Caracas. El presidente de Fedecámaras –que agrupa a los empresarios de Venezuela-, Noel Álvarez, aseveró durante un discurso en la Cámara de Comercio de Valencia que los consumidores del país piden una mayor oferta de productos y que los empresarios comparten esta visión.

"Quienes parecen no darse cuenta son los representantes gubernamentales, que repetidamente se niegan al diálogo que los venezolanos están pidiendo", señaló.

"La falta de diálogo -agregó- ha permitido la existencia de grupos que se enriquecen a las sombras del poder, como ha ocurrido recientemente con los alimentos descompuestos".

En cuanto a los precios, señaló que la ciudad más costosa de Venezuela es la capital carabobeña. "Las cifras del Banco Central de Venezuela indican que los precios en Valencia se han incrementado 17,5% en lo que va de año".

Reiteró lo que han planteado desde el sector empresarial: "La inflación es una enfermedad y la cura para esta enfermedad es la producción, y para que exista producción se requiere confianza, respeto a la actividad empresarial y a las libertades económicas. Desconocer esto, como ha venido ocurriendo, nos llevará sin dudas por el camino equivocado, el camino del incremento de la pobreza".

Destacó que en el sector comercio han visto una caída que recientemente Consecomercio calculó en 20%.

"Ojalá el Gobierno comprenda que en su empeño por acabar con el sector privado está acabando con los empleos y destruyendo nuestra economía", aseveró.

Cada dos semanas, María Barrios, ama de casa, sufre en carne y hueso el problema del desabastecimiento. No encuentra productos que habitualmente compraba y con desesperación admite que la situación del país la ha obligado a hacer periplos por supermercados para poder comprar todo lo que desea de la cesta básica.

"Cuando no falta un producto, falta otro. Los anaqueles de los supermercados tienen un constante cambio de marcas y el perjudicado, en la mayoría de los casos, es el consumidor final", dice Barrios con voz de decepción, a la cual ya se ha acostumbrado.

Barrios tiene tres hijos y aparte de su labor de madre en la práctica es una administradora, que hace lo imposible para que rinda el sueldo de su esposo, que es ingeniero en sistemas. Sacar la cuenta se ha vuelto un suplicio y administrar el dinero una odisea, pues no le alcanza.

Los viajes de vacaciones a Margarita se han reducido. Las actividades de recreación y los antojos que se salen de la lista de compras tradicional se han perdido en la familia de Barrios. Ahora sólo queda ajustarse o, como dicen popularmente, "arroparse hasta donde la cobija alcance".

Un estudio elaborado por Datanálisis acerca de las características del consumidor venezolano, con estadísticas de 2009, describe la situación de María Barrios y certifica que no está alejada de la realidad del país.

Para el consumidor venezolano la compra de alimentos es prioritaria. Ha tenido que cambiar de marcas ante la escasez, y la adquisición de otros productos, como vestido o calzado es un lujo, un gasto suntuario que hace esporádicamente.

En cuanto al ahorro, éste quedó en el pasado.

Falta aquí y falta allá. Roraima Hernández va saliendo de un supermercado del oeste de Caracas. En su rostro muestra el cansancio y el calor de un día de compras para la casa. Ella lleva cinco años desempleada y se dedica a las labores del hogar. Todavía recuerda cuando podía elegir entre el aceite de su preferencia y todos los demás que había en el mercado.

Algo que parecía tan insignificante para un ciudadano corriente, como el hecho de elegir un producto por simple "lealtad a la marca", se ha vuelto una proeza. Entre estantes que simulan tener todos los productos desaparecen de la vista la margarina, la harina de maíz, la leche completa, el atún al agua, el aceite y el azúcar.

La intermitencia en la que aparecen estos rubros agobia a Hernández. En otras oportunidades, hace algunos años, había vivido el desabastecimiento de productos pero, según ella, "ahorita el problema es mayor".

La competencia. Las grandes cadenas de supermercados tienen nueva competencia y es que el Gobierno desde la expropiación del Hipermercados Éxito decidió ingresar en el negocio de la distribución de alimentos a gran escala, lo que se constituye en una competencia desleal, según el estudio de Datanálisis.

Lo que eran antes los pasillos de Cada hoy son los de Abastos Bicentenario. A simple vista ni el color del local cambió, pues en el anterior predominaba el rojo, aunque no tenía que ver con el de la revolución.

Los anaqueles se mantienen iguales, los consumidores siguen comprando, nuevos productos con sello oficial se dejan ver y probablemente vienen a sustituir a algunos otros que hoy escasean.

La harina de maíz, el arroz y los granos de la Corporación Venezolana Agraria, institución que nació en 2001 para cumplir con la meta de la soberanía alimentaria del gobierno del presidente Hugo Chávez, son los que notoriamente se dejan ver.

Venden hasta seis kilogramos de carne por persona y el aceite "brilla por su ausencia".

Llenar la despensa. Carlos Torres es otro consumidor preocupado por los alimentos. El aumento de precio es un factor determinante a la hora de hacer sus compras y no la marca, a la que da menos importancia.

"Yo gano sueldo mínimo, vivo con mi mamá y un primo, tenemos que contribuir todos o no nos alcanza para poder comer bien, sea de la marca que sea", dice el hombre que hace sus compras en el Bicentenario.

El consumidor venezolano ha dejado de ser el mismo. El objetivo es llenar la despensa, en vez de escoger la marca de preferencia.

Las marcas reconocidas y con años en el mercado venezolano tienen altibajos en esta economía que fluctúa sin dejar respirar al que paga.

El desabastecimiento establece pautas a la hora de hacer las compras. Los recorridos por los supermercados para encontrar determinados productos son incesantes y ardua es la tarea de hacer rendir el dinero en cada paso.