Universia Knowledge Wharton. En San Miguel del Monte, Argentina, Mario Cáceres, ganadero de quinta generación, nunca le ha pedido mucho a la vida. Para él, bastaba con ser un gaucho moderno que cuidaba de su rebaño, que hasta hace algunos años, sumaba 16.000 cabezas de ganado de la raza Angus, especie que ayudó a convertir al país en sinónimo de cortes deliciosos de carne.

Pero esa posición se ha visto afectada por la globalización, por la modernización y por la política del país. Al igual que otros cientos de ganaderos argentinos, Cáceres está dejando poco a poco la vida de vaquero -tal vez hasta su espíritu- para convertirse en productor de granos, sobre todo de soja, para atender la demanda cada vez mayor de compradores de alimentos de Asia, así como de fabricantes de biocombustibles de su país.

Después de 2007, año que marcó el auge del rebaño de Cáceres, el ganadero dedicó al cultivo de la soja y de otros granos la mitad de los 5.000 acres de sus dos haciendas, reduciendo hasta 130 cabezas su rebaño, un número simbólico que él dice conservar principalmente por razones sentimentales. Además de Cáceres, hay muchos otros en esa misma situación. En el distrito de San Miguel del Monte, en la provincia de Buenos Aires, prácticamente todos sus vecinos del margen oriental de la Pampas también se han cambiado, en mayor o menor medida, al cultivo de la soja, maíz, girasol y trigo, dice Cáceres.

Se trata del microcosmo de una tendencia que se está extendiendo por Argentina. Según el ministerio de Agricultura, el rebaño nacional disminuyó 22% este año, pasando hasta 47 millones de cabezas respecto al pico registrado en 2007, cuando llegó a 58,7 millones, y la tendencia es de caída continua. El total de acres dedicado a la creación ganadera en algunas áreas de la provincia de Buenos Aires cayó a la mitad desde principios de los años 90, según Gustavo Duarte, un ingeniero agrónomo local que asesora a Cáceres y a otros hacendados orientándolos en los procedimientos de migración de la carne a los granos.

"Criar ganado nunca ha sido un negocio para mí. Era más un modo de vida, una filosofía, pero hoy en día ya no compensa", dice Cáceres que, cuando era niño, vestía un boina, pañuelo y chiripas para imitar a sus héroes gauchos. Ahora, él ha cambiado el caballo y el lazo que antes usaba para inspeccionar las vallas de su propiedad por un vehículo 4X4, el medio de transporte ideal para inspeccionar cultivos inanimados. "El mundo cambia y hay que aceptarlo, o descubrir otras cosas que hacer", dice él. "La globalización nos afecta a todos".

Conquistar corazones, mentes... y estómagos

En cierto sentido, el cambio de la ganadería al cultivo de granos recuerda la transformación del Oeste norteamericano a finales del siglo XIX, cuando el crecimiento de la población y la expansión de la agroindustria obligaron a los hacendados a sacar los rebaños de los pastizales abiertos y llevarlos a los corrales. La tendencia marcó el fin del cowboy americano. En las últimas décadas, el gaucho argentino, cowboy nómada que antes reinaba en las Pampas, también ha comenzado a desaparecer.

Cáceres y la Federación Gaucha Argentina, asociación de fines sociales y de caridad con 1,6 millones de miembros a la cual Cáceres pertenece, mantienen vivo el espíritu del gaucho. "En el corazón de todo argentino existe un gaucho por las cualidades que él representa: respeto, hospitalidad y generosidad", dice el presidente de la federación, Adolfo Caballero. "Cuando se pide una gauchada a un amigo, por ejemplo, se le está pidiendo un favor, algo así como '¿podrías llevarme hasta el aeropuerto?'".

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En el caso de Argentina, sin embargo, lo que está acelerando el abandono de la ganadería es el boom de las commodities y la velocidad con que el aumento del patrón de vida en Asia está cambiando la dieta, impulsando la demanda de soja. China, en especial, representa hoy en día un 29% de las exportaciones de materias primas y de productos agrícolas de Argentina -siendo la soja el principal- frente a un 19% en 2003, según datos del INDEC, agencia gubernamental.

La cosecha anual de soja de Argentina pasó de cerca de 30 millones de toneladas métricas, en 2001, a un volumen previsto de 50 millones de toneladas este año, pudiendo crecer 20 millones más de toneladas en lo que queda de década, en la medida en que más hacendados cambien su medio de supervivencia. Una de las razones es que las mismas condiciones climáticas y de suelo que contribuían a la cría del ganado son igualmente perfectas para el cultivo de la soja. En consecuencia, Argentina está poco a poco sobrepasando a Brasil como segundo mayor productor de soja del mundo después de EE.UU.

