¿Una empleada de la empresa entró en uno de esos -tan inesperados como erráticos- momentos en que su eficiencia se desmorona y parece estar en otra parte (además de sobre maquillada)? No, no se trata de la presuntamente enigmática condición femenina, sino más bien de la lamentable y simplista condición masculina. Al menos de la de muchos especímenes del género: creer que las emociones se modelan a los golpes. El libro Los costos empresariales de la violencia contra las mujeres en el Perú, de Arístides Vara Horna, director del Instituto de Investigación de la Facultad de Ciencias Administrativas y Recursos Humanos de la  Universidad de San Martín de Porres, en Lima, acaba de revelar el impacto de tal actitud en la economía peruana. Las cifras alarman. La investigación -para la cual se encuestó a gerencias de recursos humanos de 211 empresas, 1.309 trabajadoras y 1.881 trabajadores- estima que la violencia masculina dentro de las parejas causa que se pierdan 70 millones de días laborales por año, lo cual conlleva una pérdida económica de US$6.744 millones anuales. El estudio también calcula que 23,4% de las trabajadoras remuneradas del país fueron víctimas de algún tipo de violencia por parte de sus parejas o ex parejas, cuatro veces por año en promedio, entre marzo de 2012 y el mismo mes de 2013. Progreso sin cortesía es retroceso.