Tras dos años estudiando en la entonces Unión Soviética, el cubano Paulino García volvió a la isla para continuar sus estudios de leyes en la Universidad de la Habana. Luego de graduarse y trabajar en la Corporación Cimex, logró en 1996 abrir un restaurante gracias a la legalización del trabajo por cuenta propia. “Esto salió de la nada y con mucho sacrificio”, dice García. “Si hubo planificación, fue mi deseo por tener mi restaurante”.

García tuvo la suerte de tener el sustento fundamental para materializar su negocio: un poco de dinero ahorrado y la familia como capital humano. En personas como él pensaba el cardenal Jaime Ortega Alamino cuando le comentó a José Luis Mendoza, presidente de la Universidad Católica de San Antonio (UCAM) en Murcia, España, sobre la necesidad de asistir a todos los administradores y dueños de pequeños negocios en Cuba.

A fines de 2010 el gobierno de Raúl Castro cambió las reglas del juego y abrió el campo para una mínima actividad privada. En noviembre se anunció que algunas actividades como las peluquerías o pequeñas cafeterías pasarían a ser administradas por privados y que se permitiría la ampliación de paladares (pequeños restaurantes como el de García). Con el cambio, muchos se han dado cuenta de que ya no se trata de intuición y tino para llevar un negocio.

“El cardenal reflexionaba sobre estas necesidades y nuestro presidente se ofreció a cubrirlas”, dice Gonzalo Wandosell, vicedecano de Administración y Dirección de Empresas de la UCAM.
Las clases comenzaron el 26 de septiembre en un edificio muy simbólico, el antiguo seminario de San Carlos y San Ambrosio, fundado en 1689 y hoy sede del Centro Cultural Padre Félix Varela. Wandosell señala que los 45 primeros estudiantes provienen de empresas estatales y de la gestión privada, y que no fue un requisito la afiliación al catolicismo. “Son ingenieros, abogados o economistas”.

El rol de la Iglesia en la iniciativa es significativo. Desde 1959 el clero cubano ha sido el antagonista por excelencia de la Revolución, aunque el cariz de estas relaciones ya no es tan áspero, sobre todo desde la visita de Juan Pablo II en 1998 y, últimamente, con la liberación de los presos políticos. Por otra parte, el financiamiento proviene de una institución universitaria de España, la metrópoli hasta 1898 y a la que muchos aún llaman Madre Patria. Los vínculos entre ambos países no se congelaron ni siquiera después de la Revolución y hoy se expresan en una importante inversión española en Cuba.

A diferencia de los costosísimos programas de otros países, el MBA cubano es gratuito para sus estudiantes. “Los fondos los estamos cubriendo en la universidad y con donaciones de empresas de Murcia”, dice Antonio Alcaraz, vicerrector de Extensión Universitaria de la UCAM. “Pero si no tenemos ayuda nosotros lo hacemos gratuitamente”.

Según cuenta Wandosell los españoles asumen el pago de los profesores y los costos de viajes, mientras que la Iglesia “pone las instalaciones y coordina con los profesores locales”, como dice su director, el padre Yosvani Carvajal.

No es el primer programa de esta naturaleza en Cuba. Lo intentó la argentina ADEN Business School primero, y más tarde con el programa PROFOR, que auspiciaban la Comisión Europea, la española Fundación ESADE y su escuela de negocios, y la Fundación Europea para la Gestión del Desarrollo (EFMD). Este último llegó a dictarse entre 1995 y 2004, cuando cesó al terminarse el contrato. La reapertura del programa en 2010 no prosperó por razones que no nos aclararon. Según Predrag Avramovic, jefe de sección de la Delegación de la Unión Europea en Cuba, “el proyecto se está redefiniendo”.

Lo novedoso del programa UCAM/Félix Varela es ser el único orientado exclusivamente a los emprendedores/cuentapropistas. No es el caso de la Maestría en Administración de Negocios, impartida por la Universidad de la Habana (UH).

Para ingresar es necesario pertenecer a una empresa oficial, por lo que se excluyen los cuentapropistas. El prototipo de ejecutivo que se puede encontrar dentro de las empresas cubanas sería alguien como Abel Guerra, ejecutivo de cuenta en la agencia de publicidad, y la mayoría de sus colegas en la maestría eran graduados de Economía o de Ingeniería Industrial.

Emprender en Cuba. Majel Reyes Quesada, licenciada en Lengua Inglesa y alumna del MBA, dice haberse decidido por el magíster por razones pragmáticas. “Tengo la visión de que posiblemente con las nuevas aperturas pueda hacer algo, una empresa privada, una Pyme”, afirma.

Este perfil de alumnos explica el carácter práctico de la formación. “Es lo que llamamos en España un máster profesional”, explica Wandosell. “Lo que pretende es ofrecer conocimientos avanzados en la dirección de empresas, pero muy orientado a las pymes, micropymes y las cooperativas, que son los emprendimientos que se están formando ahora en Cuba”.

Pese a las reformas recientes, en la actualidad aún persisten obstáculos para el desarrollo de una Pyme en Cuba. Por una parte, la lista de “actividades autorizadas para el ejercicio por cuenta propia” impide alcanzar un desarrollo que no sea feudal. Por ejemplo, se autorizan las licencias para remendadores de libros, pero no a quienes quieran abrir una editorial. Se puede ser albañil y poner los azulejos de un baño, pero no se puede abrir una empresa constructora. Y ninguna empresa de este tipo podrá nacer en Cuba mientras la Constitución privilegie “el sistema de economía basado en la propiedad socialista”.

Además, no funciona aún un sistema de créditos o microcréditos. Sin acceso a un financiamiento inicial, las oportunidades de emprender una actividad por cuenta propia se reducen. Incluso supone un gran esfuerzo para aquellos que cuentan con la remesa de familiares en el extranjero.

Tampoco se ha implementado una de las resoluciones del último congreso del Partido Comunista: “los mercados de aprovisionamiento que vendan a precios mayoristas y brinden los servicios de alquiler de medios y equipos, sin subsidio, al sistema empresarial”.

El MBA consta de siete materias.Entorno Económico, Marketing (la asignatura más popular, según algunos estudiantes que entrevistamos), economía financiera y contabilidad, comportamiento organizacional, producción y gestión de la calidad (que compete de cerca a las cooperativas, estrategia y empresa) y, por último, el sistema tributario.

¿La puerta trasera para la transformación capitalista de Cuba? Sobre esto, el padre Carvajal deja clara la postura de la Iglesia, y la finalidad de este programa: “el bien último es para Cuba misma. Estos egresados son para Cuba”.
El título otorgado por la UCAM será válido dentro de la Comunidad Europea, pero no en su país. “Este título aún no es reconocido por el Ministerio de Educación Superior”, dice Carvajal. O sea, todavía no se homologa con ninguna institución universitaria cubana. Sin embargo, espera que “en un futuro no lejano, con el paso del tiempo y cuando termine este curso del máster, la UH y el Estado cubano reconozcan el título”.