Buenos Aires. La sequía en Argentina, la más intensa de los últimos 50 años, ha arrasado con al menos un tercio de la capacidad de los cultivos de soya del país suramericano, de acuerdo con datos oficiales.

Los daños a la actividad agrícola se evidencian desde los predios más grandes que forman parte del principal polo exportador argentino, hasta las tierras más pequeñas radicadas en la periferia de Buenos Aires.

El calentamiento global arrecia ahora con una fuerte sequía que reduce cada vez más las estimaciones de producción de soya y maíz, calculándose la primera en 37,6 millones de toneladas y la segunda en 42 millones de toneladas para el ciclo 2017/2018, según autoridades.

A 90 kilómetros al norte de la Capital Federal de Argentina se encuentra Zárate, una ciudad en la que trabaja Martín Coarasa, uno de los productores agrícolas más afectados por la sequía, con cosechas por debajo del 50% y bajos pronósticos para los ciclos venideros.

"Es la campaña agrícola más seca que yo recuerde, y de los registros de acá, de la zona y de gran parte del país", dijo Coarasa en entrevista con Xinhua.

"Es la campaña agrícola más seca que yo recuerde, y de los registros de acá, de la zona y de gran parte del país", dijo Coarasa.

El poroto de soya es el principal producto de la empresa familiar de Coarasa con ciclos en condiciones normales en los que se extraían 4.500 toneladas de soya de primera y 2.000 toneladas de soya de segunda, en un total de 2.500 hectáreas.

Ahora la proyección se reduce a la mitad, consideró el también vicepresidente segundo de la Sociedad Rural de las regiones de Exaltación de la Cruz, Campana y Zárate (norte).

Estas 6.500 toneladas generalmente eran dirigidas a la exportación, agregó el productor, siendo de sus principales compradores la empresa China National Cereals, Oils and Foodstuffs Corporation (COFCO Group), Louis Dreyfus Company (Francia) y Molinos Cañuelas (América Latina).

"El 95% de la soya producida se exporta, tanto en grano como en harina y aceite. La soya se exporta casi toda como proteína para consumo animal, así que va a ser dramática la menor producción que en algunos casos llega hasta el 60% menos de lo que llega en un año habitual", agregó.

Los productores de Zárate declararon la zona en "emergencia agropecuaria" buscando mayor apoyo estatal y una reducción en los impuestos, así como en las cuotas crediticias que deben cancelar a los bancos que les han brindado financiamiento.

"La Sociedad Rural está reclamando que se mejoren los beneficios de la emergencia agropecuaria, porque hasta ahora son pocos. Este año, por el contrario, sufrimos un aumento del 60% en el impuesto inmobiliario rural que empezamos a pagar en febrero", comentó Coarasa.

 

Además de la merma en la producción, las permanentes alzas en los servicios, entre éstos el combustible, indispensable para la actividad, elevan los costos de producción generando un techo desfavorable para los agricultores, agregó.

El impacto social no es menor, aseveró Coarasa, quien señaló que de haber en sus predios 50% menos de producción, también los fletes y viajes se reducen a la mitad afectando a toda una cadena económica.

En el caso de los fletes, dijo que "el transporte mueve combustible, personal, reparaciones, rutas", sectores todos que se verán afectados por la baja de la producción agrícola.

De igual forma, el sector de ventas de maquinaria agrícola se verá envuelto en las consecuencias dejadas por la sequía, al mermar las inversiones en compra de equipo, máquinas y herramientas por parte de los agricultores.

"En las ciudades que están relacionadas con el campo habrá un menor consumo de productos, también habrá un menor ingreso para los empleados, porque la mayoría cobra en cuanto a rendimiento, a las toneladas; es toda una cadena", expresó el productor.