Corría 1984, poco tiempo antes del retorno a la democracia,  y en un bar del Centro de Montevideo dos empresarios de la construcción y un puñado de integrantes del gremio de trabajadores del sector (Sunca), que aún no podían ejercer plenamente sus derechos, escribieron en una hoja de papel las bases de un  acuerdo para reordenar salarios y fijar condiciones básicas de trabajo en ese rubro de actividad, lo que tiempo después se llevaría a la forma de decreto con la firma del presidente Julio María Sanguinetti y el ministro de Trabajo Hugo Fernández Faingold.

En los hechos, en aquella  charla “de boliche” se comenzó a tejer una relación laboral entre los empresarios y los trabajadores que fue madurando con el tiempo. En esas negociaciones iniciales había representantes de las empresas Stiler y Saceem, firmas que recientemente padecieron una fuerte presión gremial producto de que se están “modificando en forma unilateral” los códigos y parámetros de relacionamiento obrero patronal  “de los últimos 15 años”, dijo el presidente de la Cámara de la Construcción, Ignacio Otegui.

Como ejemplo, dijo que durante décadas en la construcción se acordaron los períodos de licencia, lo que cambió a partir de 2011 cuando el sindicato comenzó una campaña para cambiar la práctica flexible que rige en todo el sector sin antes negociar con la cámara.

“Cuando usted acuerda por décadas y sin aviso previo se viola lo firmado es para nosotros un cambio sustancial en las reglas de juego”, declaró.

De la mano de un elevado nivel de sindicalización de nuevos trabajadores, la construcción se ha convertido en una actividad de fuerte conflictividad. Según el programa de modernización de las relaciones laborales de la Universidad Católica, en agosto, último dato disponible, la conflictividad laboral se multiplicó por siete respecto a julio y casi la mitad (48%) de los conflictos se originó en la construcción.

El economista Juan Manuel Rodríguez, responsable de ese departamento universitario explicó que ese incremento de la conflictividad en la construcción obedece a que en ese rubro de actividad rigen mecanismos de activación de conflictos “automáticos”.

“Cada vez que hay un accidente mortal, el Sunca hace un paro de tres horas el día siguiente. Dada la gran cantidad de trabajadores en el sector, estos paros influyen mucho en el Índice que es el cociente entre la cantidad de horas de paro entre las horas potencialmente trabajables. Cuantos más sean los trabajadores del sector mayor es su incidencia en el índice”, detalló.

A diferencia de Otegui, Rodríguez –que además es director del Instituto Nacional de Empleo y de Formación Profesional– opina que “ninguno de esos factores implican cambios en las reglas de juego históricas en el sector”, aunque reconoció que existe una nueva camada de gremialistas jóvenes con  poca experiencia que puede explicar el cambio en la actitud sindical.

Hay otro tema cuyo efecto en el largo plazo puede ser muy importante. Las cámaras empresariales y el Sunca constituyeron fondos bipartitos diversos con destino, por ejemplo, a la construcción de viviendas, a programas sociales y cursos de capacitación, que se conforman con aporte de trabajadores y empresarios y son administrados en forma conjunta.

El buen diálogo laboral explica que esos actores hayan logrado discutir y negociar todos los problemas del sector. Una explicación para entender la buena relación que primó es que las corrientes mayoritarias del Sunca tenían un acuerdo de dirección conjunta: en cada elección presentaban una lista única y luego de los comicios gremiales, se distribuían las diferentes responsabilidades sindicales.

Pero, en la última elección, en septiembre de 2011, se rompió ese acuerdo que había regido por una década. Hubo disputa electoral y la corriente que terminó triunfando por amplio margen ocupó la mayoría de los puestos del sindicato y desplazó a muchos dirigentes de la otra lista, que habían estado en la dirección por mucho tiempo. El Sunca es controlado por dirigentes afines al Partido Comunista.

Otras fuentes del sector dijeron que el aumento de la confrontación coincide con el acercamiento entre el Sunca y el gremio de los trabajadores metalúrgicos (Untmra), uno de los sindicatos más duros.

Otegui lamentó el escenario de conflictividad reciente porque a su juicio pocos sectores de actividad “han aumentado tanto el salario real de sus trabajadores como los de la construcción. En los últimos siete u ocho años habremos acumulado un crecimiento real superior al 32%. Además, son notorios los múltiples beneficios que se han creado e impulsado”, señaló.

“Nunca hemos ejercido ni la persecución y menos la represión sindical", aseveró Otegui, agregando que “otra cosa es suponer que a todo debamos decir sí o amén. Creemos que se están modificando los parámetros”.

Es por eso que el dirigente empresarial plantea su inquietud y preocupación por el nuevo escenario laboral que se está creando e incentivando por parte de sectores sindicales.

“Se está transitando por un camino en el cual impera la siguiente lógica: ‘todo es como yo quiero o si no, no es’. Y lo peor es que todo recurso es válido y por lo tanto es convalidado”, se lamentó.  

“Si nuestra industria, con 70 mil trabajadores en obras y unos 75 mil fuera de ellas, se descontrola, acarrearía consecuencias severas. Para muchos. Las responsabilidades y los eventuales daños, serán de hecho, siempre compartidos", reflexionó Otegui.

Entre meseta y retracción. La construcción tuvo una incidencia mayor en el crecimiento de la economía en el segundo trimestre del año, y es una de las ramas clave para sustentar el alza del PIB como consecuencia del dinamismo que mostró el sector público y el privado.

El valor agregado de la construcción creció 22,3% en abril-junio arrastrado por el impacto que tuvo la instalación de la planta de celulosa de Montes del Plata.

Otegui indicó que en 2012 la construcción “cerrará un año de excepcional actividad”, con un crecimiento de la actividad aproximado al 11% respecto al  2011 –que fue “un buen año”–, y un nivel de generación de empleo formal “sin precedente”.

Empero, estimó que en 2013 la construcción ingresará “en el mejor de los escenarios en una suerte de meseta” y con una “posibilidad cierta de retracción”.

“Por ello nuestra preocupación por poner encima de la mesa la  evaluación por productividad, la competitividad y la capacitación de nuestros recursos humanos”, explicó .

“Hoy trabajan en nuestras obras no menos de 25 mil trabajadores que no revisten antecedentes en nuestra industria. Provienen de otras actividades o es su primer empleo y por eso es importante la capacitación”, agregó.

Para el titular de la Cámara de la Construcción, si no hay una mejora de “la eficiencia productiva y laboral, en el país y en la industria, pues habrá dificultades más temprano que tarde”.   

Fondos comunes. El cambio de dirección del Sunca puede llegar a reflejarse en la administración de los fondos conjuntos que administran empresarios y trabajadores, los que financian diversos programas, estimó el economista Juan Manuel Rodíguez.

“Es una posibilidad” que se afecte las relaciones laborales del sector por los cambios de la dirección del gremio, argumentó el experto.