¿A quién –que no sea compañía petrolera– o emir árabe le agrada que suba el precio del petróleo? A los exportadores brasileños de alimentos. Bueno, no a todos. Un subgrupo dentro del sector vende unos US$15.000 millones por año a las naciones de Medio Oriente y norte de África. Precisamente ése fue el récord al cual se llegó el año pasado, al enviarles 17 millones de toneladas de comida.

El mayor peso, en términos de volumen, aún sigue siendo en productos sin demasiado valor agregado, como azúcar, soja, maíz y café. No obstante, los productos terminados crecieron. “Hubo un aumento significativo en las carnes procesadas, como los cortes especiales de carne de pollo, en los cítricos y otros. En algunos casos con un aumento de 100% con respecto al volumen del año anterior”, dice Michel Alaby, director de la Cámara Brasileña de Comercio Árabe. 

Entre las carnes, fuera del pollo, las que más aumentaron fueron la mortadela y jamón de buey (los derivados de cerdo están prohibidos en el mundo musulmán). Estas últimas exportaciones requieren de un tratamiento específico: la certificación halal, que consiste en ciertos procedimientos que regulan el sacrificio de los animales de acuerdo a los preceptos islámicos. Un equivalente al kosher de la religión judía.

El esfuerzo lo vale. Para 2014, explica Alaby, las perspectivas se mantienen optimistas: “En términos de alimentos, todo indica que será un año aún mejor”. La razón reside en que “los países árabes dependen de la importación de alimentos y, por otra parte, el precio del barril de petróleo debería continuar en el valor actual, lo que los deja en buena situación económica”.