Petropar se encuentra empecinada en ejecutar negocios que a todas luces los años pasados demostraron que fueron inviables económicamente, salvo de que detrás existan negociados que pudieran favorecer a sus mentores.

El caso de la reactivación de la obsoleta refinería, a simple vista evidencia el calamitoso estado en que se encuentra, generando dudas al respecto, más aún cuando en la década de 2000, la planta fue paralizada porque arrojaba millonarias pérdidas. Se hablaba entonces de US$4 millones por año, por lo que el propio Ministerio de Industria y Comercio se vio obligado a plantear su cierre al Equipo Económico, en el año 2002.

Con este nuevo proyecto existe mucho dinero en juego y hay sobradas sospechas sobre las contradicciones de los montos que pretenden “invertir” en la planta. Mientras el titular de Petropar, Sergio Escobar, habla de US$ 500.000, memos internos de la institución hablan de US$ 1,5 millones.

Otro aspecto muy llamativo es la inviabilidad económica de este proyecto. Es decir, en el hipotético caso de que la planta pueda funcionar debe considerarse los costos (flete) que implicarán la adquisición de crudo. Este fue uno de los principales inconvenientes en el pasado, en donde aseguraban que resultaba más económico para Petropar importar los productos terminados (gasoíl, naftas, etc.) que comprar crudo para refinar, atendiendo a que la planta fue construida con base en petróleo de “Sahara Blend”, que venía de Argelia, y que se dejó de importar precisamente por los altísimos costos del flete. Luego se operó con el crudo de Palmar Largo (Formosa, Argentina), un yacimiento agotado actualmente.

Si somos optimistas y consideramos que la planta consiga el crudo que realmente pueda refinar, a precios razonables, debe considerarse especialmente que la refinería en su mejor momento llegó a producir solo 900 m³ por día, mientras que en sus últimos años procesó apenas 400 m³ por día, cuando nuestro país consume entre 4.000 a 5.000 m³ por día. A ello debe agregarse que de los 400 m³ que llegó a procesar la refinería –antes de su cierre– generaba cortes que no siempre eran los de mayor salida, como fueloíl, nafta virgen y solo una ínfima cantidad de gasoíl, que es el principal rubro de venta de Petropar. Ahora, el ente se apresta para su licitación del próximo 18 de octubre, ocasión en que pretende gastar US$ 34 millones en un producto que no arroja ninguna certeza para el funcionamiento de la refinería de la estatal, por más de que sus principales mentores sostengan que comprarán de acuerdo a especificaciones que se puedan procesar en su planta. En síntesis: una aventura a costa del dinero público.