La semana pasada dije que nadie estaba feliz de que Travis Kalanick se tomara licencia por tiempo indefinido. Sus seguidores no querían que estuviera a medio camino de la puerta de salida y sus oponentes lo querían bien afuera.

Ahora que ha renunciado a Uber, tengo que preguntar: ¿está todo el mundo feliz? No es el caso de los más de 1.400 empleados de Uber que firmaron una petición para mostrar su apoyo al ex CEO. “Estoy enojada, triste, nerviosa, confundida, pero sobre todo desolada”, escribió en Facebook la trabajadora de Uber Margaret-Ann Seger. “Seré la primera en reconocer que Uber no es perfecto, pero el impacto positivo que ha tenido en esta compañía y en el mundo es realmente inspirador. Decir adiós siempre es horrible”.

Sea lo que sea lo que se piense de Kalanick, este es el final de una era. No sólo se ha ido sino que, además, Bill Gurley, uno de los primeros inversionistas de la compañía, dejó su puesto en el directorio. Ha sido reemplazado por su socio Matt Cohler. Entretanto, David Bonderman, de TPG, ha sido reemplazado por su socio David Trujillo.

Este monstruoso ciclo de noticias no se va a calmar pronto. En primer lugar, la empresa necesita contratar un CEO, un director de operaciones, un director de finanzas, un director de marketing, un director de asuntos legales y un presidente del directorio independiente. Es una gran cantidad de contrataciones pendientes.

En segundo lugar, el drama no ha terminado. El caso Waymo continúa. Esta semana nos enteramos de que Kalanick supo en marzo de 2016, por intermedio de Anthony Levandowski, que el cofundador de Otto tenía discos duros con información de Google. Eso deja a Kalanick justo en medio de ese juicio.

En tercer término, la demanda civil contra Uber por el manejo de las historias clínicas por parte de la compañía en el proceso por la violación ocurrida en India sigue avanzando. La semana pasada supimos que Uber contrató a la firma de abogados O’Melveny & Myers para hacer investigaciones internas y defender a la compañía en cualquier litigio. Un hecho digno de mención: los abogados están investigando cómo el ejecutivo de Uber Eric Alexander obtuvo el informe médico y si hubo sobornos. Kalanick también es una figura central en ese escándalo.

En cuarto lugar, los máximos ejecutivos de la empresa y los miembros de la junta directiva siguen en desacuerdo entre sí.

Por último, tengo que preguntarme si la renuncia de Kalanick le da suficiente distancia de la compañía, dado que seguirá en el directorio y tiene mucho control sobre los votos.

Estoy obsesionado con un artículo que Marc Andreessen escribió en 2007, porque es reconfortantemente franco. Para recuperar una empresa, escribió, el nuevo CEO tiene que “hacer de su predecesor el chivo expiatorio”.

¿Cómo puede un nuevo CEO hacer eso si Kalanick sigue siendo director? No se trata sólo de apaciguar al público. Se trata de convencer a los posibles socios y los reguladores de que la empresa ha cambiado.