Tegucigalpa, Honduras. La industria acuícola hondureña está bajo ataque. No es ninguna enfermedad o plaga la que amenaza a la principal actividad económica de Choluteca y Valle, sino que es el robo de camarón en las fincas.

Los alias de los principales cabecillas de los denominados “mapaches” o bandas dedicadas a este ilícito son “El Piquillo”, “El Saliva”, “El Pipe”, “La Segua”, “La Guavina”, “El Cachiro”, “La Colocha”, “El Renco”, “Los Andino” y “Los Rubí”, entre otros.

Así lo revelaron los jefes de seguridad de las cinco principales empresas camaroneras que operan en la zona sur del país, quienes expusieron la gravedad de este problema y las medidas que han adoptado para reducir las pérdidas por robo. Agregan que al menos hay identificadas 12 bandas de ladrones.

De acuerdo con estimaciones de la Asociación Nacional de Acuicultores de Honduras (Andah), el volumen de camarón robado oscila entre 3,2 y 3,5 millones de libras por año. En divisas, las perdidas pueden alcanzar entre US$9 y US$10 millones, o sea 187 o 208 millones de lempiras al tipo de cambio vigente.

Víctor Wilson, presidente de la Andah, dice que el robo de camarón es preocupante porque muchas empresas han cerrado operaciones por esta situación, mientras que otro grupo ha tenido que duplicar y triplicar sus presupuestos para fortalecer sus áreas de seguridad en las fincas.

Agrega que esperan del gobierno del presidente Juan Orlando Hernández una mayor atención para este importante sector económico, el que durante 2013 generó US$219,8 millones por concepto de exportaciones, según cifras publicadas por el Banco Central de Honduras (BCH).

De acuerdo con los relatos de los jefes de seguridad, que en su mayoría son oficiales retirados de las Fuerzas Armadas y de la Policía Nacional, los esfuerzos para bajar el robo han carecido del apoyo de las oficinas públicas responsables de brindar protección a la inversión privada, lo que muchas veces ha provocado resultados a medias porque las personas capturadas con las evidencias pronto han sido liberadas por las instancias judiciales.

Wilson manifiesta que esperan del gobierno un mayor apoyo para combatir a los “mapaches” o bandas de ladrones de camarón que todos los años le generan millonarias pérdidas a este sector productivo.

Se buscó la opinión del secretario de Agricultura y Ganadería, Jacobo Paz, para conocer la iniciativa y las medidas que el gobierno puede adoptar para apoyar al sector acuícola de Choluteca y Valle, sin embargo, el funcionario no respondió. Paz, antes de ser el titular de la SAG, ocupó la presidencia de la Andah y fue el gerente del Grupo Granjas Marinas San Bernardo.

El robo. Uno de los principales hallazgos revelados por los jefes de seguridad de las fincas camaroneras es que en este ilícito hay personal que trabaja para sus empresas que está ligado con las bandas dedicadas al robo.

Agregaron que a través de trabajos de inteligencia se logró detectar que personal interno suministraba información a los ladrones, obligando a las empresas, como primera medida, contratar personal de seguridad de otros municipios, lo que ha dado resultados positivos.

Lo anterior se evidencia, de acuerdo con uno de los testimonios de uno de los ejecutivos entrevistados, es que su empresa bajó el porcentaje de robo de camarón de 80% a 20%. Agregó que ellos registran entre tres y cuatro ingresos mensuales de las bandas de ladrones a las fincas.

Para los entrevistados, las bandas de ladrones son parte de redes organizadas, ya que hay otras personas que se encargan de la venta del producto, otras son responsables de la compra y de la comercialización en las principales ciudades del país.

Sostienen que el cultivo de camarón es una actividad vulnerable para el robo porque las fincas están construidas en extensas áreas de playones del Golfo de Fonseca, oscilando entre 1 y 10 kilómetros, lo que resulta imposible tener una efectiva seguridad en toda la superficie sembrada.

Un ejemplo de lo anterior es que una de las empresas más grandes de la industria acuícola tiene un área concesionada de aproximadamente 10.000 hectáreas, de las que 6.700 están en producción. Para cuidar esta extensa superficie de playones de cultivo de camarón la empresa ocupa 330 personas, o sea que cada guardia tiene bajo su responsabilidad la vigilancia de 30 hectáreas. Sus niveles de pérdidas por robo son de 5% anual.

Adicionalmente, otras empresas han incorporado la vigilancia electrónica a través de cámaras de vídeo y sensores, no obstante, los resultados no han sido tan halagadores por la existencia de una serie de factores que limitan la operatividad de estos sistemas.

De acuerdo con un informe denominado “Cadena de camarón”, el área cultivada en Choluteca y Valle oscila entre 14.000 y 14.500 hectáreas. En los municipios de Namasigüe y Marcovia, en Choluteca, hay 156 fincas, en las cuales hay construidas 1.204 lagunas. En San Lorenzo, Nacaome, Alianza y Goascorán, en Valle, hay registradas 99 fincas con 411 lagunas.

Las fincas más extensas se ubican en San Bernardo, Namasigüe, que es la zona en donde se reporta la mayor incidencia de robo, y las más pequeñas en Nacaome.

Los jefes de seguridad aportaron otro dato importante: y es que antes los ladrones esperaban que el camarón alcanzara un peso de cinco gramos para sustraerlo de las fincas, y ahora, cuando las especies están entre dos y tres gramos, ya son objeto de robo.

Otro hallazgo curioso es que hay una empresa que opera en la comunidad de Playitas, Alianza, Valle, con una extensión en producción de 114 hectáreas en 30 lagunas, que no reportó durante 2013 la pérdida de camarón por robo.