Santiago. Un terremoto de magnitud 8,8 destruyó en febrero 125 millones de litros de vino chileno, y con eso, un pequeño trozo del corazón del país. Y es que la bebida sirve de timón a las aspiraciones patrias.

Pese a estar en el tope en Latinoamérica, el estándar de vida chileno no es europeo y los mejores vinos locales no alcanzan el prestigio de un Barolo o Bordeaux. Pero son metas a las que la nación aspira.

"El vino es el producto embajador de Chile. Es el único producto del que todo el mundo sabe", dijo René Merino, presidente del grupo industrial Vinos de Chile. "Cuando la gente se compra un vehículo, ellos no saben que una buena parte de los cables de cobre en su interior vienen de Chile y tampoco les interesa. El producto que se relaciona con el país es el vino", explicó.

La industria vitivinícola local también da lecciones al gobierno del presidente conservador y multimillonario Sebastián Piñera, mientras piensa en la reconstrucción tras el gran sismo y tsunamis de la madrugada del 27 de febrero.

Las pérdidas a la industria por el terremoto están estimadas en unos US$300 millones por destrucción de vinos y daños en las maquinarias. Esa cantidad representa 1% de los US$30.000 millones del golpe total que dejó la catástrofe a la economía chilena.

Las uvas de las parras resistieron bien durante el terremoto. El daño se produjo principalmente cuando se volcaron los barriles de madera y las bateas de acero, derramando un equivalente al 12,5% de la cosecha 2009.

Si Chile logra un buen crédito para endeudarse en los mercados externos o si gasta gran parte de sus cerca de US$12.000 millones de ahorros soberanos -gracias al cobre-, fortalecerá el valor del peso, lo que recortaría ganancias de los viñateros. Actualmente ellos exportan cerca de 70% de la producción, con una recaudación de US$1.400 millones para Chile.

"Por supuesto que tendremos que pagar el precio de esta catástrofe y la idea no es destruir la economía dejando que el peso suba mucho o que se dispare la inflación", dijo Santiago Margozzini, enólogo y jefe de viña de MontGras en Palmilla, en el corazón del valle de Colchagua.

El soleado valle de Colchagua es la cuna de algunos de los mejores vinos de Chile, ideal para el crecimiento de la variedad Carmenere, exclusiva del país.

El estable clima chileno y sus manos expertas han creado algunos de los mejores vinos nuevos del mundo y su imagen se vio impulsada por algunos premios internacionales que mejoraron su prestigio.