Hasta el 27 de febrero, el gerente general en Chile del proveedor de equipos de comunicación satelital Tesacom, Javier Bustamante, estaba acostumbrado a vender cerca de 30 teléfonos satelitales al mes. Pero luego del terremoto que ese día sacudióa la zona centro sur de Chile, la demanda cambió. Y mucho. Sólo en la primera semana de marzo vendió 110 equipos. Y el día 10 estaba esperando un embarque con 70 más, de los cuales tenía comprometidos casi 60.

“Empresas que no eran de nuestro mercado objetivo, como retailers, bancos y universidades, han adquirido nuestros teléfonos”, dice Bustamante, cuyos principales clientes son pesqueras, mineras e instituciones del Estado, como las Fuerzas Armadas.

Sus nuevos clientes quieren armarse de la infraestructura tecnológica necesaria para mantener la continuidad de sus operaciones en momentos críticos, ya que se dieron cuenta de que no la tenían. Chile pasó bien la prueba del terremoto, perolos especialistas coinciden en que hay que prepararse más.

“Las empresas deben darle prioridad máxima al desarrollo y ejecución de planes de continuidad de operaciones a la infraestructura tecnológica, para garantizar el normal desarrollo de su negocio y minimizar el impacto económico ante desastres”, dice Leonardo Covalschi, gerente general de Synapsys, un integrador de sistemas del grupo Enersis.

Dentro de todo, tuvimos suerte, piensa Fernando Fuentes, gerente de Investigación y Desarrollo de NeoSecurities, empresa dedicada a la seguridad informática. “Pequeñas variaciones en la onda sísmica o unas décimas de grado más podrían haber duplicado o triplicado el daño. Eso no lo podemos saber con precisión”.

El diagnóstico es que al gobierno y empresas no les falta tecnología, pero sí la organización que se necesita detrás para usarla. La mayoría de las entidades no tieneplanes de contingencia, manuales que indiquen cómo contactar a las personas o quién es el encargado de activar un interruptor.

“No hay equipos de respuesta predeterminados en caso que haya un ataque informático ni tampoco hay roles asignados”, dice Claudio Magliona, socio del estudio García Magliona & Cía. Abogados. “No existe masivamente la capacidad de acceder a los sistemas desde cualquier parte”, agrega Hugo Espinoza, director para América Latina de Citrix, compañía estadounidense que vende US$1.600 millones al año en soluciones informáticas. Y eso se debe a mala administración, malas inversiones y falta de supervisión y fiscalización.

Lo primero que deben hacer las organizaciones es un análisis de riesgo. Ya sea un terremoto, un huracán, un ataque terrorista o una epidemia, deben preguntarse cómo garantizar que después de un desastre el negocio siga operando.

Obviamente que la respuesta varía: un proveedor de repuestos de electrodomésticospuede permitirse más días de paro que un hospital. Y, por ende, podrá invertir menos en sistemas de contingencia. Pero cada empresa debería sacar las cuentas de cuánto dinero le cuesta un día sin operar y cuánto está dispuesta a perder para definir su inversión. Y los especialistas dudan que lo hayan hecho.

Lo cierto es que la mayor parte de las fallas fueron humanas. Desde la Onemi, donde alguien no supo cómo activar los mecanismos de alarma, hasta Global Crossing, el proveedor de data centers del Banco de Chile parte de cuya infraestructura cayó al piso por la simple razón de que no estaba bien anclada (ver recuadro).

Y el error humano se minimiza a través de tecnologías que permitan algún grado de automatización, dice Fuentes. “Es decir, que además de una norma, haya una persona que chequee que los teléfonos satelitales estén con batería, o que los servidores estén bien instalados”, explica. “O que haya una sirena automática que dé la alerta de tsunami cuando hay un terremoto de cierta magnitud para arriba”.

Información ubicua. Hasta hace unos cinco años, las políticas de continuidad operacional estaban destinadas a proteger la información y los datos, pero no a asegurar que la organización pudiera seguir operando. Pero ahora el foco está cada vez más en permitir que en una situación de emergencia las personas puedan seguir trabajando con esos datos.

“El principal desafío en un evento de este tipo es cómo volver a trabajary mitigar las pérdidas por la incapacidad de atender clientes”, dice Hugo Espinoza, de Citrix. “Eso en Santiago no se notó mucho, pero en el sur la preocupación de muchos de nuestros clientes después del terremoto fue qué hacer con la gente y lograr que vuelva a trabajar”.

La solución viene por el lado de la virtualización: que los empleados puedan acceder a la información y a todo lo que requieran desde cualquier lugar. “Ya sea desde el cibercafé de la esquina o de un dispositivo móvil”. Tener todos los datos en una nube o un datacenter: desde el correo electrónico hasta el SAP. Durante las gripes Aviar y la AH1N1, por ejemplo, muchas compañías debieron enviar a sus personas a trabajar a sus casas durante varias semanas. “Y para eso necesitas una arquitectura compleja detrás”.

¿Es muy caro? Dependiendo del tamaño de la empresa, el costo puede ser desde unos US$50.000 hasta varios millones de dólares.

Factor comunicaciones. Pero la verdad es que no se saca nada con tener sistemas de respaldo si no se puede acceder a ellos. Por eso, la infraestructura de telecomunicaciones de un país también es crítica. Y también tuvo problemas durante el sismo. La red de telefonía móvil “se cayó” por la falta de suministro eléctrico. Y la transmisión de datos hacia las zonas afectadas se cortó porque la red de fibra óptica que los lleva está adosada a la Carretera Panamericana, que se cortó en el sur del país. Y no hay una red alternativa.

“Por ahí viajan los servicios de Redbank, las comunicaciones de red de las empresas con sus filiales, etc.”, dice Hernán Orellana, secretario general de la Asociación Chilena de Empresas y Tecnologías de la Información (ACTI). “Todas las empresas pasan sus datos por la misma fibra óptica, lo que la transforma en un punto único de falla”. 

¿Cómo evitar eso? Con una alternativa. Tener una segunda fibra óptica sería carísimo. Pero sí se puede usar una red satelital. Para eso no basta con comprar equipos, cada uno de los cuales cuesta, cuando mucho, US$2.000, más US$1 porminuto hablado.

“Si no tenemos una red de seguridad nacional y compraste un teléfono satelital, ¿a quién vas a llamar?”, dice Bustamante, de Tesacom. “Si no hay una red pública, no sirve”.

Para Orellana, el paso lo debe dar la autoridad. Y agrega que como gremio la ACTI armó un grupo de trabajo para analizar las fallas producidas en el terremoto y hacer recomendaciones para que en el futuro no vuelvan a repetirse. Una de ellas será la de armar una red satelital de respaldo. Si es bien recibida, Tesacom tendrá que prepararse para que la demanda por sus productos siga creciendo por un buen tiempo.