Nueva York. La empresa número uno del mundo en streaming musical, Spotify, sale este martes a Bolsa con un pronóstico aún incierto, ya que podría obtener tanto grandes ganancias como pérdidas.

La firma sueca se presenta a sí misma como la próxima Netflix, pero habrá que esperar a ver si consigue emular su éxito.

El CEO de Spotify, Daniel Ek, de 35 años, define su misión como la oportunidad de dar a millones de artistas la posibilidad de vivir de su arte y a los fans de disfrutar de él, pero su principal problema es que hasta el momento no ha hecho dinero con ello.

Por eso se desconoce cuál será la reacción de los posibles inversores este martes en el Nasdaq 100 de la Bolsa de Nueva York.

Spotify es el líder claro en el streaming musical pero está muy lejos de constituir un negocio rentable. A finales de 2017 la empresa sueca contaba con 71 millones de abonados y 159 millones de usuarios en total.

Pero pese a su enorme crecimiento -la facturación aumentó el año pasado casi un 39%-, las pérdidas operativas se incrementaron de US$349 millones a US$378 millones.

En 2018 la compañía quiere superar la marca de los 200 millones de usuarios, pero estima que sus pérdidas operativas seguirán siendo de entre US$230 y US$330 millones.

 

Para atraer a los inversores Spotify se compara a menudo con Netflix y Ek contrató hace poco a Barry McCarthy como jefe de finanzas, el mismo que sacó a Bolsa en 2002 al actual número uno en el negocio del streaming de video.

Los paralelismos son muchos, ya que antes de convertirse en un servicio casi imprescindible en los hogares, Netflix también tuvo mucho tiempo números rojos. Hoy en cambio es rentable y vale US$130.000 millones en Bolsa.

Los analistas estiman que el valor de Spotify podría alcanzar los US$20.000 millones. La diferencias entre ambas son, sin embargo, también importantes. El boom de Spotify alimenta sobre todo a los dueños de los derechos de la música, a los que van 75 centavos de cada dólar que ingresa. 

Mientras que Netflix se convirtió en competidor con contenidos propios de los grandes del entretenimiento como Disney o Time Warner, Spotify depende de las grandes discográficas como Sony Music, Warner y Universal Music. Ek ha conseguido al parecer ya rebajas en las licencias, pero su posición de negociación es débil ante el poderío de la contraparte.

Por otro lado, Spotify eligió una forma distinta en su salida a Bolsa del método habitual: la compañía venderá directamente los títulos. Grandes bancos como Goldman Sachs y Morgan Stanley la asesoran, pero no se encargan de la venta como es habitual, por lo que según la plataforma será el mercado quien ponga el precio de las acciones.

El método ahorra dinero a Spotify pero aumenta el riesgo de que haya cierto caos y siga la incógnita sobre la cotización.