Recife. Cuando María Jussara Oliveira fue al banco para solicitar su primera hipoteca el año pasado, pensó que le esperarían semanas o meses de tediosa y obstructiva burocracia brasileña.

Media hora más tarde, salió de la reunión en la ciudad de Recife con una carta de crédito que le permitió ser la primera en su familia en ser propietaria de una casa.

Esta maestra de escuela de 35 años también estuvo entre las primeras brasileñas en beneficiarse con el programa del Gobierno para atender el enorme déficit de vivienda en la mayor economía de América Latina, con la construcción de 3 millones de casas básicas en los próximos años.

"Escuchamos sobre este programa pero no pensamos que tendríamos muchas posibilidades de lograrlo porque estas cosas usualmente son tan difíciles. Sorprendentemente, lo logramos", dijo, mientras estaba en la sala de estar de su nuevo departamento en un suburbio de Recife.

Lanzado el año pasado por el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, el programa "Minha Casa, Minha Vida" (Mi casa, mi vida) está tomando forma concreta con la construcción de departamentos financiados en parte por subsidios para familias de bajos ingresos por todo el vasto país sudamericano.

En los pobres estados del noreste como Pernambuco, cuya capital costera es Recife, el auge de la construcción refleja cómo una clase media emergente está impulsando a Brasil - antes un país con bajo rendimiento crónico que luchaba para estar a la altura de su potencial- al estatus de nación desarrollada.

El intento de extender esta nueva prosperidad a millones más es el centro de un gran tema de campaña en la carrera presidencial de este año, en el cual el programa de vivienda podría ser un gran generador de votos entre la clase media baja para la candidata de Lula, Dilma Rousseff.

Para abril se habían completado poco menos de 410.000 contratos para comprar departamentos bajo el programa y el objetivo es llegar al millón para fin de año, según el estatal banco Caixa Economica Federal, el mayor prestamista hipotecario de Brasil. La entidad espera que para fin de año hayan sido construidos 140.000 departamentos.

Se estima que el costo de la primera fase del programa para construir 1 millón de unidades para familias con un ingreso mensual de hasta 10 salarios básicos (unos US$2.700) es de 34.000 millones de reales (US$19.200 millones). Una segunda fase, con el objetivo de construir otras 2 millones de casas, fue anunciado en marzo con un costo de 80.000 millones de reales (US$45.200 millones).

En el caso de Oliveira, el banco gastó 17.000 reales (US$9.600) para subsidiar su departamento de dos ambientes, por un valor de 86.000 reales (US$48.590). Su cuota mensual está por debajo de lo que solía pagar de alquiler.

Sector privado. Al igual que muchas otras grandes ciudades de Brasil, el número cada vez más grande de edificios de departamentos en Recife no supera a las favelas, la prueba de un déficit en la vivienda que se estima afecta a 7 millones en un país de unos 190 millones de habitantes.

De cara a las elecciones presidenciales de octubre, es probable que el programa sea de gran ayuda para Rousseff, quien está estrechamente ligada al plan y ya se está beneficiando con el enorme crecimiento económico de Brasil. Una funcionaria civil de carrera que se desempeñó como la jefa de gabinete de Lula, Rousseff es la cara pública del programa de vivienda.

Las constructoras e inversores en bienes raíces, locales y extranjeros, también se están frotando las manos ante la enorme inyección de gasto público en el mercado inmobiliario.

Mientras Caixa Economica provee subsidios de hasta el 100%, dependiendo del ingreso familiar, la construcción de los departamentos se lleva a cabo por firmas privadas como Cyrela Brazil Realty, Gafisa y Rossi Residencial.

"Minha Casa, Minha Vida proporcionando enormes cantidades de viviendas accesibles al segmento de bajos ingresos que previamente en Brasil no podían acceder a comprar casas", dijo Rupert Hayward, director de Salamanca Capital con sede en Londres, que compró 50% de una firma inmobiliaria brasileña en el punto máximo de la crisis a fines del 2008.

Ecocil, socio brasileño de Salamanca, planea construir 25.000 unidades en los próximos cinco años en el noreste, que representa cerca de un tercio del déficit de vivienda de Brasil.

Eso debería traducirse en unos 1.500 millones de reales en ventas y Salamanca espera un beneficio de hasta 25% sobre su inversión.

¿Generador de votos? En Pernambuco, donde Lula nació en la pobreza en 1945, Caixa Economica espera que para fin del 2011 se hayan construido 44.000 casas, el equivalente al déficit de vivienda del estado. La entidad concedió unos US$250 millones en financiación hipotecaria en los primeros cuatro meses del 2010, 157% más que hace un año.

"La estabilidad económica ha sido un gran generador de créditos para la vivienda", dijo Pedro Santiago, superintendente para el estado de Caixa Economica, agregando que la baja inflación y la caída de las tasas de interés habían sido tan importantes como los subsidios gubernamentales.

"Hay más ofertas y la mayoría son para clases menos favorecidas. Tenemos una gran población que siempre ha quedado aislada de la vivienda", sostuvo Santiago.

A algunos les preocupa que la enorme financiación gubernamental esté haciendo que las casas sean menos accesibles mediante el alza de precios.

En su primer año fueron completados 3.000 departamentos, suscitando acusaciones del principal partido opositor de que el plan es una treta de marketing para mejorar las posibilidades electorales de Rousseff.

Funcionarios de Caixa Economica reconocen que el programa ha sufrido retrasos, en parte debido a la dificultad de encontrar terrenos baratos en ciudades densamente pobladas.

Pero el programa gana impulso en el noreste, una región que ahora está atravesando un renacimiento económico. En el complejo de departamentos de Oliveira, que incluye una cancha de fútbol de cemento y una pequeña piscina de natación, las 168 unidades de vivienda fueron financiadas con el plan.

"Siento que he logrado todos los objetivos de mi vida, me siento orgullosa de mí misma", dijo Oliveira sobre la compra de su casa, sentada sobre un sofá en el compacto departamento junto a su esposo taxista.

Pero si bien dice sentirse agradecida con Lula, su partido no tiene un voto garantizado en su hogar.

"No tengo la impresión de que dará continuidad a sus políticas. Esperaré a que se acerque el día para tener una idea mejor", dijo sobre Rousseff, a quien le espera la lucha por dejar la sombra del popular Lula en las elecciones.