Cuando se anunció a Miguel Galuccio como el nuevo CEO de YPF, hasta los medios opositores en Argentina resaltaron su calidad profesional y su experiencia. Galuccio trabajó tanto en YPF, Repsol YPF (protagonizando incluso un spot comercial en 1999), Maxus y Pemex, y dio su gran salto a la multinacional francesa Schlumberger, en la que llegó a ser responsable de la filial IPM en Londres. Ahí estaba a finales de marzo cuando recibió un llamado de Cristina Fernández.

“Galuccio es un ejecutivo con experiencia en compañías de petróleo y gas, lo que es opuesto a un nombramiento político”, dice Stephen Ellis, analista de valores de Morningstar y coeditor de Opportunistic Investor. “Esto indica que YPF tiene una buena oportunidad de ser dirigida con una orientación racional y enfocada más hacia los accionistas y el negocio que hacia objetivos políticos y sociales”.

Al decir de Roy Sebag, socio gestor de las compañías de inversiones Essentia Equity y de Natural Resource Holdings, “el gobierno argentino está demostrando tener claro que para atraer las inversiones que requiere necesitará inversionistas externos y acceso a los mercados de deuda y capital”.

El entusiasmo llegó a su peak cuando el ejecutivo tomó posesión del cargo, simbólicamente, en una reunión con 400 trabajadores en Comodoro Rivadavia, en mismo lugar donde había sido creada YPF hace ya 90 años. Su rostro pasó a ser la imagen de la página de inicio de la empresa en internet, como si todas las esperanzas estuvieran depositadas en él.

Producir, producir. En la mencionada ceremonia Galuccio señaló que su objetivo era la recuperación de la compañía sobre la base de tres pilares: el rejuvenecimiento de los yacimientos marginales, el desarrollo del petróleo no convencional (fracking) y la exportación de servicios. “Tenemos que buscar nuestra propia identidad”, dijo en esa oportunidad.

Fernando Peirano, subsecretario de Políticas en Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva de la Nación, precisó que “la inversión necesaria para explotar el shale oil y el shale gas rondaría los US$ 20.000 millones”.

Sebag, que opera en Londres, confía que es posible: “YPF podría diluir su participación, vender o hacer joint ventures en algunos de sus activos para desarrollarlos con mayor rapidez”. El analista ve, “en las valorizaciones actuales” de la acción de YPF, un potencial significativo dado que en los próximos cinco a 10 años la compañía podría compensar el déficit energético (unos 200 millones de barriles de petróleo equivalentes) e incluso exportar. “YPF puede convertirse en otra Petrobras o PetroChina”, concluye.

Algunos especialistas argentinos son menos optimistas. Argentina se autoabastecía de hidrocarburos cuando Daniel Montamat era presidente de YPF y aun cuando era secretario de Energía de De la Rúa. Hoy este asesor de Repsol pide aprender de la historia: “El país perdió el autoabastecimiento energético porque durante estos nueve años de gestión kirchnerista entrampó la energía en el corto plazo. Por señales de precios, reglas de juego y falta de planes de largo plazo, las empresas sobreexplotaron lo que estaba en producción e hicieron mínima inversión exploratoria”.

Jorge Lapeña –ex secretario de Energía de Alfonsín– asegura que de ninguna manera se puede hablar de un autoabastecimiento asegurado: “La importación de energía será creciente y es un fenómeno que costará más de un lustro revertir”.

Montamat coincide en que la designación de Miguel Galuccio es una buena noticia, pero advierte que no hay que sobreactuar con las expectativas: “La presencia de un profesional respetado a la cabeza de la empresa tampoco garantiza la autonomía de gestión de la ahora petrolera mixta. Vendrá el tiempo de las decisiones y allí veremos si prevalece la intervención discrecional que ha caracterizado al sector o si la nueva conducción impone sus criterios profesionales”.

Montamat apunta a “la constitución del accionariado de control entre Nación y Provincias productoras. “Si se politiza la gestión se van a inflar los costos y se van a retrasar más los precios”, dice. “Eso puede condenar a la nueva gestión a un pronto fracaso”.

En este punto vale la pena detenerse y recurrir a un experto en gobierno corporativo para explicar cómo funcionará esta nueva YPF. Javier Bajer trabaja en el Centro de Educación Empresaria de la Universidad de San Andrés y ha asesorado en esta materia a empresas como HSBC y Shell; posee cierta autoridad para decir que, por el momento, no ve coherencia entre el discurso de Galuccio y el diseño organizacional de YPF.

Bajer señala que los mensajes de Galuccio tienen que ver “con una empresa ágil, moderna, pero en la conformación de su directorio cuesta imaginar una empresa de tales características”. Por eso pronostica que de aquí a tres meses existirán tensiones entre el gobierno corporativo y lo que se pretende que haga. “Entonces”, aconseja, “o cambiamos el gobierno corporativo o lo que queremos hacer”. Afortunadamente estos cambios “se están haciendo en medio de una crisis mundial, entonces por más caos e incertidumbre que se generen, no importa, porque eso es como ponerse a gritar en un estadio: nadie te va a escuchar” comenta Bajer desde la Universidad de San Andrés.

Expectativas y riesgos. Muchos confían en Argentina que la nueva YPF llegue a ser la columna vertebral de la innovación en el país, dado el amplio número de disciplinas y profesionales que demandará para reactivar la invesión y la producción. El contraejemplo fue Repsol, que sólo invirtió US$ 8 millones por año.

Por otro lado, las esperanzas de autoabastecimiento están puestas en la explotación del yacimiento de Vaca Muerta vía fracking. El problema es que este procedimiento (ver entrevista adjunta) posee importantes riesgos ambientales. Hace poco investigadores de estadounidenses de la Colorado School of Public Health descubrieron “un mayor riesgo de cáncer para los residentes que viven cerca de los pozos en comparación con los que residen lejos”, señalando al “benceno” –uno de los químicos usados en el fracking– como “principal contribuyente al riesgo de cáncer durante toda la vida de ambos escenarios”.

La nacionalización de YPF ha sido defendida fuertemente por el gobierno argentino en términos históricos. ¿Qué dirán los historiadores si el autoabastecimiento energético se logra a costa de una catástrofe ambiental? Pero lo segundo no ocurrirá sin lo primero, y menos si Galuccio no logra establecer una demarcación clara entre él y el gobierno.

*Con aportes de Loreto Urbina en Londres.