Universia Knowledge Wharton. Durante cerca de 200 años, algunas de las mentes más ambiciosas de Nicaragua soñaron con construir un canal que conectara el Caribe con el Pacífico. En 1826, el secretario de Estado de EE.UU., Henry Clay, presentó la idea al Congreso, que la rechazó. En 1899, EE.UU. casi comenzó a trabajar en el proyecto, hasta que una rebelión en Panamá, cuyo propósito era la independencia de Colombia, abrió una ruta mucho más corta para la conexión de esas dos grandes masas de agua: el Canal de Panamá. Gracias al Canal, la República de Panamá se convirtió en la nación más rica de América Central, mientras que Nicaragua es el segundo país más pobre del hemisferio occidental después de Haití.

Ahora, una oscura empresa china parece decidida a revivir el sueño de construir el canal de Nicaragua. Para los defensores de la idea, se trata de un punto de inflexión. Los críticos del proyecto dicen que la idea jamás debería haber vuelto a la palestra. Finalmente, ¿se construirá el canal? El proyecto comporta riesgos para el Gobierno y para la población de China y de Nicaragua, y para el medio ambiente relativamente intacto del país. Aparte de los riesgos medioambientales y sociales, hay también un gran número de desafíos ocultos para los agentes privados y públicos involucrados en la construcción de ese acuerdo.

Recientemente, la Administración de Investigaciones Ambientales, una empresa de consultoría británica, presentó al gobierno de Nicaragua un informe de 14 volúmenes y 11.000 páginas sobre el impacto medioambiental del Proyecto de Desarrollo del Canal de Nicaragua de 276 km de extensión y presupuestado en US$50.000 millones. El canal conectaría la costa del Pacífico y el litoral del Caribe. Convenientemente para los inversores chinos del proyecto, el informe concluyó que el proyecto, financiado por Hong Kong-Nicaragua Development (HKND) y liderado por el millonario Wang Jing, es “factible”, no sólo en lo que concierne a su impacto sobre el medio ambiente, sino también en lo que se refiere a los “recursos sociales, salud de la comunidad, herencia cultural” y economía local del país.

¿Por qué los chinos están tan interesados en Nicaragua? Minyuan Zhao, profesora de Gestión de Wharton, dice que el proyecto del canal de Nicaragua tal vez sea el reflejo de dos tendencias en China. En primer lugar, las empresas chinas, frecuentemente apoyadas por la política de “conquistar el mercado externo” estimulada por el gobierno, tienden a identificar oportunidades en países que necesitan capital, pero que los inversores de los países desarrollados evitan, incluyendo EE.UU. “Hay una razón por la cual no hay mucho inversión externa directa (IED) en Nicaragua”, dice Zhao. La capacidad y la disposición de navegar por ambientes hostiles a los negocios puede proporcionar a las empresas chinas una ventaja sobre sus competidores occidentales. En segundo lugar, China está ansiosa por encontrar un mercado para el exceso de capacidad que tiene en casa. En general, las empresas chinas no sólo invierten en países anfitriones, también traen consigo trabajadores y recursos, explica Zhao.

En Nicaragua hay escasez de mano de obra preparada y de infraestructura moderna que harían el país más atractivo para los inversores extranjeros. En el ranking del Banco Mundial de Mejores Lugares para Hacer Negocios, Nicaragua aparece en el 119º lugar de un total de 182 países, muy por debajo de países como Colombia, Perú y México, los cuales han atraído volúmenes cada vez mayores de IED por parte de inversores de América del Norte, Europa y Asia. Según El World Factbook de la CIA, la renta per cápita media de Nicaragua fue de sólo US$ 4.800 en 2014.

Poco se sabe sobre Wang Jing, fundador, presidente y consejero delegado de HKND. Según la empresa, Wang forma parte también del Consejo de administración de “más de 20 empresas con negocios en 35 países”. Incluso según la empresa, algunas estatales chinas, entre ellas el Grupo XCMG, fabricante de máquinas pesadas, y el Grupo Gezhuba, empresa de ingeniería, planean participar también en el proyecto, pero no se sabe qué papeles desempeñarían o cuánto pretenden invertir.

