Si nadie lo ha escrito, pronto alguien lo hará. Un Tango de la Carne Argentina sería una feliz cristalización de la letanía de aquellos que lloran varias pérdidas paralelas: la de primer exportador regional, la de primer consumidor planetario, la de soñadas cadenas de parrillas globales, etc. Según la posición política de quien llora se acusará a las políticas gubernamentales que desalientan las exportaciones (y buscan mantener bajos los precios de cortes caros para el mercado interno), a los productores sojeros que expulsan hacia tierras marginales a los de carne. Ello sin mencionar la responsabilidad del boom de los feedlots en Uruguay y la fenomenal expansión ganadera de Brasil (sí, responsable de la tala de la Amazonía en Rondônia y Acre). Pero, sorpresa, el prestigio pastoral de la carne de las pampas no sólo ha sobrevivido, sino que tiene precio. Uno alto. Un informe del Ministerio de Agricultura reveló que, en los márgenes en que son exportados, los cortes argentinos obtienen un precio 78% superior a los de sus competidores brasileños: US$8.000 frente a US$4.500 por tonelada. 

Es cierto: Brasil exporta ocho veces más que Argentina (500.000 toneladas contra apenas 60.700), pero lo perjudica que gran parte de su carne pertenece a razas como la cebú, menos valoradas que las tradicionales de climas más templados. Y también que lo escaso, si es sabroso, siempre cuesta más.