Aunque las idas y venidas de la legalización de la marihuana se hayan llevado la atención de la opinión pública en las últimas semanas, hay otra droga con menos prensa que, sin embargo, es consumida en forma habitual por más de la mitad de los uruguayos y es la más problemática por la cantidad de efectos directos y secundarios que genera: el alcohol.

Si bien el proyecto de ley para la implementación de una estrategia nacional sobre el alcohol ya lleva más de un año de demora, de acuerdo a Julio Calzada, secretario general de la Junta Nacional de Drogas (JND), el proyecto está “muy avanzado” y sería enviado pronto al Parlamento. “Es necesario establecer una fuerte presencia del Estado. Tenemos un puesto de venta de alcohol cada 100 habitantes. Cualquiera puede vender y no hay prácticamente restricciones. Negocios que se montaron para vender alfajores o caramelos expenden alcohol”, señaló.

Una de las posibles medidas –adelantó Calzada– es regular y reducir progresivamente la cantidad de puestos de venta y establecer patentes para los que despachen alcohol. Otra posible disposición podría ser extender el horario de inhabilitación, que en la actualidad rige entre la hora 0 y las 6 y prohíbe el expendio, ofrecimiento y suministro de bebidas en locales no habilitados para este tipo de consumo.

“Tenemos un serio problema en el país con las herramientas de fiscalización que hemos diseñado, que no han dado los resultados esperados, por desuso y porque no hemos diseñado los mecanismos de control adecuados, indicó Calzada.

Por otra parte, hay varias normas que regulan la venta y consumo de alcohol, como la ley Nº 17.243 y el decreto 365/2000, las leyes 17.951 para la erradicación de la violencia en el deporte y la 16.585 para la prevención de accidentes de tránsito o incluso la norma de venta de alcohol a menores que aparece en el Código de la Niñez y Adolescencia. Tanta normativa, pero tan dispersa, hace que la fiscalización también lo esté, algo que la ley proyectada por el JND pretende evitar. “Hay una gran cantidad de organismos que tienen potestad sobre esto y el control se hace casi imposible”, indicó Calzada.

Asimismo, las opciones de fiscalización que se barajan no controlarían las cantidades de alcohol a consumir por cada persona, debido a que sería “casi imposible de hacer porque es una sustancia que está normalizada en el mercado”, sostuvo Calzada.

Alcances de la restricción. Sin embargo, para Ruben Ordoqui, director de Fábricas Nacionales de Cerveza (FNC), el énfasis no tiene que estar en la restricción sino en realizar un trabajo a nivel social. “No tiene sentido, porque si en un lugar donde había cuatro expendios de alcohol le dan la licencia a uno, la gente va a ir a ese y el consumo se va a mantener. Por otro lado, trabajos internacionales han demostrado que esta política no da resultado. Australia e Inglaterra son los mayores consumidores de cerveza del mundo y tienen restricciones”, afirmó.

No obstante, la Organización Mundial de la Salud (OMS) indica que la reducción de horas o días de venta hace disminuir el número de problemas relacionados con el alcohol. Canadá, por ejemplo, que implementó una batería de medidas al respecto, logró bajar del 83% al 71% el consumo entre los jóvenes, aunque el descenso en los adultos fue mínimo.

Mario Menéndez, presidente del Centro de Almaceneros Minoristas, Baristas, Autoservicistas y Afines del Uruguay (Cambadu), expresó que es necesario limitar el consumo. “Cuando hicieron lo del tabaco la gente lo aceptó porque la cosa vino en serio y en poco tiempo, acá parecería que no viene en serio porque es mucho el tiempo el que se demora en corregir algo que nos atañe a todos”, indicó.

Ordoqui descree, en cambio, que el caso del alcohol pueda ser emparejado con el del tabaco: “El problema es mucho más complicado, aparte el cigarro te hace mal siempre y el alcohol si lo consumís moderadamente es un alimento y agrega energías al organismo”, sostuvo.

Más allá de las diferencias entre una y otra droga, de acuerdo al informe de 2011 de la JND el consumo de tabaco ha registrado un considerable descenso de cinco puntos porcentuales en los hombres (de 39,1% a 34,3%) de 2006 al año pasado, aunque no registró variaciones significativas en las mujeres.

La droga más problemática. La diputada nacionalista Verónica Alonso, miembro de la comisión de adicciones del Parlamento, considera que la legislación respecto al alcohol tiene que tender a la prohibición total del consumo en la vía pública. “El alcohol está presente en los principales problemas que tenemos como sociedad: es protagonista del 90% de los casos de violencia doméstica y es consumido en exceso por más del 70% de la minoridad infractora y de la población carcelaria”, comentó meses atrás la diputada a El Observador.

En este sentido, Calzada señaló que en Melo “entre ocho y 12 muchachos son puestos a disposición del juez cada fin de semana por riñas vinculadas a los bailes por abuso del alcohol”. El consumo en exceso de este tipo de bebidas es, además, la causa principal de los accidentes fatales en el tránsito.

Sin embargo, a pesar de la relación entre consumo indebido del alcohol y los hechos de violencia y peligrosidad, se trata de la única droga en el Código Penal que puede funcionar como atenuante pero no como agravante en la condena que se le imponga a la persona que hubiere cometido un delito bajo sus efectos. El artículo 46 del Código Penal habla de “embriaguez voluntaria que no fuera premeditada” como atenuante y el artículo 47 ratifica lo mismo para los estupefacientes o sustancias psicotrópicas. A su vez, el artículo 31 estipula como inimputable “al que ejecuta un acto en estado de embriaguez y en ese caso comete delito o provoca escándalo”. Sin embargo, en la sección de los agravantes se establece que lo es haber cometido un delito bajo la influencia de “cualquier estupefaciente o sustancias psicotrópicas”, algo que no es contemplado para el caso del alcohol. 

“Tanto la ingesta de la droga o del alcohol pueden producir obnubilaciones en el ser humano y en ese sentido habría que llevar la norma en un pie de igualdad porque los dos (el alcohol y los estupefacientes o sustancias psicotrópicas) afectan a la conciencia”, señaló el abogado y profesor de derecho penal de la Udelar, José Luis González.

Sin embargo, comparando los datos numéricos del alcohol con otras drogas, es posible inferir el peso que tienen este tipo de bebidas en la sociedad uruguaya, a la que Calzada denomina de “alcohofíbica”. De acuerdo al informe de la JND, mientras que el 55,4% de la población ha consumido alcohol en los últimos 30 días (al momento del informe), el 4,9% consumió marihuana. Además, el uso problemático del alcohol es del 23% y el derivado del cannabis es el 16,6%. La fidelidad al alcohol, a su vez, es del 60% y a la marihuana del 24,7%. En el caso de la pasta base, para la que el gobierno plantea un aumento de penas a quienes la venden, el consumo habitual afecta al 0,2% de los uruguayos, aunque su uso problemático implica al 53% de sus consumidores (ver cuadro).

El informe del JND resalta, por sobre las otras drogas cotejadas, la necesidad de impulsar “en forma muy activa” las acciones dirigidas a disminuir el consumo abusivo de alcohol. El documento señala que si bien la edad promedio en la que se inicia este consumo es de 16,6 años, la más frecuente es a los 15. Si se tiene en cuenta que ya a los 17 años el 93% de las personas probó alcohol y que la edad de inicio de ese tramo de edad es 13 años, destaca el informe, “es esperable que, de mantenerse el actual escenario esta sea la edad de inicio promedio en no más de 20 años”.