El agro cerró un primer semestre que no fue, a priori, el esperado por la agricultura, la ganadería y la lechería. En el primer caso, la cosecha récord de soja que se preveía estuvo por debajo de lo proyectado, producto de rendimientos por hectárea en varios predios que no superaron los registros del año pasado. En tanto, los ganaderos cuestionan desde fines del año pasado el precio que los frigoríficos fijan para el ganado gordo porque entienden es demasiado bajo. Por último, la cadena láctea sufrió los efectos del exceso de lluvias del verano y otoño que impidieron que la remisión creciera a tasas mayores como lo hizo en 2013.

Sin embargo, este panorama de menor rentabilidad para el negocio de la tierra no tuvo aún mayor incidencia en los precios de arrendamientos y compraventas. Operadores consultados por El Observador coinciden en que la tierra es la opción preferida de los inversores extranjeros, pese a que saben que obtendrán una menor rentabilidad respecto a años anteriores. La incertidumbre internacional que gira sobre la recuperación de las grandes economías continúa atrayendo a extranjeros que buscan activos confiables como la tierra para invertir su capital.

Con algunos ajustes a la baja, los precios de los campos se encuentran mayormente sostenidos e históricamente altos, con una demanda más selecta pero con una oferta que está lejos de incrementarse. El hecho de que al menos un tercio de los propietarios de tierra haya cambiado de manos en la última década, seguramente está influyendo en este menor dinamismo de las operaciones de compraventa como de arrendamientos (ver apunte).
“El mercado no se ha desplomado ni lo hará a futuro. La tangibilidad de los ahorros es la mayor preocupación que muestran clientes extranjeros que recibimos. Por eso siguen invirtiendo en activos tangibles como la tierra. Es un negocio de rentabilidad y oportunidad”, aseguró el director de Da Silva Agroinmuebles, Sebastián Da Silva.

El operador indicó que en el caso de su negocio, el 90% de los clientes extranjeros que compran tierras en Uruguay son particulares y empresas estadounidenses que están “por fuera” de los fondos de inversión.

En la misma línea, el director de negocios de Caldeyro-Victorica Bienes Raíces, Rodolfo Victorica, indicó la caída de los márgenes de las explotaciones agropecuarias no provocó aún grandes cambios en los precios de venta y arrendamientos de los campos, aunque admitió que hubo operaciones donde el precio final de venta estuvo bastante por debajo de lo que pretendía el vendedor. “Siguen faltando campos agrícolas. La demanda de argentinos bajó bastante, pero los estadounidenses y europeos siguen llegando. Sabemos que hay fondos (de inversión) que están buscando tierras en Uruguay”, aseguró.

El agente indicó que el perfil de los capitales que invierten en tierra en Uruguay son conscientes que tendrán un retorno anual de 2,5% a 3%. “Son rentas bajas, pero apuestan a la valorización de la tierra”, explicó Victorica. Agregó que la escasez de oferta de campos que está disponible para comercializar obedece a que un tercio de la tierra ya cambió de manos en la última década. “El que vende es porque realmente le surgió un buen negocio”, indicó.
De todas formas, advirtió que en los últimos meses se han realizado operaciones por debajo del precio inicial que pedía el vendedor. Puso como ejemplo el caso de un campo agrícola-ganadero en Flores de 620 hectáreas (ha) que tenía un precio base de US$ 6.500 por ha que terminó cerrándose a US$ 4.800 por ha y otro agrícola que bajó de US$ 11 mil a
US$ 9.250 la ha.

Victoria consideró que hoy el mercado no convalida los valores pico de US$ 13 mil y US$ 14 mil la hectárea por campos con una alta productividad para la agricultura, básicamente de la zona del litoral. “Hoy los valores tope han bajado pero siguen siendo precios históricamente altos”, destacó.

Por su parte, Da Silva apuntó que la escasez de oferta obedece a que hoy el tenedor de tierra “no tiene fundamentos” para desprenderse de ese activo, dado el contexto de crisis de deuda que golpea a las principales economías desarrolladas.

Dijo que salvo los propietarios argentinos en Uruguay –que pueden especular con un cambio de gobierno en la vecina orilla–, el resto de los propietarios extranjeros no muestra interés en desprenderse de sus activos. “La economía uruguaya no ofrece hoy una opción de inversión más atractiva que los negocios agropecuarios”, aseguró.