Bogotá. En Colombia los proyectos cojean pero llegan. Esa podría ser la conclusión de la mayoría de obras de largo plazo que se intentan llevar a cabo en el país y la Refinería de Cartagena no podría ser la excepción. Tras cinco años de “agarrones” y especulaciones, esta semana la plataforma industrial más moderna en el sector petrolero de América Latina recibió su primera carga de crudo.

Los US$8.015 millones que costó su ampliación están materializados en una mole de hierro y pavimento. Cerca de 140 hectáreas son el terreno que aloja kilómetros de tubos, tornillos y tuercas gracias a los que a partir del próximo año el país podrá considerarse autosuficiente en términos de abastecimiento de gasolina y diésel.

El esfuerzo de cerca de 38 mil personas quedó plasmado en una estructura metálica que es difícil de dimensionar para quienes solo están preocupados por sacar su carro del estacionamiento y se acercan a una estación para dejar full su tanque. Aunque complicado de entender para el hombre urbano, otros hombres con overoles, guantes, cascos y botas punta de acero custodiaron bajo el inclemente sol de Cartagena la construcción del coloso.

Estos obreros que, como dijo el presidente Juan Manuel Santos, estimulados por bonificaciones extras tuvieron que apretar el acelerador de una obra que a muchos –incluso al actual presidente de Ecopetrol, Juan Carlos Echeverry, quien fungió como ministro de Hacienda– ya estaba sacando de quicio.

Pero ¿qué es la refinería, por qué hay motivos para alegrarse, cuáles son los beneficios para los que viven lejos de estas realidades industriales? Sencillamente, esta obra proveerá la demanda nacional de gasolina (30 mil barriles diarios), de diésel (75 mil barriles diarios), nafta (30 mil barriles diarios), azufre (270 toneladas), entre otros.

Para el politólogo alemán Hans Morgenthau, uno de los recursos que evitan que una nación sea sometida en el ámbito internacional es el petróleo. La soberanía energética es uno de las condiciones más preciadas para un país y, aunque Colombia esté sufriendo por otros recursos como el gas, con esta nueva obra tiene para atenderse y ahora para exportar.

Según la Organización Latinoamericana de Energía, más del 50 % de los productos refinados que consume la región son exportados por Estados Unidos, pero el país ya dio un paso adelante para romper con esa dependencia.

“Es una excelente noticia para el país. Contribuirá al abastecimiento de combustibles y de productos derivados del petróleo. Más cuando las necesidades internas de abastecimiento se han incrementado por el cierre de la frontera con Venezuela, y por la demanda térmica para ayudar a atender fenómenos como El Niño. Además, reducirá la importación de combustible, a la que el país se vio obligado durante las obras de Reficar, contribuyendo a reducir el déficit de la balanza comercial”, dijo el presidente de la Asociación Colombiana del Petróleo (ACP), Francisco Lloreda.

Y es que, para el ejecutivo, la entrada en funcionamiento de Reficar, que se espera esté operando full en marzo de 2016, entregó unos datos macroeconómicos bastante alentadores para un momento de desaceleración. La meta de crecimiento (3,3 % en 2015) se conseguirá, representará el 10 % del PIB industrial y  el 1 % del Producto Nacional.

Ese equivalente a 240 campos de fútbol donde opera Reficar, está siendo impulsado por un par de turbinas que funcionan con gas y con vapor. Los dispositivos tienen la capacidad de generar 200 megavatios de energía. Más o menos lo que consume una ciudad como Cartagena, sin contar con la demanda industrial. Es decir, la ciudad más turística del país fácilmente podría ser abastecida con el sistema que se usa en la refinería.

Con esa energía garantizada, empieza a andar la plataforma. Los oleoductos transportan desde los Llanos Orientales y el Magdalena Medio el crudo para ser refinado, o sea para transformarlo en los productos anteriormente mencionados. Más de 165 mil barriles de crudo podrán pasar por este proceso a diario.

“Es una refinería de última tecnología, los niveles de seguridad hacen que tengamos la certeza de que el grado de aprovechamiento del crudo que vamos a cargar, que es del 97,5 %, sea de los más altos que hay en el mundo y líder en América Latina”, explicó el presidente de Ecopetrol.

Aunque por cada 20 trabajadores colombianos la refinería contó con uno extranjero, el apoyo de los foráneos en este proyecto fue fundamental, sobre todo el de los venezolanos. La presencia de cerca de 200 extrabajadores de Pdvsa, quienes contaban con una amplia experiencia en crudos pesados y en este tipo de proyectos, ofreció seguridad en procesos que los nacionales están conociendo.

Así, por intereses mutuos, Reficar fue un espacio para quienes Antonio Saura, superintendente de arranque de unidades de proceso, denomina “errantes”. Los problemas políticos en Venezuela les pasaron cuenta de cobro a algunos de estos expertos en petróleo.

Aunque la experiencia que les dejó la estatal vecina es deseada en todo el mundo y gracias a ella “se gana dinero, también es muy duro andar por el mundo y con la familia dispersa en otros países”, dice Saura.

El superintendente completa con este el arranque número 17 de una refinería. Su grupo de trabajo lo respeta, sin embargo, mientras es presentado con bombos y platillos, sin que se le pregunte, llega al tema de su país, de lo difícil que es vivir fuera de él. Como recordándoles a los demás que su dicha no es tan dichosa, que más refinerías podrá seguir prendiendo, pero la lejanía de Venezuela lo diezma.