La crisis que atraviesa el sector eléctrico no es un problema aislado, al enmarcarse en un contexto de deterioro general de la matriz energética nacional. La desinversión en sus tres rubros claves de desarrollo -petróleo, gas y electricidad- es el punto de partida de esta situación, que se viene gestando desde hace algo más de una década.

Estas consideraciones del analista del entorno eléctrico Nelson Hernández explican que la problemática presente en el Sistema Eléctrico Nacional (SEN) es una pieza más de la tríada energética que se ha convertido en un círculo vicioso muy difícil de resolver en el corto plazo.

"Si comenzamos a hacer cosas hoy, dentro de tres años recién se comenzarán a ver los resultados", comentó Hernández.

Una fuente ligada al sector oficial asegura que esta tesis es acertada. Señala que el problema es energético, no solo eléctrico, por lo que su solución pasa por desarrollar e invertir en todo el engranaje energético del país, y planificar en función de sincronizarlo. "Nada se hace con estar montando plantas que trabajan con gas, si tenemos déficit de gas. Hay que hacer lo necesario para abastecer al mercado interno, pero sin alejarse del objetivo de la exportación", afirma.

Según cálculos de Hernández, se requieren para los próximos cinco años unos US$300.000 millones  para estabilizar al sector energético, y a partir de allí planificar interanualmente para satisfacer la demanda que se proyecta a futuro.

Para conocedores del tema, determinar las prioridades y saber exactamente por dónde empezar a resolver el problema es complicado, pero no imposible.

Coinciden en que una medida imprescindible en el corto plazo es la implementación de un nuevo esquema de tarifas eléctricas. Este factor podría ser de gran ayuda para la autonomía financiera de la Corporación Eléctrica Nacional (Corpoelec).

"La señal de precios hay que rescatarla poco a poco. Debe estar acompañada de un programa de subsidio a las clases más desposeídas, de modo que la elevación de tarifas no afecte a ese componente social, pero que, a la vez, sea efectiva y también racional para pechar a aquellos que consumen más", comentó una fuente del sector oficial.

El ministro de Energía Eléctrica, Alí Rodríguez Araque, ha señalado públicamente la necesidad de un ajuste tarifario, toda vez que el canon se encuentra congelado desde hace 11 años, y en los actuales momentos apenas cubre 50% de la nómina de Corpoelec. Sin embargo, el titular del despacho eléctrico asegura que existen escenarios que se han analizado con rigurosidad, pero que la decisión no está en sus manos.

"El Ministerio de Energía Eléctrica no tiene recursos para hacer lo que se debe hacer. El ministro está consciente y sabe lo que tiene que hacer pero no sabe cómo", comentó el informante.

Más cosas que hacer. Para Nelson Hernández, lo primero que hay que resolver es el déficit de gas en el país. Explica que aumentando su producción es posible solucionar gran parte del "caótico" panorama eléctrico.

"Si tienes gas puedes liberar productos refinados para exportar, si tienes gas pones a funcionar el plan de gas vehicular Autogas, puedes alimentar el consumo doméstico residencial con GLP para las cocinas de los hogares, puedes impulsar la petroquímica y todo su desarrollo aguas abajo, entre otras muchas cosas más", indicó.

El analista expresa que el sistema eléctrico está demandando para las plantas termoeléctricas unos 110.000 barriles diarios de combustibles líquidos como el diésel y el fueloil. Y si a modo de referencia se habla de barriles de petróleo equivalentes, el consumo de gas para este sector está en el orden de 95.000 barriles, y su déficit podría significar un mayor consumo de diésel y fueloil.

Según estimaciones de funcionarios del Gobierno, la carencia de gas en el país gira en torno a 2.200 millones de pies cúbicos por día, mientras que la producción -señalan datos de la Memoria y Cuenta del despacho de Energía y Petróleo- es de 6.904 millones de pies cúbicos por día.

Se estima que de no crecer la producción de gas, el consumo solo de diésel, en el próximo año y medio, podría elevarse a unos 100.000 barriles diarios o más, si se incorporan al sistema los 4.000 megavatios de generación prometidos por el Gobierno.

Esta casi segura posibilidad continuaría atentando contra las ya mermadas exportaciones de diésel y fueloil, tomando en cuenta que la producción nacional del primero no sobrepasa los 250.000 barriles diarios.

El propio ministro de Energía y Petróleo, Rafael Ramírez, reconoció que la demanda de combustibles en el mercado local ha repuntado y se ubica en 640.000 barriles diarios, lo que revela un elevado consumo de energía fósil en este primer trimestre, considerando que la Memoria y Cuenta 2010 reseña que durante ese año se comercializaron 549.000 barriles diarios de combustibles refinados en el país.

Trampa. De acuerdo con analistas del entorno, la trampa energética en la que está inmerso el país tiene que ver con el incumplimiento de todos los proyectos que se amasan desde agosto de 2005, último año en el que se dio a conocer un plan de negocios del sector de los hidrocarburos. Conforme han pasado los años, en el camino, se han formulado correcciones en los cronogramas y metas.

¿Y cuál es el punto? La producción petrolera ha venido decayendo en los últimos años. De acuerdo con la última estadística de bombeo suministrada por el despacho de Energía y Petróleo, durante 2010 el promedio fue de 2,89 millones de barriles al día, mientras que hace una década Pdvsa alcanzó un nivel de extracción de 3,4 millones de barriles diarios.

Al disminuir la extracción de crudo, automáticamente se contrae la de gas, y viceversa.

Esta primera trampa, que ha devenido en la merma de ambos productos, tiene como agravante que cerca de 85% de las reservas de gas del país están asociadas al petróleo, y por ende, a la actividad de extracción.

Occidente ha sufrido en carne propia la desinversión. Según fuentes de la industria, la producción que en algún momento se ubicó en 1,2 millones de barriles al día, hoy escasamente alcanza los 640.000 barriles diarios.

El colapso provocado por la salida de la planta eléctrica Termozulia I, hace dos semanas, es una clara muestra del problema. Esta planta se abastece del gas proveniente de Colombia, por lo que la suspensión de suministro luego de la explosión del gasoducto Antonio Ricaurte, generó el colapso eléctrico que sacó del sistema más de 1.000 megavatios.

Por otra parte, la falta de diésel para activar la alternativa de uso del combustible líquido no pudo hacerse efectiva, pues se carecía del producto en los contenedores, aseguró el ex funcionario de Enelven, Ciro Portillo.

Cabe entonces la interrogante de qué es lo que está pasando con el sistema refinador del país, comenta Nelson Hernández.

Los proyectos que se requieren de manera urgente son los de gas libre costa afuera, y están paralizados. Empresarios sostienen que pese a los prometedores descubrimientos de grandes yacimientos, no ha sido posible acelerar la siguiente fase.

El crecimiento de la demanda energética es una realidad humana insoslayable, las poblaciones crecen y por ende sus necesidades. Venezuela no se ha proyectado en el tiempo y no ha ideado un plan global energético que gire en torno al panorama local.

La generación de electricidad, la petroquímica, el transporte, la industria y todo el engranaje económico va de la mano con la producción de gas, petróleo y productos refinados.

La respuesta al acertijo es simple para analistas. El Gobierno debe generar un plan local de desarrollo energético en el que ninguna pieza quede aislada.