Montevideo. El arroz y el trigo son dos granos vulnerables en su precio. No protagonizan la revolución de los biocombustibles ni son principales en la alimentación animal. Y aunque cada vez más serán usados con esos fines, al tener su consumo limitado a las necesidades humanas, el crecimiento de la demanda es moderado.

Para la cosecha que se avecina Uruguay depende como nunca de lograr una buena entrada en Brasil de manera de que la gran producción que se obtendrá no redunde en castigos al precio. En los mercados internacionales el panorama del grano es de calma, al restablecerse la oferta de la ex Unión Soviética.

El informe del Departamento de Agricultura de EE.UU. sobre la perspectiva mundial del trigo de la semana pasada resultó sumamente bajista para el grano que en Uruguay tendrá una de las mayores cosechas de la historia.

Eso es natural motivo de preocupación entre los agricultores que ven como los US$ 300 por la tonelada que estuvieron disponibles en el momento de la siembra se alejan a medida que la cosecha se acerca.

Las reservas mundiales de trigo proyectadas a mediados del año próximo quedaron ubicadas por encima de 200 millones de toneladas, un nivel que no se alcanzaba desde el año 2002.

Aunque el consumo mundial es mucho mayor que en aquel entonces y por lo tanto el mercado está lejos de estar saturado, y ha pasado de la alarmante escasez que enfurecía a los árabes un año atrás, a una situación de calma y precios flojos.

Tras el colapso de la cosecha del este de Europa, Ucrania y Rusia, los países importadores tienen un cierto alivio. Uruguay y Argentina son casos típicos de lo que ha pasado en varios lugares del mundo.

La cosecha uruguaya peligró cuando al comienzo de octubre las lluvias se hacían esperar y se venía un llenado de grano incierto. Pero vinieron las lluvias. Y cuando parecía que podían ser excesivas, la semana pasada salió el sol y dio renovado empuje a los cultivos.

La siembra fue importante en Uruguay por los altos precios y si no sucede nada extraño los rendimientos superarán los 3.000 kilos por hectárea como promedio nacional. Uruguay volverá a una producción de entre 1,7 y 1,8 millones de toneladas. Con un consumo de algo más de 400 mil, y un stock de unas 300 mil toneladas, el saldo exportable superará el millón y medio de toneladas.

El mundo está haciendo uso de sus dos últimas grandes reservas de tierra agriculturizable. La de Brasil en cultivos de verano, y la de la ex Unión Soviética en cultivos de invierno. Y desde allí se ha restablecido la oferta triguera. La producción de Rusia aumentará en 15 millones de toneladas, de 41 a 56 millones de toneladas. Los ucranianos también producirán seis millones de toneladas más que en 2010.

De modo que una siembra que empezó en Uruguay influenciada por la baja producción de la cosecha pasada en esos países que habían sido arrasados por una ola de calor, será cosechada bajo el influjo de una oferta restablecida.

En el caso del trigo hay otros factores que inciden para que el mercado a la cosecha se haya vuelto incierto y dependiente de la demanda de Brasil.

Por un lado los agricultores argentinos se cansaron de esperar un cambio en las reglas de juego y volvieron a sembrar. Suman dos años seguidos de recuperación, desde los 11 millones de toneladas que venían recogiendo en el momento de más arduo enfrentamiento con el gobierno. Sumaron 15 millones en la zafra pasada y podrían acercarse a 14 en la próxima.

En Argentina además son tiempos de elecciones. Y por lo tanto es tiempo de recomponer los relacionamientos. Ante lo que se considera una segura victoria de Cristina Kirchner, hay sectores del agro del país vecino que han apostado a reconstruir el diálogo.

Desde el gobierno se ha flexibilizado la política restrictiva a las exportaciones y se han abierto los cupos para la salida de trigo. Cabe esperar pues una salida más fluida de trigo del principal competidor de Uruguay.

Por su parte, los paraguayos vienen constituyéndose en protagonistas relevantes de la exportación.

Por otra parte, el otro gran exportador del hemisferio Sur, que es Australia, viene recibiendo la bendición de una situación Niña, por segundo año consecutivo, que tiene en esa zona el efecto contrario del que tiene en Uruguay. Con lluvias superiores a lo habitual, las zonas áridas de Australia están empezando una cosecha récord. Pueden superar los 26 millones de toneladas del año pasado, que contrastan con los 11 millones y 13 millones que levantaron en 2006 y 2007 cuando la sequía contribuyó a la primera gran escalada en el precio de los alimentos. Continuarán participando activamente como abastecedores del mercado internacional.

