Ciudad de México. Desde 2005, no ha habido sector que represente un mayor lastre para la economía mexicana como la extracción de petróleo y gas.

De acuerdo con cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), el valor agregado de este sector se contrajo 10,3% en 2017, lo que representó la mayor reducción en el periodo, a la vez que implicó 13 años consecutivos de caídas.

Con esto, la tasa media de contracción del PIB petrolero ha sido de 3,7% en el mencionado lapso.

Esta situación ha ocasionado que la minería petrolera sea el sector que más peso haya perdido dentro de la economía nacional, puesto que entre 2005 y 2017 pasó de 8,4% a 3,8% del Producto Interno Bruto.

En términos de su contribución, la minería petrolera ha quitado entre 0,1 y 0,5 puntos porcentuales al crecimiento del PIB real desde 2005, siendo la de 2017, con 0,45 puntos, la segunda más alta en magnitud después de la de 2008.

En términos de su contribución, la minería petrolera ha quitado entre 0,1 y 0,5 puntos porcentuales al crecimiento del PIB real desde 2005.

Explicación. César Castro, consultor máster de Grupo Darsi, explicó a Excélsior que el lastre que hoy representa la minería petrolera es el costo de haber mantenido las finanzas públicas boyantes sin haber invertido en el sector en los sexenios previos, por la falta de visión de largo plazo.

"Dejaron de invertir en la ‘gallina de los huevos de oro’ (Pemex), la capacidad productiva se mermó y cuando se dieron cuenta se necesitaban cantidades enormes de inversión que ya no eran viables erogar. Por eso la solución fue abrir el sector a la iniciativa privada, nacional y extranjera, para que ahora en lugar de producir lo que hagamos es cobrar impuestos”.

Castro explicó que la falta de inversión también ocasionó que el sector de fabricación de productos derivados del petróleo, entre los que se encuentran gasolinas, gas LP y otros petroquímicos, también se haya reducido en 4,3% promedio desde 2005.

“Cuando produces menos crudo, tienes menor capacidad tanto para exportar como para refinar. Por eso nuestra balanza petrolera ha sido deficitaria en los últimos 3 años, y la capacidad de refinación se ha contraído de modo que ahora tenemos mayor dependencia de las importaciones de combustibles”.

Comentó que pese a las grandes inversiones comprometidas en las rondas de licitación desde 2016 por la Reforma Energética, la maduración de los proyectos petroleros toma entre 5 y 6 años. “Por eso creemos que la contracción del sector continuará este año y el siguiente, quizá de forma más moderada que en 2017. Y una vez que toquemos piso a lo mejor en 2020 veamos un repunte del PIB petrolero”.