Cáceres y otros hacendados están sucumbiendo al llamamiento irresistible del negociode la soja. Los precios del producto se han triplicado, pasando de US$ 140 la tonelada métrica, a finales de 2001, a más de US$ 400 recientemente. El coste de la soja es relativamente barato y su mantenimiento poco exigente, sin embargo, la ganadería es lo opuesto, ya que es necesario hacer desembolsos elevados destinados a la alimentación, cercado y cuidados veterinarios. Además, la soja proporciona hasta dos cosechas al año, mientras que el cuidado de un ternero puede necesitar tres años o más hasta que se pueda comercializar. La verdad es que la soja puede dar un beneficio dos veces mayor por acre cultivado que el ganado, y con mucho menos riesgos y dolores de cabeza, dice Duarte.

"Hoy es la soja; mañana será otro cultivo cualquiera", dice Duarte, destacando que la mitad de las 13 mayores empresas del sector en el área de la provincia de Buenos Aires, donde él tiene su negocio, ya han cambiado a la soja y otros granos. "Las Pampas ya no son aquellas llanuras abiertas donde el gaucho toma el mate en la sombra. Hoy lo que se ve por allí es el verde de la industria agrícola que va invadiendo la región con sus máquinas motorizando toda la economía".

Política en las Pampas. Pero la política también ha sido un factor de peso en el cambio de la ganadería al cultivo de granos en la vida de los hacendados como Cáceres. Para garantizar la oferta doméstica de carne en medio de la creciente demanda externa, el gobierno populista de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner limitó las exportaciones de carne imponiendo cuotas sobre las ventas al exterior. Los hacendados tienen que solicitar un permiso para exportar carne, que normalmente se les niega, dicen.

Daniel Kernar, analista argentino de Eurasia Group, de Buenos Aires, dice que los controles forman parte de una serie de medidas tomadas por el gobierno para incentivar el consumo doméstico, algo fundamental para la presidenta y para su perspectiva de reelección en octubre.

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Al principio, en 2008, Cáceres y otros hacendados se opusieron a los controles por medio de protestas masivas y del cierre de las carreteras, a veces durante días. Ahora, los hacendados se han conformado con el mundo tal y como es, el golpe ya no repercute tanto gracias a los beneficios que muchos están cosechando con el cultivo de la soja.

Confiado de que los precios de la soja continuarán siendo elevados y que crecerán junto con las economías asiáticas y con el poder adquisitivo de los consumidores de esos países, Cáceres admite que el cambio del ganado al cultivo de granos ha sido lucrativa para él. "Uno puede conservar la filosofía del gaucho, o ganar dinero suficiente para comprar una BlackBerry, un utilitario deportivo nuevo, videojuegos para los niños e ir a Disney, como yo hice". Hoy, Cáceres recibe vía BlackBerry dos actualizaciones diarias de los precios de la soja en la Bolsa de Mercancías de Chicago. Muy lejos de los días en que él leía en los periódicos cómo estaban los precios del ganado con un día de retraso.

Su resistencia a cambiar de negocio durante años tuvo como resultado un "coste de oportunidad" acentuado. Aunque él y su esposa Marta sean dueños de sus haciendas y no estén sujetos a los aumentos acentuados de los alquileres de las tierras como otros hacendados, la pareja no ha logrado librarse de los impuestos sobre la propiedad que han subido de forma drástica junto con el valor de su propiedad. El coste de vida también está subiendo, en la medida en que la bonanza inesperada por las ventas de la soja se extiende a la economía local.

En general, sin embargo, el paso de la producción de carne a la de soja ha sido muy positivo para la economía argentina. Las exportaciones generadas por la soja se han cuadruplicado, alcanzando US$ 17.100 millones el año pasado, frente a US$ 4.600 millones en 2001, y han jugado un papel importante en la transformación económica que ha experimentado el país después de los días sombríos que siguieron a la devaluación del peso en 2001 y al impago de la deuda.

"Argentina está produciendo lo que el mundo quiere, es decir, alimentos, y es poco probable que ese tipo de demanda pierda fuerza a corto plazo", dice Gustavo Cañonero, economista del Deutsche Bank en Buenos Aires. "Además, hay un potencial enorme en la minería y en la energía, y el país prácticamente no tiene deudas en un mundo con exceso de apalancamiento. Eso genera un potencial de crecimiento enorme".

