Un aspecto que beneficiará a la industria del gas será la libre importación de electricidad que se implementará con la reforma, ya que el país utiliza cerca de 45% del gas natural para las plantas eléctricas, por lo que, si se importa una tercera parte de la demanda, esto implica que prácticamente todas las importaciones se canalizan a la producción de electricidad, consideró Luis de la Calle, vicepresidente del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales (Comexi).

“No sólo será la diversificación de la canasta eléctrica, que dependerá en buena medida de la rentabilidad de los costos en las fuentes renovables, sino que los grandes consumidores podrán apartar capacidad y comprar la electricidad que se genera en Estados Unidos a costo, quitándole una carga de generación fósil al gobierno, para permitir que el gas se canalice a actividades productivas y no se concentre como había ocurrido hasta ahora”, aseguró el especialista.

En el nuevo esquema de mercado del gas natural que plantea la reforma energética, se prevé que las empresas productivas del Estado —Petróleos Mexicanos y la Comisión Federal de Electricidad— reduzcan su participación a un máximo de 20% del mercado en 10 años, lo cual será apenas una de las muchas condiciones que requieren los inversionistas para llegar al país.

Además, las potenciales comercializadoras o transportadoras de gas requieren de certidumbre jurídica en términos tarifarios, lo que implica que desde la legislación secundaria se debe aplicar un marco de tarifas a costo por el uso del sistema de gasoductos que regulará el Centro Nacional de Control de Gas (Cenagas), independientemente de quien los construya u opere.

“Esos gasoductos van a permitir que se transporte gas a costo, que se importe, es un cambio de paradigma en el país y la implementación de las modificaciones no puede esperar hasta que se creen las instituciones, sino que tiene que quedar clara desde la base legal”, afirmó a El Economista. Otra condición que dará atractivo a inversionistas será la liberalización del precio de la molécula, con lo que los industriales del país —que actualmente consumen cerca de 1.500 millones de pies cúbicos diarios de gas— podrán comprar el combustible en cualquier parte del mundo, particularmente en Estados Unidos, siempre y cuando garanticen las condiciones para su transporte. Otro aspecto serán los incentivos para la construcción de gasoductos en el país.