El precio del petróleo ha alcanzado en el primer trimestre un valor medio récord que, por la violencia en Libia y la inestabilidad en el norte de África y Oriente Medio, impulsa la inflación y despierta el fantasma de la crisis de 2008.

En todo el primer trimestre, el promedio del precio del Brent fue de US$104,97 por barril, con lo que superó el máximo histórico para este período del año, que era de US$96,90 en los tres primeros meses de 2008.

Aunque los analistas saben que la situación es muy diferente a la de ese año, no descartan que el encarecimiento de los combustibles termine por dañar la coyuntura y frenar el consumo.

En los tres primeros meses de este año, las cotizaciones del Brent y del crudo de Texas (WTI) , referencias en Europa y América, se apreciaron un 23% y un 16%, respectivamente, y cerraron marzo a 117,36 y US$106,72 por barril en los mercados de futuros de Londres y Nueva York.

En términos interanuales el encarecimiento del Brent a 31 de marzo ha sido de 41,5%, y el barril referencial de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) cerró el pasado mes a US$111,42, cuando hace un año lo hizo a US$78,70.

“Nos acercamos a la zona de peligro” , estima Ehsan Ul-Haq, analista de la asesora británica KBC Energy Economics.

“La pregunta crucial ahora es saber dónde está la frontera” a partir de la cual la demanda se resiente y los precios se desploman, añadió.

Ul-Haq considera probable que eso suceda antes de lo que ocurrió en 2008, cuando el precio del barril superó los 147 dólares, pues ya se ven señales de retracción del consumo: “es visible en el Reino Unido que los automovilistas conducen más despacio, en España incluso las autoridades han limitado la velocidad” , recordó.

En contraste con la situación en la primera mitad de 2008, el mundo aún no se ha recuperado de la crisis económica y financiera que estalló ese mismo año y la economía sigue debilitada.

Por otro lado, la oferta de petróleo es más amplia que entonces, a pesar de la ausencia de cerca de un millón de barriles diarios de Libia, que sólo en parte han sido sustituidos por suministros adicionales de Arabia Saudí y otros socios de la OPEP.

El gran problema es la creciente incertidumbre que dificulta cualquier pronóstico, abre las puertas a la especulación financiera y a una peligrosa volatilidad de los precios.

“De pronto, estamos en una época de una incertidumbre increíble. Cada región del mundo tiene sus propios problemas” , destacó por su parte Johannes Benigni, de la asesora vienesa JBC Energy.

En un análisis del mercado petrolero, este experto no sólo recuerda los temores a una escasez de crudo que despierta la escalada de la violencia en Libia, agravada tras la intervención de países occidentales, ahora bajo el mando de la OTAN.

Los operadores se preguntan si la ola de violentas protestas en otros países del norte de África y Oriente Medio, región clave para el suministro petrolero del mundo, puede golpear también a Arabia Saudí, el mayor exportador del planeta, tras afectar ya a otros productores como Yemen, Omán o Siria.

Una situación que afecte al suministro saudí es el peor de los escenarios para el mundo del petróleo, y podría hacer disparar los precios hasta niveles jamás vistos.

Lo que ocurre en esa región está ahora en primer plano, pero ha acentuado una tendencia alcista del petróleo que se había iniciado ya a mediados del año pasado, cuando se reactivó la demanda petrolera con la incipiente recuperación de la economía mundial.

Con Estados Unidos luchando con su déficit comercial, la Unión Europea afrontando sus crisis de deudas soberanas, y Europa oriental paralizada, son más las preguntas que las respuestas, según JBC.

Y por si fuera poco, Japón afronta las consecuencias del terremoto más fuerte de su historia, con un devastador tsunami y una emergencia nuclear sin precedentes, que de momento ha provocado un descenso en el consumo.

Pero para la segunda mitad del año, los expertos de KBC cuentan con que Japón tendrá que aumentar sus importaciones de petróleo, diesel y sobre todo de gas natural licuado, para cubrir sus necesidades energéticas y facilitar la reconstrucción del país.