Estimulantes de mercado. El boom de la soja ha estimulado también el mercado de equipamientos agrícolas producidos en Argentina, como las sembradoras y plantadoras Apache exhibidas en la feria agrícola La Rural, en julio, en Buenos Aires, la mayor del país. Un vendedor de la feria, Carlos Meniavere, dijo que las ventas unitarias de las máquinas, con precios a partir de US$ 75.000, deberían aumentar 20% este año en relación al año pasado.

Como la devaluación de hace diez años mejoró la posición competitiva de los fabricantes argentinos respecto a los rivales de otros países, los fabricantes locales de equipamientos agrícolas, como Apache, así como Industrias Juri, han experimentado un crecimiento acentuado de pedidos venidos de fuera del país. En una entrevista concedida durante La Rural, Victor Juri, dueño de las Industrias Juri, dijo que espera exportar de 15% a 20% de las 60 máquinas que su empresa fabricará este año.

El crecimiento de las exportaciones, del consumo y del empleo contribuyó a la expansión de la economía. En un reciente pronóstico, la Cepal (Comisión Económica para América Latina y Caribe) dijo que se espera que la economía argentina crezca 8% este año, después de haber crecido 9% el año pasado.

"Las perspectivas para Argentina son alentadoras", dice Osvaldo Kacev, economista de las Naciones Unidas en Santiago, Chile. Él cita como ejemplo el fuerte crecimiento del crédito que viene estimulando el consumo de bienes durables y las inversiones, aunque llame la atención sobre la inflación y el ritmo veloz de los gastos públicos típicos del año en que hay elecciones. "Todo eso, sin embargo, se puede corregir", dice. "Más preocupante que eso son los riesgos externos de EE.UU. y la cuestión de la deuda de los países de Europa, y el modo en que podría afectar la demanda de las exportaciones argentinas".

Pero la ganadería tiene ante sí un futuro incierto en Argentina, y no sólo a causa de factores externos. La caída en la oferta de carne, cuya responsabilidad es tanto de los hacendados que se pasaron a los cultivos de granos como de los controles de exportación, ha subido los precios dentro del país, dice Abel Viglione, economista senior de FIEL, un think tank de economía de Buenos Aires. "Los precios prácticamente se han triplicado en tres años a causa de la escasez de stocks, y la carne no es una commodity que se pueda crear de la noche a la mañana", dice. "Serán precisos varios años para reponer los stocks". Los controles impuestos sobre los precios de la leche han tenido un efecto similar, ya que los productores de leche han tenido también poco incentivo para invertir en sus rebaños, añade.

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Aunque el aumento de los precios en el mercado interno haya abierto el "camino de la recuperación" para la industria de la ganadería, los productores necesitan ahora recuperar cuota de mercado, dice Duarte, que es ingeniero agrónomo. Las subidas de los precios ayudaron a rebajar el consumo medio per cápita hasta menos de 56 kilos (127,9 libras) este año, frente a 72 kilos per cápita en 2009, dice Ricardo Negri, ingeniero agrónomo de la AACREA, agencia de estadísticas agrícolas del gobierno en Buenos Aires.

Viglione y otros esperan que la presidenta Kirchner acabe con los controles sobre los precios y las exportaciones del sector -o, por lo menos, que los reduzca- si es reelegida en otoño, ya que el coste del subsidio al consumidor, dicen, es insostenible.

Aparte de los ajustes políticos, la ganadería acabará siendo expulsada de las Pampas y de otras llanuras en dirección a "regiones marginales", más montañosas, donde el suelo, los pastizales y el clima no son los ideales, dice Caballero, de la Federación Gaucha Argentina. Tal y como pasó en EE.UU. hace un siglo, aumentará el volumen del ganado argentino criado en corrales, dice Cáceres, con la posible pérdida del sabor que hizo única a la carne argentina procedente de la cría en pastizales abiertos.

Christian Vázquez, hacendado de Córdoba que exhibía ejemplares magníficos de toros de la raza Angus en la reciente feria agrícola de La Rural, dijo que conservará, de momento, su rebaño de 600 cabezas, aunque un 95% de sus vecinos ya hayan cambiado a la soja y el futuro incierto de la industria no le permita planear fácilmente el futuro. "A fin de cuentas, yo amo esta vida. Me gusta sentirme próximo a mis animales. Cada uno tiene una personalidad propia, y tengo algunas vacas que son muy cariñosas", dijo Vázquez. "Siempre me resulta difícil llevarlas al matadero".