Las ruidosas amoladoras van borrando lentamente las letras azules que sobre el blanco brillante de las aeronaves forman la palabra Pluna. Se trata de uno de los seis aviones que ahora descansan en un hangar del aeropuerto de Carrasco y que en 2011 fueron comprados a la empresa canadiense Bombardier por el sistema de leasin mediante un crédito con el Banco de Desarrollo de Canadá.

Junto a los otros siete aviones que aún están volando en un limbo jurídico luego del polémico remate del 1 de octubre, formaban parte de la dotación de la ex Pluna (Primeras Lineas Uruguayas de Navegación Aérea) que, como otras tantas empresas emblemáticas, va rumbo al olvido.

Unos cuarenta técnicos se esmeran en mantener los aviones en buenas condiciones para que -en caso de las seis naves compradas a Canadá- regresen en las próximas semanas a sus dueños originarios y, en caso de los otros siete aparatos, estén prontos para volar cuando el gobierno resuelva a qué empresa o  cooperativa les entrega su explotación.

“Debemos borrar el logo de la compañía y el número de las matriculas ya que tienen que ser traslados con matrícula canadiense. También hay muchas tareas delicadas como las pruebas de los equipos de altitud y velocidad”, dijo  el gerente de mantenimiento de la exPluna, Oscar Alvarez.

Los trabajadores que se mueven dentro del hangar del aeropuerto vestidos con mamelucos azules saben que, probablemente, estos aviones ya no volverán a estar al alcance de sus manos. No por lo menos con el logo de la compañía fundada el 20 de noviembre de 1936 como un emprendimiento privado de los hermanos Alberto y Jorge Márquez Vaeza.

Espera. Los aviones que a la brevedad partirán hacia el norte del continente, levantan vuelo cada tanto manejados por pilotos uruguayos que vigilan que todos sus instrumentos sigan marchando como cuando subían pasajeros por la escalerilla.

Los pilotos aprovechan estos vuelos para no perder el pulso de su oficio, en tanto que los técnicos necesitan del trabajo del mantenimiento para no perder su estatus laboral.

“En el área de mantenimiento tenemos cuarenta técnicos cumpliendo funciones en forma diaria para poder entregar las aeronaves en el tiempo establecido. Anteriormente al cierre de la compañía había trabajando 80 personas en estas tareas”, señaló el subgerente general de Pluna, Sergio Riolfo. Más o menos cada treinta días rotan al personal para mantener a todos con las calificaciones profesionales que se les exige para cumplir su delicada labor.

Mientras, los aviones de la ex Pluna esperan el momento en  que serán conducidos a un aeropuerto muy alejado de la capital más austral del mundo.