Zhao dice que Wang es “un misterio. La mayor parte de las personas no sabe quien es él”. Si Wang se moviera en un ambiente más transparente, dice ella, “atraería un mayor nivel de escrutinio”. Pero no será una tarea nada fácil quitar el aura de misterio que rodea al imperio empresarial de Wang. En octubre del año pasado, por ejemplo, cuando la compañía de seguros china Anbang Insurance Co. compró el Hotel Waldorf-Astoria, en Nueva York, los medios de comunicación tuvieron que investigar mucho hasta llegar a los dueños de Anbang. “Fue cómo pelar una cebolla”, dice Zhao en relación a la tarea de identificar la compleja estructura de propiedad detrás de la empresa.

Pero la popularidad de China en algunos países anfitriones se ve reforzada por su reputación de hacer las cosas rápidamente, dice Zhao. En China, se concluyeron o están en marcha grandes proyectos —como la hidroeléctrica de Tres Gargantas y el Proyecto de Transposición de Aguas Sur-Norte—, aunque las implicaciones medioambientales aún sean objeto de debate. En África, numerosos proyectos de infraestructura de gran tamaño se hicieron realidad con la llegada de los chinos. Entonces, ¿por qué no un canal en Nicaragua? “A fin de cuentas, los chinos son conocidos por sus competencias en proyectos de infraestructura de gran tamaño, con tal de que estén en condiciones de lidiar con los riesgos institucionales”, dice Zhao. “Sin embargo, eso es sólo una hipótesis. La realidad es que sabemos muy poco sobre el proyecto en Nicaragua, es decir, sobre su envergadura”.

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“Riesgos y desafíos varios”. Según Margaret Myers, directora del programa para China y América Latina de Diálogo Interamericano, un grupo de estudios de Washington, a pesar de todo el ruido, dice: “No creo que se avance demasiado durante los próximos años” en lo que concierne al canal. Pero hay mucha gente “que ha tomado en serio el proyecto”, de manera que es posible conversar sobre él. ¿Por qué las perspectivas de conclusión son precarias? En primer lugar, dice Myers, “no creo que el dinero necesario para el proyecto esté disponible. A pesar de la insistencia del gobierno de Nicaragua de que el proyecto está en marcha, son numerosos los riesgos y los desafíos”.

Hay un punto de partida fundamental: con la conclusión de un tercer conjunto de compuertas, que duplicarán la capacidad del Canal del Panamá en 2016, no está claro si habrá demanda suficiente para un nuevo canal de gran tamaño conectando el Pacífico y el Caribe, dice Myers.

Myers señala que el consenso entre los observadores es que el gobierno chino no está apoyando de hecho el proyecto de Nicaragua, a pesar de los lazos entre Pekín y Wang. Aunque el gobierno chino esté interesado en el proyecto, “él esperará para ver cómo se desenrollarán” las cosas antes de decidir qué papel —si es que tendrá alguno— desempeñará en el proyecto, añadió Myers. En 2011, China y Colombia anunciaron que estaban conversando sobre la construcción de una vía férrea —o “canal seco”— de 400 km que partiría del puerto de Buenaventura, en el Pacífico, atravesaría Colombia y llegaría hasta la costa atlántica del país. Pero los dos países aún no han anunciado el calendario para la ejecución de esos planes. Mientras, China, junto con Perú y Brasil, han hecho progresos en su plan de construcción de una vía férrea transcontinental de US$ 10.000 millones que cruzará los Andes y conectará las ciudades portuarias del Pacífico con la costa atlántica de América del Sur.

¿Un segundo Panamá? Los partidarios del proyecto de Nicaragua dicen que el canal favorecería el crecimiento, al igual que hizo el Canal de Panamá, transformando la periferia remota y tropical del país en un centro financiero de punta, además de promover el país como centro de turismo y, más recientemente, de ecoturismo. Los escépticos se fijan en las implicaciones negativas. Luis Carlos Buob, abogado del centro de Justicia y de Derecho Internacional, organización sin fines de lucro, dice que “hay un gran potencial de dañar el medio ambiente debido a la escala sin precedentes y al alcance del proyecto”.

Él resaltó en una conferencia patrocinada por el Diálogo Interamericano que el Lago Cocibolca, también conocido como Lago Nicaragua, es el mayor lago tropical de agua dulce de América Central. El nuevo canal, advirtió, sería cuatro veces más extenso que el Canal de Panamá, y exigiría no sólo un dragaje, sino dragajes constantes. Los miles de navíos que usarían el canal “agravarían el potencial de hipoxia, o falta de oxígeno, poniendo en “riesgo la excepcional vida marítima local de gran valor económico”.

