Mientras la primavera calienta las arenas del desierto de Gobi en la vasta región de Mongolia, en China, no sólo los camellos están contentos de ver el fin del largo y frío invierno.

A tan sólo unos pocos cientos de metros de las altas dunas de arena, los trabajadores desentierran hilera tras hilera de viñas enterradas bajo la arena para protegerlas de unas temperaturas de hasta 20 grados bajo cero.

Estas viñas están ayudando a impulsar la creciente industria vinícola china, que ha crecido a pasos agigantados en los últimos años mientras la nación más poblada del mundo se vuelve más rica y abraza gustos extranjeros.

Chateau Hansen, la primera en plantar viñas junto al Gobi a principios de los 80, dice que el seco y caluroso verano, combinado con el suministro de agua que proporciona el cercano río Amarillo, hacen de este lugar uno de los mejores de China para producir vino.

Su viñedo de tamaño moderado cerca de la ciudad de Wuhai, 670 kilómetros al oeste de Pekín, tiene ahora 250 hectáreas de viñas de las variedades Merlot, Cabernet, Sauvignon, y Cabaret Gernischt.

"La temperatura más baja alcanza los 20 grados bajo cero, pero en verano puede alcanzar los 38 ó 40", dijo Li Aixin, responsable de viticultores de Chateau Hansen.

"Aquí las cuatro estaciones son buenas para el crecimiento de las viñas, pero en invierno tenemos que enterrarlas bajo tierra" para evitar que se congelen.

Según Hansen, una repentina preferencia por el vino frente al baijiu en los banquetes oficiales hizo que los beneficios de la compañía casi se doblaran respecto a 2010, llegando a los US$18 millones en 2011, y esperan volver a doblarlos para 2012.

El consejero delegado de Hansen Han Jiapaing, confía en que el desarrollo de la industria

China se ha convertido en el quinto mayor consumidor de vino del mundo, por delante de Reino Unido, según un Estudio Internacional sobre Vino y Bebidas Espirituosas, que pronostica un crecimiento del 54 por ciento de 2011 a 2015, equivalente a mil millones de botellas más.