Las proyecciones en 2010 no se cumplieron. La meta tampoco. Y para el 2011, las expectativas del sector automotor venezolano se debaten entre la desesperanza por tres años de continua caída y el deseo por una recuperación prometida y que no termina de consolidarse.

Pese a que la industria aspiraba lograr en 2010 al menos una estabilidad respecto a los resultados de 2009, por tercera vez el sector ensamblador exhibió números negativos al acusar una caída que de acuerdo con las previsiones iniciales rondará el 20% en comparación con el ejercicio previo.

¿Las causas? "No existe una política sectorial clara. Mientras todas las industrias regionales crecieron y establecieron récord de producción y ventas, la de Venezuela cerró otro año en retroceso". Raúl Alvarez, experto automotriz.

¿Las causas? "No existe una política sectorial clara. Mientras todas las industrias regionales crecieron y establecieron récord de producción y ventas, la de Venezuela cerró otro año en retroceso", acota el experto en la materia y director de la publicación La Guía del Motor, Raúl Álvarez.

En efecto, mientras que el Ejecutivo reiteró a principios de año a través de voceros del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Industrias Intermedias, que este año se producirían al menos 200.000 vehículos, a duras penas se alcanzó a 52% del objetivo trazado, al tiempo que el mercado general tendrá una caída que en el mejor de los casos, oscilará alrededor de 10 por ciento.

Las razones sobran. Si bien este año las ensambladoras contaron con un flujo de divisas más regular que en el pasado, las cantidades otorgadas fueron insuficientes para potenciar la producción; aun cuando persisten los problemas para el otorgamiento de los Certificados de No Producción (CNP), documento imprescindible para solicitar los preciados billetes verdes.

"Pese a que no tuvimos los problemas que aquejaron a la industria en los dos últimos años, otros factores afectaron el desempeño de la industria", señaló un vocero del área que, como es común desde hace ya tres años, prefirió el anonimato.

Ciertamente, en 2010 la industria no padeció los fuertes desequilibrios en la entrega de divisas, ni los adversos efectos de las protestas laborales de dos años atrás, lo cual, sin embargo, no fue suficiente para cerrar el ejercicio con mejores resultados.

Recursos a tiempo pero no suficientes trajeron como consecuencia una baja de cerca de 20% en la producción; descenso que se vio impulsado por el racionamiento eléctrico de principios de 2010 y la caída del consumo privado que, según el Banco Central de Venezuela, se contrajo 2,8%.

A la sobra del gobierno. Si bien se esperaba que la entrega de las primeras licencias de importación en más de dos años apuntalarían ese segmento de mercado, el efecto no fue del todo positivo, al punto de haber sufrido un revés superior a 10% respecto al 2009 (-80,4 en 2009 frente a 2008), pese a la gran cantidad de autos terminados que arribaron de la mano del Ejecutivo, que se convirtió en el mayor importador y competidor del sector.

Aun cuando cifras de la Cámara Automotriz de Venezuela (Cavenez) señalan que las compras gubernamentales representaron un tercio del total de importaciones, versiones no oficiales dan cuenta de que el Ejecutivo no ha dado la cifra real, pues se asegura que solo las adquisiciones de autos de marca Toyota (comprados directamente a Japón) sumarían 7.000 y no los 4.000 contabilizados.

Cabe destacar que estas unidades siguen reposando en las instalaciones de Pdvsa Yagua (Cararabo) por un pequeño detalle: no incluyen equipo para funcionar a gas, situación que ha provocado reclamos a la marca japonesa, pasando por encima de la disposición oficial que impide a los autos importados incluir estos dispositivos.

Al margen de ello, algunas empresas dedicadas exclusivamente a la importación (BMW, Cinascar, Tata, entre otras) han desmantelado sus operaciones, concentrándose exclusivamente a prestar el servicio de postventa obligado por la ley.

Futuro poco promisorio. Con este panorama de fondo, la situación de la industria para este año no luce muy prometedora.

Pese al optimismo que muestra Francisco Stafanelli, presidente de General Motors Venezolana, poseedora de más de 40% del mercado, al asegurar que el 2011 será de recuperación, otros voceros no son tan optimistas.

"Si se mantienen las condiciones que privaron este año, es posible pensar en un aumento, pero la eliminación del dólar preferencial (Bs.F. 2,60 por dólar) deja muchas dudas", señaló una de las fuentes consultadas.

Las dudas no son injustificadas. La devaluación implícita implica que los costos de importación de las ensambladoras aumentarán al menos 65%, lo que lógicamente incidirá en un aumento del precio de los vehículos, un punto desfavorable para una economía que viene de sufrir dos años consecutivos de caída.

Adicionalmente, la caída del poder adquisitivo y del consumo -que los analistas estiman se profundizará este año- pone otro obstáculo en el camino de la industria.

A ellos debe sumarse la limitación de la cartera de la banca para el consumo, lo que a decir de una de las fuentes consultadas "frenará el otorgamiento de créditos para la adquisición de vehículos", mecanismo utilizado por más del 85% de los compradores.