Buenos Aires. Los productores agrícolas de Argentina paralizaron este lunes 17 de enero las ventas de trigo, maíz y soja en protesta contra la política de intervención del gobierno en el sector, lo que reaviva una prolongada disputa que en el pasado ha impactado en los precios de los granos.

La protesta, que durará una semana, despierta temores sobre el abastecimiento del país sudamericano -uno de los principales proveedores mundiales de alimentos-, en momentos en que el clima seco generado por el fenómeno climático La Niña hace caer los pronósticos de cosecha de soja y maíz.

Aunque la protesta de esta semana -que se extenderá hasta la medianoche del domingo 23 de enero- probablemente no afecte las exportaciones, no deja de ser una mala noticia para Fernández de cara a las elecciones de octubre, en las que la mandataria podría buscar su reelección.

Las cuatro mayores asociaciones rurales de Argentina están encarnizadamente enfrentadas desde hace años con el Gobierno por los cupos de exportación y los impuestos a las ventas externas, medidas que buscan asegurar el abastecimiento doméstico de alimentos básicos y controlar la inflación.

"Queremos que se normalice el funcionamiento de los mercados (...) el comercio de trigo y maíz, especialmente. Los productores perdemos fortunas, los consumidores pagan más caro el pan", señaló Eduardo Buzzi, presidente de la Federación Agraria Argentina, a la local Radio 10.

Las transitadas rutas cercanas a Rosario -el principal puerto exportador de granos del país- estaban vacías de camiones el lunes, luego de un fin de semana con un gran flujo de camiones en el que las compañías exportadoras buscaron abastecerse de mercadería.

El piso de operaciones se encontraba vacío en el mercado de Rosario, donde en las primeras horas de la tarde sólo se registraban escasas ventas de soja y trigo.

Cuestionamientos. Los agricultores afirman que el sistema de cupos de exportación de trigo y maíz llevó a molinos y exportadores a pagarles precios inferiores a los estipulados oficialmente, por lo que reclaman que la presidenta de centroizquierda Cristina Fernández elimine esas restricciones.

"Estamos denunciando esto de que se gobierna para las (firmas exportadoras) multinacionales (...) Se otorga a grupos concentrados beneficios extraordinarios", dijo Buzzi, que aclaró que los chacareros no obstruirán rutas como lo hicieron en el 2008.

Diversos funcionarios argentinos criticaron a las entidades agropecuarias por lanzar otra huelga y hasta advirtieron por una posible escasez de harina de trigo.

El ministro de Agricultura, Julián Domínguez, defendió el rol regulador del Estado en el comercio de granos del país, una industria que mueve miles de millones de dólares al año, y cuestionó la medida de fuerza de los productores.

"No le encuentro el sentido a la protesta porque nosotros reconocemos el problema y estamos en dirección a resolverlo (...) No se entiende el motivo de la protesta si la necesidad (de los agricultores) es vender", dijo Domínguez.

Aunque la protesta de esta semana -que se extenderá hasta la medianoche del domingo 23 de enero- probablemente no afecte las exportaciones, no deja de ser una mala noticia para Fernández de cara a las elecciones de octubre, en las que la mandataria podría buscar su reelección.

La serie de huelgas comerciales agrícolas que comenzó en marzo de 2008 ante un intento del Gobierno de elevar un impuesto a las exportaciones de soja sumió en una crisis al Gobierno de Fernández, golpeó a los activos financieros de Argentina e interrumpió los embarques de granos en plena cosecha de la oleaginosa.

Sin embargo, esta vez no se prevé que la protesta alcance esas dimensiones y el impacto en los precios de los granos probablemente será reducido, ya que la recolección de la soja y el maíz aún no comenzó.

Clima. Los operadores del mercado estadounidense de Chicago probablemente estarán más preocupados por el impacto del clima seco que está azotando a regiones de soja y maíz de Argentina que por la huelga comercial de los agricultores.

Analistas agrícolas ya comenzaron a recortar sus predicciones para la cosecha de granos de Argentina a niveles tan bajos como 40 millones de toneladas en el caso de la soja 2010/11, desde los pronósticos iniciales de una producción de alrededor de 52 millones de toneladas.

Otras previsiones apuntan a una cosecha de la oleaginosa cercana a 50 millones de toneladas.

Las condiciones adversas impulsaron en las últimas semanas los precios de la soja y el maíz a niveles cercanos a los records de 2008.

La escalada de los valores es una buena noticia para los agricultores, pero las condiciones meteorológicas desfavorables están agravando el malestar en la llanura pampeana argentina.

"Las protestas siempre son mucho más fuertes cuando las cosas están mal", dijo a Reuters Mario Llambías, presidente de Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), en una entrevista realizada la semana pasada.