Montevideo. El presidente José Mujica, que cultiva el latinoamericanismo a donde sea que vaya, logró volver a Uruguay con varios logros y con otros tantos proyectos para la triple frontera entre Argentina, Brasil y Paraguay.

En Foz de Iguazú el presidente uruguayo participó durante este jueves y viernes en una cumbre del Mercosur que no tuvo grandes aprobaciones.

Lo más trascendente fue, durante la sesión plenaria de los presidentes, la despedida que sus pares le hicieron a Lula Da Silva.

El 1 de enero el mandatario entregará el gobierno a su compañera del Partido de los Trabajadores (PT) Dilma Roussef, esta fue su última reunión en un organismo internacional.

Mujica esperaba tener una reunión bilateral con Lula y Dilma. La futura presidenta no participó de la cumbre, pero el encuentro con Lula fue muy efectivo para Uruguay.

Mujica se llevó el compromiso de que Brasil le venderá a Uruguay energía a un precio estable, siempre que la necesite, más allá de la disponibilidad del país norteño. Esto le garantiza a Uruguay que la interconexión con Brasil tendrá sus réditos, sobre todo para los momentos de sequía.

El mayor logro que consiguió Mujica fue el apoyo de Brasil a través del Focem (un fondo para palear las asimetrías del Mercosur) por US$ 55 millones para reparar las vías férreas en ambos lados de la frontera con Rivera. Este dinero constituye el 25% de lo que el gobierno uruguayo piensa invertir en la reparación de tres ramales.

Este viernes, antes de volver a Montevideo, Mujica cruzó la frontera hacia Paraguay y se reunió, a orillas de la segunda represa más grande del mundo, con los presidentes de Bolivia, Evo Morales y el local, Fernando Lugo.

En uno de los lugares donde se produce más energía del planeta, los presidentes firmaron una declaración de interés para hacer negocios.

Uruguay quiere gas boliviano y energía paraguaya a cambio de salida al mar para ambos países y la participación en un eventual puerto de aguas profundas en Rocha.

Otro de los temas que Mujica planteó en todas las bilaterales es el problema por la falta de anestesistas. El gobierno planea derivar pacientes a Argentina y tal vez a algún hospital de Rio Grande do Sul. Recibió apoyo de los presidentes Lula y Cristina Fernández, técnicos de ambos países viajarán a Uruguay.