la compañía en un comunicado.

Las noticias ponen a Petrobras en un aprieto porque contaba con el plan de capitalización para financiar la porción de este año del plan de inversión quinquenal de US$224.000 millones que se concentra en el desarrollo de la región subsal, un área petrolera en el lecho marino donde podría haber el equivalente a 50.000 millones de barriles de crudo.

La compañía ha descartado otras fuentes de crédito para financiar las inversiones, para asegurarse de que no pone en riesgo su nota de crédito. Los directivos de Petrobras querían lanzar la operación en julio, antes de que los mercados de capital mermen su actividad por las vacaciones en Estados Unidos.

Una fuente con conocimiento de la transacción dijo que la complejidad de la operación había comenzado a desconcertar a los inversores en contraste con otras ofertas de acciones más simples, como la próxima de Banco do Brazil, estimada en 10.200 millones de reales (US$5.700 millones).

La postergación podría poner más presión sobre la acción de Petrobras, que ha tenido un desempeño inferior al del referencial bursátil brasileño durante meses por la incertidumbre en torno al plan.

Y podría despertar más preocupación entre los inversores porque la compañía es cada vez más rehén de los caprichos políticos del presidente Luiz Inácio Lula da Silva, que propuso la operación el año pasado como parte de un intento más amplio para reforzar el control estatal sobre el sector petrolero, más que para generar valor para los accionistas.

El gobierno de Brasil, con una mayoría de acciones con derecho a voto pese a poseer una minoría del capital total, durante la asamblea de accionistas desestimó las quejas de inverosores de que la transacción podría atenuar su injerencia.

Esas protestas podrían hacerse oir más fuerte el miércoles. "Estamos firmemente en desacuerdo con los términos que están siendo propuestos a los mercados para este transacción", dijo Jorge Luiz Santos durante la asamblea de accionistas, y agregó que todas sus tenencias accionarias están en papeles de Petrobras.

Brasil está decidido a impulsar el desarrollo de reservas de crudo en aguas profundas, que es visto como una vía segura al desarrollo económico, pese a un creciente escepticismo en las perforaciones submarinas tras el enorme derrame de petróleo de la británica BP en el Golfo de México.

Lula ha prometido que las enormes reservas submarinas, que yacen bajo una capa de sal sobre el lecho marino en una región conocida como subsal, lanzará a Brasil hacia la categoría de nación desarrollada.