Cuando el pozo petrolero de BP explotó y se hundió en el Golfo de México en abril del 2010, en un accidente en el que murieron 11 trabajadores, las autoridades primero dijeron que no había una pérdida de petróleo en el océano.

Se equivocaron.

El desastre que cautivó la atención del mundo durante 153 días estalló a las 21:53 hora local (0253 GMT, del 21 de abril), cuando una ola de gas metano inició una explosión en la plataforma Deepwater Horizon en momentos en que estaba perforando el pozo Macondo 252, en la costa del estado de Luisiana. Dos días después, la plataforma se hundió.

Un año después, el petróleo del peor derrame en la historia de Estados Unidos anegó los pantanos, contaminó el océano y puso en peligro la flora y la fauna, sin mencionar el coste para las economías costeras de Florida, Misisipi, Alabama y Luisiana.
Fue, además, el peor accidente petrolero en los océanos.

Sin embargo, el daño en el medio ambiente por la ruptura del pozo, que derramó más de cuatro millones de barriles de petróleo en el Golfo de México en tres meses parecen mucho menores que las peores predicciones, según residentes y expertos.

El gigante petrolero gastó más de US$16.000 millones en proyectos de restauración, mientras que el gasto total por el derrame ascendería a US$40.900 millones.

"Es un desastre horrible, pero no es el fin del mundo", dijo Edward Overton, profesor emérito en ciencias medioambientales de la Universidad Estatal de Luisiana.

"Algunos creen que sería el fin del Golfo por décadas y ese no es el escenario, ni de cerca", dijo Overton. "Ninguna de esas predicciones fue correcta", agregó.

Pero esas consideraciones poco reconfortan a los residentes del Golfo de México, quienes vieron sus vidas diezmadas por el derrame. Más de 500.000 personas han solicitado compensaciones de un fondo por US$20.000 millones creado por BP, bajo la insistencia del presidente Barack Obama.

Los pescadores siguen temiendo que haya petróleo en el fondo del Golfo. Pero no tenemos control sobre eso", dijo Errol Voisin, gerente de Lafitte Frozen Foods en Luisiana, de cara a una nueva temporada de pesca de camarones.

Impacto en la naturaleza. La Federación Nacional de Vida Silvestre (NWF por su sigla en inglés) describe un sistema ecológico mutilado por el derrame que podría tardar mucho tiempo en recuperarse. Miles de pájaros y otras especies murieron.

Las tortugas marinas fueron gravemente afectadas. La población de atún de aleta azul estaba justo reproduciéndose cuando el derrame manchó el Golfo de México. La contaminación redujo la producción del atún joven en un 20%.

Pocos lugares ilustran el daño de forma más patética que Bay Jimmy, un sitio de reproducción de camarones, peces y ostras, en una serie de canales al sur de Nueva Orleans.

La vegetación en la bahía aún muestra las cicatrices del derrame. Allí, el petróleo fluye desde la tierra igual que en el verano del año pasado.

"Nos preocupa el hábitat y la vida salvaje", dijo Maura Wood, coordinadora senior de NWF.

Este año, los cuerpos de 153 delfines de nariz de botella aparecieron en las costas del Golfo de México: 65 eran recién nacidos, nonatos o nacidos prematuramente, según datos de la Administración Atmosférica y Oceánica Nacional (NOAA, por su sigla en inglés).

Esos delfines fueron concebidos en el momento del derrame, dijo Moby Solangi, presidente del Instituto de Estudios de Mamíferos Marinos de Gulfport.

Diversas visiones de impacto económico.  Una víctima corporativa del derrame fue el presidente ejecutivo de BP, Tony Hayward, quien perdió el empleo en julio por una tormenta de críticas por su insensibilidad hacia los residentes del Golfo de México.

El gigante petrolero gastó más de US$16.000 millones  en proyectos de restauración, mientras que el gasto total por el derrame ascendería a US$40.900 millones.

El presidente del consejo de administración de BP, Carl-Henric Svanberg, dijo a los accionistas la semana pasada que la respuesta de la empresa al derrame "no tenía precedentes, y creo, que ello ha sido reconocido".

El desastre hizo caer el valor de mercado de BP en US$70.000 millones y la acción cayó de US$61 antes del derrame a US$26,75 a fines de junio de 2010. Sin embargo, desde entonces se recuperó parcialmente a US$45,54.

Sin embargo, no hay estimaciones claras sobre el daño económico debido al amplio rango de sectores que afectó, desde la pesca hasta el turismo, las finanzas municipales, inmobiliarias, banca y servicios.

Tom Becker, presidente de la Asociación de Capitanes de Buques de Pasajeros de Misisipi, dijo que su negocio cayó un 50% debido a la percepción entre los clientes de que las aguas del Golfo de México aún eran inseguras.