Una joya. Esa fue la palabra que eligió el presidente en ejercicio, Danilo Astori, para sintetizar lo que vieron un grupo de uruguayos y extranjeros, todos invitados especiales, a la reinauguración del hotel Casino Carrasco. El glamour se palpaba. La arquitectura francesa se destacaba y el trabajo de constructores, arquitectos, artesanos y albañiles se notaba en cada detalle.

Los invitados levantaban la cabeza incrédulos de ver renacer un edificio cuya piedra fundamental se colocó 100 años atrás y período que supo de esplendor y decadencia.

La obra, que en la noche la iluminación exterior la hizo sobresalir aún más en el barrio residencial, es un símbolo de la ciudad de Montevideo. Los concesionarios, un grupo inversor que reunió entre otros a Sofitel y Codere, expertos en hotelería y casinos, se mostraron orgullosos.

El proceso para llegar a lo que se vivió anoche debió sortear innumerables dificultades pero nadie quería hablar de eso.

A los invitados se les recibía dándoles la bienvenida en español y en francés. Los funcionarios seleccionados para trabajar con los huéspedes hablan varios idiomas, al menos los que se espera escuchar, como ocurrió anoche en el magestuoso salón Obal donde el inglés y el portugués eran también moneda corriente.

Astori cerró los discursos y dijo que se estaba ante “la recuperación de una joya del patrimonio nacional lamentablemente abandonada durante muchos años”. También aprovechó para destacar que la obra de casi US$80 millones muestra la confianza de los inversores privados en Uruguay.

Antes, la intendente de Montevideo, Ana Olivera, que llegó en un auto clásico de 1931, remarcó que la obra “jerarquiza” a la capital y al país y dijo que si bien no todos los uruguayos podrán disfrutar del confort que brinda el hotel, si será “de puertas abiertas para todos los que quieran recorrerlos”. Otra que llegó en un Peugeot clásico fue la ministro de Turismo. Liliam Kechichian.

La filarmónica empezó a sonar. Se escuchó La Cumparsita, y en el aire estaba el recuerdo de grandes artistas que pasaron por el Carrasco de antaño. Los invitados, vestidos de gala tomaron champagne, y empezó la fiesta. Afuera aguardaba un grupo de público esperando para entrar al casino que a las 23 horas abrió oficialmente.