Londres. Las petroleras occidentales no enfrentarían una ola de nacionalizaciones o revisiones de contratos como resultado de las revueltas en el mundo árabe, gracias a una diplomacia inteligente, protecciones legales y a sus esfuerzos por posicionarse del lado de los ciudadanos.

En el pasado, las grandes transiciones políticas en Oriente Medio a menudo alentaron la expulsión de firmas petroleras internacionales, como lo hicieron Muammar Gaddafi en Libia, Saddam Hussein en Irak y Ayatollah Khomeini en Irán por citar algunos ejemplos.

Actualmente, la agitación social y política ha afectado a Libia, Egipto, Yemen, Túnez y Siria, que, aunque no son los mayores productores de petróleo del mundo árabe, son algunos de los países más amigables a la inversión extranjera.

Compañías como BP Plc, Exxon Mobil y Royal Dutch Shell han invertido miles de millones de dólares en esos países.

"No diría que estamos preocupados. Estamos atentos", dijo Bob Dudley, presidente ejecutivo de BP, haciéndose eco de los comentarios de otras firmas.

Los nuevos gobiernos que han surgido, o están por surgir, seguirían impulsando la inversión extranjera, ya que buscarían mantener la producción y las ganancias estatales.

"No veo que haya una ola nacionalista", sostuvo Richard Quin, analista para Oriente Medio de Wood Mackenzie.

En el pasado, la ira popular en contra de un régimen se ha contagiado a las compañías que respaldaban estos levantamientos, pero las petroleras dicen que en las últimas dos décadas se han posicionado del lado de las comunidades, en lugar de ser agentes del Gobierno.

"Las compañías ahora no son aliadas tan cercanas de los gobiernos", dijo Mahdi Sajjad, presidente de Gulfsands Petroleum, cuyas operaciones se concentran en Siria y cuyas acciones fueron afectadas por la preocupación de los inversores ante las revueltas sociales.

Esto se ha logrado, en parte, invirtiendo en proyectos comprometidos con las comunidades. Los contratos petroleros que son más transparentes y que favorecen a las naciones anfitrionas también juegan un rol importante.

Cambio en los contratos. Hasta la década de 1970, los contratos petroleros eran turbios y parecían beneficiar a las compañías y los gobiernos a menudo corruptos de la región, a expensas de los ciudadanos.

Ahora, los contratos usualmente siguen modelos aceptados internacionalmente. Esto ayudará a los ejecutivos petroleros a sostener que le dan a las naciones anfitrionas el mejor acuerdo que un nuevo líder podría esperar y, por ende, que los contratos existentes deberían ser respetados.

"Vemos (las inversiones) desde la perspectiva de los accionistas fundamentales, la población del país (...) no bajo la lupa del Gobierno titular", dijo Frank Chapman, presidente ejecutivo del productor de gas británico BG Group.

"Lo que estamos haciendo en Túnez y Egipto es sostenible", agregó.

Las firmas petroleras han superado la transición de nuevos líderes en Egipto y Tunez y, según una fuente ministerial en Italia, también la de líderes rebeldes en Libia.

Las compañías refieren que hasta el momento las señales no apuntan a una generalizada incautación de activos.

Si los nuevos gobiernos buscan expropiar los yacimientos petroleros o revisar los contratos, las compañías encontrarán una protección legal mejor de la que tenían durante la última ola de nacionalización, que se propagó al mundo árabe en la década de 1970.

Los contratos modernos impiden a los gobiernos tomar medidas unilateralmente para incautar activos y pueden limitar su habilidad para elevar los aranceles. Si hubiera una disputa en torno a si el Gobierno ha excedido su autoridad, las compañías no deberán preocuparse por presentar sus casos ante cortes locales que posiblemente estén parcializadas.

Pero las petroleras también pueden enfrentar duros golpes financieros si la inestabilidad política y social retrasa la producción.

BP y otras firmas han suspendido sus operaciones en Libia, mientras que la francesa Total sostuvo que ha perdido producción en un yacimiento en Yemen debido a los conflictos.

Pero es poco lo que las empresas pueden hacer para limitar las pérdidas y algunos ejecutivos sostienen que los problemas que azotan al mundo árabe simplemente reflejan la intrínseca naturaleza de los negocios en el sector petrolero.