Todavía no terminaba la resaca de las fiestas de fin de año, cuando el gobierno colombiano anunció la venta de sus acciones en Isagen, la segunda mayor generadora de energía eléctrica del país, a través de un proceso de subasta que contó con un solo participante. De esta forma, el Estado obtendría recursos necesarios para realizar varias de las ambiciosas obras de infraestructura que adelanta en todo el territorio.

En un proceso que ha recibido críticas de diversas partes de la sociedad colombiana, la empresa canadiense Brookfield Asset Management adquirió el 57,6% de participación, por 6,49 billones de pesos (cerca de US$2.100 millones). Una semana antes de realizarse esta subasta, la chilena Colbún retiró su oferta por considerar que las condiciones de precio no eran favorables, lo que dejó el camino libre para que ganara la única participante.

Por años, Isagen fue considerada una de las ‘joyas de la corona’ entre las empresas públicas del país andino. Esta generadora no sólo cubre con sus servicios a la mayoría de las regiones colombianas, sino que además es pieza clave para la interconexión con otros países, como Venezuela, Ecuador y Perú.

En la actualidad, la compañía opera seis centrales hidroeléctricas y una termoeléctrica que producen en conjunto 3.032 megavatios. Gracias a esta capacidad total instalada, contribuyó con el 16,49% de la demanda de energía eléctrica de Colombia, que se tradujo en ingresos por 2,33 billones de pesos (US$742 millones), con una utilidad neta de 436.583 millones (US$140,8 millones) durante 2014.

De acuerdo con Simón Gaviria, director del Departamento Nacional de Planeación (DNP), a pesar de que reportaba unos beneficios anuales considerables, en este momento de coyuntura resultaba más rentable para Colombia vender su participación en Isagen y destinar esos recursos terminar las obras para modernizar su infraestructura.

“Los dividendos de la empresa que recibía la nación cada año ascendían a 145.000 millones de pesos (US$46 millones). Con esto, se necesitarían 45 años para recibir todos los recursos producto de la venta. Además, la rentabilidad económica del programa de infraestructura de cuarta generación se estima en 18,3%, que es superior al retorno que generan las inversiones en el sector eléctrico”, dice Gaviria.

El ejecutivo resaltó que el valor por el que se vendió la empresa equivale a más de 14,4 veces el Ebitda obtenido en 2015. Con esto, el gobierno obtuvo más del doble que el promedio de las transacciones para compañías comparables de generación eléctrica en la región, estimado en 6,8 veces el Ebitda.

En esto concuerda Juan Martín Caicedo, presidente de la Cámara Colombiana de Infraestructura, quien sostiene que mientras Isagen generaba una rentabilidad de 10%, las nuevas carreteras representarán una tasa de retorno cercana al 18,3%. Entonces, por cada peso que el gobierno invierta en estas vías recibirá 0,56 pesos de retorno al contemplar el ahorro en los tiempos de desplazamientos y la reducción de los costos de operación de los vehículos.

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“La venta de Isagen garantizará que el sector de la infraestructura continúe jalonando a la economía nacional frente a la caída de los precios del petróleo. De esa manera, también podrá contribuir con el crecimiento económico en momentos de notorias dificultades fiscales”, dice Caicedo.

Voces en contra

A pesar de que el valor de venta de Isagen fue 48% superior al precio de las acciones en bolsa cuando se fijó su precio, la transacción no ha sido bien vista por diversos sectores de la sociedad colombiana. Incluso, un sondeo realizado por la emisora W Radio muestra que más del 95% de sus oyentes no estuvo de acuerdo con la venta de estas acciones, pues consideraba que se trataba de una empresa pública exitosa, con ganancias que el gobierno podría usar para adelantar obras públicas.

Asimismo, diversos líderes políticos de derecha, de centro y de izquierda se unieron para manifestar su rechazo contra la transacción, que el gobierno sacó adelante contra viento y marea. El ex presidente Álvaro Uribe fue uno de los primeros en mostrar su inconformidad por las condiciones y por el precio con que se realizó la subasta, muy por debajo de lo esperado al tener en cuenta los niveles de ingresos y activos de la organización. Según el Informe de gestión de 2014, Isagen tenía activos valorados en más de 8 billones de pesos (cerca de US$2.500 millones).

“Es probable que se haya realizado esa venta por debajo del precio, pues la hacienda pública esperaba recaudar con esta operación cerca de 9 billones de pesos (US$ 2.900 millones). Entonces, podríamos estar viendo un detrimento patrimonial superior a los 2 billones de pesos (US$645 millones)”, dijo Guillermo Rodríguez, apoderado del ahora senador Uribe, a AméricaEconomía.

Por su parte, para la senadora Claudia López, del partido de centro Alianza Verde, es incomprensible que se haya realizado una subasta con un solo proponente, que además tiene investigaciones por corrupción en otros países. Y es que Brookfield se encuentra en medio de una investigación por el presunto pago de sobornos a autoridades de Sao Paulo (Brasil), para obtener permisos para construir centros comerciales en 2012. La empresa sostiene que estas acusaciones provienen de un antiguo empleado que salió en malos términos y a quien ya demandó.

“Es increíble que un sistema financiero como el colombiano, muy saludable y robusto, con más de 11 billones de pesos en ganancias (US$3.550 millones), no pueda organizar un crédito sindicado de 5 billones (US$1.612 millones) para financiar nuevas vías de cuarta generación y mantener Isagen, una empresa pública que produce buenos rendimientos y que cumple una función social importante”, dice López.

Otros líderes políticos han llamado la atención sobre el impacto futuro de que una empresa privada entre a controlar algunos recursos naturales claves para la sociedad. “El activo fundamental de Isagen es el agua embalsada. Lo que hizo Santos (sic) fue vender el agua de los colombianos”, afirmó el ex alcalde de Bogotá, Gustavo Petro.

No obstante las críticas, la venta de las acciones del gobierno en Isagen no ha incomodado a los compradores, ya que Brookfield podría ampliar su participación. Como las leyes colombianas estipulan que el comprador debe hacer la misma oferta a los otros accionistas, el Consejo de Administración de Empresas Públicas de Medellín estaría estudiando la posibilidad de ceder su 13,14%.

Por lo pronto y con tanta crítica de por medio, el gobierno colombiano tendrá que invertir muy bien los recursos obtenidos con esta venta de Isagen, pues, ante la aparente falta de transparencia al realizar una subasta con un solo oferente, tendrá encima todos los ojos de la opinión pública para darle la razón o condenarlo.

Los accionistas de Isagen

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Fuente: Isagen - Informe de Gestión 2014

¿Quién es el nuevo socio de Isagen?

El fondo de capital privado Brookfield Asset Management Barbados es el nuevo accionista mayoritario de la generadora eléctrica Isagen, en Colombia.

Aunque tiene su domicilio en Barbados, forma parte de la multinacional canadiense Brookfield Asset Management, una administradora de activos de bienes raíces, energía e infraestructura. La empresa madre administra activos por más de US$225.000 millones. En América Latina tiene sus mayores activos en Brasil, donde gestiona varias hidroeléctricas pequeñas, parques eólicos y plantas de generación de energía.