Buob añadió que los riesgos medioambientales derivados de derrames de los superpetroleros que atravesarán el nuevo canal “pueden matar el lago, ya que no hay espacio para la dispersión” del volumen rebosado. “La fuga del Exxon Valdez costó US$ 9.000 millones”, dijo Buob, pero “había bastante espacio para la dispersión” de vertidos. Aquí, no. Además de eso, el nuevo canal sería una especie de barrera física “que impediría la migración de numerosas especies y el flujo genético, incluyendo 22 especies amenazadas”, como el jaguar, el perezoso y el tapir.

Buob y otros solicitaron un análisis de coste-beneficio transparente de los costes y de los riesgos medioambientales “expresados en valores monetarios […] Les corresponde a los científicos y las ONG expresar su temor” insistiendo en la suspensión del proyecto hasta que el análisis esté concluido.

Los críticos también acusan al gobierno nicaragüense, que habría aceptado la ejecución del proyecto sin debatirlo lo suficiente en la esfera pública y sin prestar la debida atención a los derechos de las comunidades indígenas empobrecidas del país. Pedro Álvarez, profesor de Ingeniería civil y medioambiental de Rice University, dijo recientemente en una audiencia pública de la comisión Interamericana de Derechos Humanos que no ha habido prácticamente ningún debate público sobre el canal; sus objetivos, riesgos y metas. Alvarez destacó que miles de nicaragüenses serán sacados de sus casas debido al proyecto, y que no se ha “consultado de forma previa a la población local” o “respeto por su cultura”. En diciembre del año pasado, decenas de personas fueron heridas con gas lacrimógeno y otras armas en Nicaragua cuando la policía y militares usaron excesiva fuerza para controlar una manifestación pública contra el proyecto. Aunque la policía nicaragüense dijera que los manifestantes portaban pistolas, machetes, piedras y palos con que pretendían hacerle frente, los organizadores de la protesta dijeron que la manifestación era pacífica.

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Conexiones frágiles. La polémica del canal de Nicaragua también hizo que los focos se posaran sobre los empresarios e inversores chinos. Myers advierte que muchos de ellos no tienen lazos próximos con el gobierno chino, a pesar de la suposición generalizada de que los tienen, dado el papel destacado del gobierno en la economía.

“Se suele pensar en China como algo monolítico cuando, en realidad, son numerosos sus agentes”, observa Myers. “Algunos de ellos están afiliados al gobierno, pero muchos otros no lo están”. Para quien está fuera de China, eso significa que es preciso hacer una diligencia debida de esos agentes. “Todo empresario chino tiene conexiones con el Gobierno, pero eso no significa que esos empresarios sean favorables a los objetivos del Gobierno”, añadió Myers.

Jacques DeLisle, director del Centro de Estudios del Este Asiático de la Universidad de Pensilvania, dice que, en China, “hay numerosas personas que dicen estar bien conectadas políticamente, pero es difícil evaluar la veracidad de esa afirmación. Si está bien posicionado en la ‘cadena alimentaria’ y está lidiando con gente situada muy arriba, ciertamente no tendrá dificultad en saber con certeza cuál es su situación —digamos, por ejemplo, que usted está en contacto con la nuera del primer ministro o algo parecido—, pero cuando el contacto sea con personas de escalafón inferior, y que dicen estar bien relacionadas, o cuando sus conexiones sean menos directas — el asunto es más oscuro”. Esas personas “pueden o no estar mintiendo sobre quiénes son y lo que se puede esperar de ellas”.

“Es una cuestión de ser capaz de evaluar lo que las personas dicen”, dijo DeLisle. “En primer lugar, es preciso hacer que ellas sean relativamente precisas en relación a lo que pueden proporcionar, en lugar de decir que conocen a todo el mundo y todos los lugares. A continuación, haga toda diligencia debida posible acerca de la persona y de su posición”.

Como en cualquiera otro lugar del mundo, eso es más fácil de decir que de hacer, observa DeLisle. “En la medida en que haya corrupción, la tendencia será de ocultamiento. Es difícil saber si usted descubrió aquello que estaba buscando […] China no es de ninguna manera un lugar transparente”.