Con ese panorama, para Uruguay la gran esperanza es Brasil. El posicionamiento en ese mercado se ha ido consolidando año tras año, pero con un reclamo persistente de los importadores norteños: que el trigo tenga condiciones diferenciales de calidad. Allí volverá a jugarse de nuevo la suerte de la cosecha uruguaya.

Porque además la semana pasada Colombia y EE.UU. firmaron un acuerdo de libre comercio que dejará a los estadounidenses en posición preferencial para entrar en un mercado que, aunque menor, es significativo para Uruguay.

En el mercado brasileño la gran amenaza es la competencia del trigo de Paraguay y Argentina. Paraguay tiene una producción similar a la de Uruguay y está entrando cada vez con más fuerza en el centro y sur brasileño, la zona que también es preferencial para Uruguay.

Pero la gran amenaza es Argentina, donde la cosecha de trigo coincide con las elecciones que ya se sabe ganará Cristina Fernández. Ese resultado tan avisado llevó a las gremiales rurales a buscar acercamientos con la presidenta del vecino país. Y eso puede determinar en los próximos días la liberación de un millón de toneladas de trigo argentino para la exportación.

Aunque no los libere, los argentinos están ingresando masivamente con harina. Abitrigo estima que este año colocarán 700 mil toneladas y los molinos brasileños acusan a los exportadores argentinos de competencia desleal.

Por ahora los productores se resisten a vender a US$ 220 por tonelada. Aún con un buen rendimiento, los costos son lo suficientemente elevados para que una facturación de US$700 por hectárea no deje un margen interesante. Habitualmente en los picos de cosecha los precios quedan presionados a la baja.

No hay certeza que esperar el grano hasta el otoño permita a los productores un mejor precio. Porque con la inestabilidad actual en el mundo, la mayoría de los pronósticos pueden hacerse harina. Pero si Brasil no devalúa y Europa encuentra una solución, seguramente el grano mantendrá su valor y crecimiento.

El vaiven de los mercados en las exportaciones.

Es difícil conocer el destino del trigo uruguayo, porque como sucede con otros granos, la mayor parte del grano entra a la zona franca de Nueva Palmira, donde se le pierde el rastro. De los destinos declarados, Brasil es por lejos el principal. Ha llevado 200 mil toneladas de las 625 mil que van exportadas hasta comienzos de octubre, lo que significa 33% de las exportaciones.

Pero en realidad a zonas francas va prácticamente la totalidad de lo que sale. Los siguientes destinos en importancia son Argelia, Mozambique, Venezuela, Senegal y Congo. Ninguno llega a participar con 5% de las compras.

Los precios de exportación ya reflejan la caída de los precios internacionales. Las exportaciones de enero promediaron US$ 266 por tonelada. Ascendieron hasta US$ 340 en agosto, para caer a US$ 280 como precio promedio en lo que va de octubre.

No hay indicios de que las bajas vayan a ir mucho más allá. La caída fuerte de los precios ocurrió en setiembre y desde entonces, el mercado permanece estable.

EEUU tendrá reservas a la baja, afectado por una fuerte sequía en el sur.

Brasil tiene una producción mediocre, menor a la que hubo el año pasado, aunque puede tener un buen cultivo en Río Grande del Sur.

La suba del arroz puede ser otro factor que de sostén a los precios promoviendo el consumo del cereal alternartivo.

En cualquier caso, en el trigo como en la soja, queda bien destacada la importancia del uso de futuros.

Aquellos productores que aseguraron sus costos vendiendo 1.000 kilos de trigo a US$300 miran el transcurso del cultivo y el devenir de los mercados con mucha más tranquilidad que los que siguen esperando a cosechar para empezar la comercialización.

Una clave será la calidad.

Esta semana se reunió la Asociación de la Industria de Trigo de Brasil (Abitrigo) en Río de Janeiro. Allí el martes la entidad firmó un acuerdo con la mesa del Trigo de Uruguay que empezará un camino de coordinación, respecto a la clasificación y las exigencias del grano que se comercializa. De esa forma Uruguay quedará a tiro de Argentina, que ya firmó un acuerdo similar y tendrá condiciones para optimizar el ingreso y consolidar lazos comerciales.

Aunque el acuerdo es solo el comienzo de un camino (no asegura volúmenes) el camino es ineludible para consolidar posiciones en un mercado imprescindible. Si los trigos uruguayos logran ser considerados “mejoradores” por la molinería brasileña, la colocación será fácil.