Más de 30 lujosos condominios se levantan al pie de la playa. Otros 50 edificios están en los alrededores. Muchos de ellos tienen su propia área social con piscina y bar incluidos. Afuera esperan flamantes carros 4x4, cuadrones y motos. Todo esto en frente de un mar turquesa y arena brillante donde las olas llegan cansadas después de chocar con una barrera natural de coral que está frente a este balneario.

No, esta descripción no corresponde a Miami ni a Cartagena, sino a Tonsupa, la playa más cercana a la capital, el lugar preferido de los quiteños y el imán que ha atraído unos US$150 millones de inversión en el último lustro. Es ahí donde pronto se levantarán dos megaproyectos que incluyen unos 300 departamentos en conjunto. 

Diamond Beach es el nombre de una de estas megaobras que impulsa el quiteño Rodrigo Andrade, gerente de la Constructora Andrade Rodas Vip. Se trata de cuatro torres de 17 pisos cada una con todas las facilidades de un resort cinco estrellas. Cada piso tiene tres apartamentos cuyos precios van desde los US$107.000 hasta los US$140.000. En total, este proyecto implicará una inversión de unos US$20 millones, pero recién en julio se entregará la segunda torre y se espera que hasta diciembre de 2013 esté completamente finalizado. 

¿Por qué invertir en Tonsupa? Andrade afirma que hay tres razones principales: la cercanía de la capital, que está a cuatro horas, el mejor estado de las carreteras del país y el clima privilegiado de esta playa donde el 90% de los días del año hay sol. 

En Tonsupa no todo es paradisíaco. La falta de servicios básicos que abastezcan a todos los pobladores es un obstáculo con el que deben lidiar los promotores.

Con él coincide Hernán Salgado, gerente de Inmotener, otra promotora que está impulsando un proyecto en el mismo balneario. “Tonsupa es la playa de los quiteños por tradición, yo recuerdo que desde niño iba para allá, así que es lógico que invirtamos ahí”, dice. Esta promotora inmobiliaria acaba de lanzar el proyecto Fontaine Bleau que consiste en una torre de 20 pisos con 152 apartamentos. 

En julio de este año comenzará la construcción de esta obra en la que hay mucho interés de turistas colombianos de Cali y Pasto. “Las playas de Esmeraldas, por lo general, son un destino preferido por los colombianos, así como de lo inversionistas estadounidenses”, dice. 

“Quienes viven al sur de Colombia frecuentan mucho Esmeraldas porque les resulta menos costoso que trasladarse a sus propias playas”, dice Magda Gutiérrez, gerenta de la compañía Sun Vacation Club que en 2009 abrió el Makana Resort, el primer hotel cinco estrellas construido en Tonsupa. 

Este hotel, cuya segunda fase comenzó a edificarse en 2010, representa la primera inversión de dicho grupo hotelero en un proyecto propio en Ecuador. Detrás está el capital de los accionistas César Mesa y algunos miembros de la familia Wright, de Corporación Favorita. 

El Diamond Beach y el Fontaine Bleau se unen al Makana Resort para satisfacer a la alta demanda de plazas hoteleras que hay en la zona. 

Si bien en la última década se han construido decenas de edificios en Tonsupa, casi todos son condominios privados y no ofrecen hospedaje temporal. “Tonsupa es una playa más familiar, no hay tanta farra, para eso está Atacames”, dice Andrade.

Lo triste del Edén. En Tonsupa no todo es paradisíaco. La falta de servicios básicos que abastezcan a todos los pobladores es un obstáculo con el que deben lidiar los promotores. “Me ha tocado tapar huecos en las carreteras internas con mi hormigón porque el ministerio de Obras Públicas o el alcalde no lo hacen. He puesto alcantarillado. El agua potable que tenemos en Diamond Beach es propia. Tuvimos que comprar una potabilizadora de agua”, dice Andrade.

El caso de la promotora Inmotener es similar. Para no soportar los apagones invirtió en generadores propios. El gerente de esta firma considera que el desarrollo de Tonsupa se ha dado gracias a la inversión privada y no a la pública. “Es cierto que las carreteras principales han mejorado, pero las vías aledañas siguen mal y muchas veces uno mismo tiene que arreglarlas para poder promocionar los proyectos. Esto desincentiva la inversión”, afirma. 

Aún así, su colega Andrade afirma que cree en el país. “No niego que he sido tentado para construir en Lima o Medellín que son lugares donde se brinda muchas facilidades al inversionista, pero primero lo haré en mi país, luego no descarto diversificarme”, dice.

Tanta fe le tiene a Tonsupa, que Andrade ya tiene otro proyecto en carpeta. Se trata de un edificio de 20 pisos con las mismas características del Diamond Beach. De concretarse, será otra joya de este paraíso de la inversión privada.