En 2010, Lan comenzó a ver cielos más despejados que nunca. A tal punto que decidió adelantar parte de sus inversiones y cerró con Boeing la compra de diez aviones Dreamliner 787-8 para su flota de largo alcance, naves que se caracterizan, entre otras cosas, por su mayor eficiencia en el consumo de combustible. La operación le significaba a la línea aérea ganar tres años respecto del programa original (desde 2014 a 2011). Además, se inscribió como la  primera aerolínea del hemisferio occidental en recibir este modelo, estrella del armador estadounidense.

Aunque la demanda por volar proveniente desde y hacia mercados internacionales en Chile bajó -en 8,3%, a un ritmo similar al del tráfico aéreo mundial-, la línea aérea de origen local reportó resultados netos de US$231.1 millones en 2009, versus una pérdida promedio de US$40 millones en 2008.

El mercado interno fue un buen impulso. El tráfico interno dentro del país se incrementó 9,4%. Y si viajar en avión hace algunos años era un lujo, hoy los pasajes son cada día más baratos. Se pueden encontrar algunos hasta por US$200 de Chile a Perú, menos de lo que saldría hacerlo vía terrestre, permaneciendo más de un día sentado.

“Podemos decir que el mercado se ha beneficiado del lanzamiento de promociones y ofertas que estimularon el turismo interno”, dice Felipe Mercado, analista de Banchile Inversiones.

La región también tiene un buen comportamiento. Medio Oriente y América Latina fueron las únicas zonas a nivel mundial que registraron crecimiento. De hecho, el año pasado esta última tuvo un crecimiento de 2%, consiguió ganancias de US$800 millones, ventas totales por US$22.000 millones de impacto bruto en la región, consolidó una flota de 600 aviones y dio trabajo a 700.000 personas. Y este año podría haber más. Todo esto es una buena noticia para Lan, que está en pleno proceso de expansión en Brasil, Ecuador y Colombia, además de operaciones más consolidadas en casi todo el Cono Sur.

“Las empresas que destacaron durante 2009 fueron aquellas que concentraron sus operaciones en Sudamérica, que satisficieron las demandas internas”, dice Gustavo Lipovich, investigador de la Universidad de Buenos Aires y parte del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas. El trasporte aéreo está estrechamente relacionado con la macroeconomía de la región y ésta no fue tan afectada con la crisis de 2008 como Estados Unidos y Europa”, dice Óscar García, presidente de Interflight Global Corporation.

Uno de los negocios más rentables para las aerolíneas es el de carga, que cayó 11% durante 2009 en América Latina, y a pesar de que Lan tuvo un desempeño negativo durante ese mismo periodo, debido a la desaceleración en las exportaciones e importaciones en la región y en los envíos de salmones desde Chile en particular, Felipe Mercado está convencido de que habrá una reactivación de ese sector, de la mano de la recuperación de la economía internacional.

De hecho la aerolínea local está desarrollando un agresivo plan de expansión, lo que le permitiría asegurar un crecimiento a mediano y largo plago. Para este año se espera la llegada de ocho aviones A320, que operarían en rutas de corto alcance, y también un Boeing 767, en el que se invertirían US$525 millones. El combustible es justamente otro de los problemas que tendrán que enfrentar las compañías. Están preocupadas. Según los expertos no es mucho lo que se puede hacer, a menos que se cree un combustible alternativo, sintético y de otras fuentes.

“Se espera que la mitad del consumo sea de éste tipo en 2025 y en 2035 seremos independientes del petróleo”, dice García. Se suma el panorama actual que se vive en Europa y que parece no mejorar. “Habrá que estar atentos a la situación financiera en la Euro Zona, ya que en caso de empeorar y contagiar la economía real, podría pausarse el dinamismo que hoy presentan los pasajeros y las cargas”, dice Mercado, de BanChile.

Mar adentro. Los problemas de la economía internacional y del precio del combustible los conocen bien las navieras, en especial Compañía Sudamericana de Vapores, del grupo Claro, que perdió en 2010 US$670 millones, bastante más que los US$39 millones que había perdido en 2008. La firma pasó por una delicada situación el año pasado, producto de un alto endeudamiento y una crisis de ingresos originada por la caída de las tarifas de fletes internacionales.

Pero no sólo CSAV sufrió. Todas las navieras locales bajaron sus ingresos el año pasado. En 2009, los volúmenes transportados por la industria internacional cayeron 9%, una cifra inédita tras años de crecimiento.

CSAV, en todo caso, ya está solucionando sus problemas financieros y espera este año volver a cifras azules, según han dicho sus directivos. Su proyección para el término de 2010 es llegar a transportar 2,9 millones de contenedores, un alza de 63% respecto de 2009. En mayo de este año ya movieron 240.000 piezas, casi el doble que en el mismo periodo del año pasado.

El alza viene de la mano del mercado, cuya recuperación comenzó hace un par de meses. Los precios de los fletes y de los arriendos de naves portacontenedores están saliendo del fondo del océano, a raíz del aumento de la demanda y del comercio internacional. La globalización continúa, y es hora de que el sector transportes logre sacar beneficio de ello.