Los siete aviones Bombardier de Pluna, el principal activo de la aerolínea de bandera uruguaya cerrada por insolvencia financiera, comenzarán a irse a partir de agosto del aeropuesto de Carrasco, adonde soportan frío, calor y humedad desde julio de 2012. Finalmente la jueza Teresita Rodríguez Mascardi, encargada de gestionar el concurso voluntario de la sociedad anónima, decidió aceptar la oferta de una empresa norteamericana y los aviones se vendieron. Según dice la carta de intención de compra firmada por los síndicos y la firma Strategic Air Finance (SAF), el precio final por los siete aviones es de US$ 77 millones.

Ese monto es muy menor al que cotizan en el mercado aviones del mismo modelo del fabricante canadiense. Según un informe de la consultora internacional Avitas, al que accedió de El Observador, el precio por cada aeronave de ese tipo cuesta bastante más que US$11 millones en el mercado internacional. De los siete Bombardier CRJ900 NextGen, cuatro son de 2008 y tres de 2009. El estudio de Avitas estima que en 2014 cada avión de 2008 cuesta US$ 171 millones, y los de 2009 US$18,4 millones. Ello suma US$123,6 millones, monto muy superior a los US$77 que recibirá el concurso para pagarle a los acreedores de Pluna.

A su vez, la empresa que se lleva los aviones se dedica a vender aeronaves en leasing (arrendamiento con derecho a compra). Compran y colocan a un precio mayor. Es decir, no los operan ni los mantienen, sino que hacen un negocio financiero.

Ello explica en buena medida por qué no hubo ofertas más elevadas por los aviones y la masa de acreedores pierde de recaudar varios millones (según la cuenta de Avitas, más de US$ 46 millones).

Según dijo a El Observador el síndico del concurso de Pluna, Gabriel Ferreira, las cinco empresas que ofertaron últimamente por los aviones de Pluna se dedican al mismo negocio que SAF.

“Nos hubiera gustado tener más ofertas y más elevadas por los aviones, pero no podemos seguir esperando”, comentó el profesional.

A la sindicatura, además, ya no le queda mucha plata para soportar los costos de mantenimiento de las aeronaves, estimado en US$420.000 por mes. “No tenemos forma de sostener ese costo, y nadie nos ofreció más dinero”, aclaró Ferreira.

La jueza evaluó de las cinco propuestas el tipo de empresa interesada, las condiciones de entrega y forma de pago. Ferreira informó que SAF pagará al contado los siete Bombardier, y se los llevará de Uruguay a partir de agosto de a uno, y cada 20 días.

A juicio del síndico, podría haber ofertas más elevadas por las aeronaves si se presentaban aerolíneas o empresas del ramo. Ello no sucedió, a su modo de ver, por las derivaciones judiciales que rodearon al cierre de Pluna y el impacto mediático.

Algunas de las aeronaves vendidas necesitan un mantenimiento mayor por parte del fabricante con un costo millonario. Ese gasto corre por cuenta del comprador, según se acordó con SAF.

El dinero recaudado será depositado en una cuenta judicial hasta tanto no se resuelva si Pluna Ente Autónomo percibirá algo de la venta. La empresa pública tiene la hipoteca (que levantó para poder venderlos a un tercero) de las aeronaves, ya que se compraron con un préstamo del Scotiabank y la garantía soberana del Estado. Pluna Ente cobraría para recuperar el dinero de las cuotas canceladas ante el Scotiabank.

Segundo aniversario. Se cumplen este sábado 5 de julio, dos años exactos del momento en el que el gobierno de José Mujica decidió bajar la cortina de la aerolínea de bandera Pluna. Fue un jueves a la tarde. El ministro de Economía de entonces, Fernando Lorenzo, y el de Transporte, Enrique Pintado, acordaron con el presidente ir a concurso voluntario de acreedores de la sociedad anónima en la que el Estado tenía 25%. A esa altura hacía tres semanas que a Matías Campiani (el argentino socio de Pluna, en prisión desde diciembre de 2013 por un delito continuado de estafa especialmente agravada) lo habían desplazado de la conducción de la compañía.

La aerolínea tenía varios frentes abiertos, principalmente comerciales, aunque también judiciales. Según cuenta el libro “Pluna, la caja negra”, en esas horas dramáticas para la empresa, el director general de Secretaía del ministerio de Economía, y director accidental de Pluna, Pedro Apezteguía, miró a los ojos a Pintado y le dijo: “Te queremos mucho, pero en cana no vamos a ir”. Pluna había entrado en insolvencia financiera y patrimonial.

De todo ese proceso de cierre quedó un tendal de deudas, cientos de desocupados y un déficit en la conectividad aérea. Además, producto de las decisiones de gobierno para encontrar una salida al cierre de la compañía, hubo un escándalo que derivó en procesamientos al ministro Lorenzo y el presidente del Banco República, Fernando Calloia, por parte de la Justicia del Crimen Organizado.