En el gobierno existe una cierta preocupación acerca del retorno del impacto sobre el transporte, el comercio y el turismo que los cortes de ruta vinculados con la pastera sobre el Río Uruguay pueden provocar al país, tal como lo hicieron hace más de siete años atrás.

Fuentes del oficialismo transmitieron esta inquietud debido a los antecedentes que se remontan al verano del año 2006 cuando los piquetes en Gualeguaychú en protesta contra la empresa –por entonces en manos de Botnia- le costaron a Uruguay unos US$400 millones, principalmente por el fuerte descenso de turistas argentinos.

Durante una conversación telefónica con el líder blanco Jorge Larrañaga, el presidente José Mujica expresó el pasado domingo 29 su inquietud por las consecuencias de autorizar a la empresa UPM el aumento de su producción pero consideró que la decisión debía ser “la que más le convenga al país”. El mandatario se refirió, entre otras cosas, a la posibilidad de que volvieran los cortes de ruta en Gualeguaychú.

Larrañaga, quien le había sugerido a Mujica la fórmula de permitirle a la pastera un incremento de producción de 100 mil toneladas anuales, le expresó todo su apoyo ante el diferendo con Argentina y también se mostró expectante ante la reacción de los ambientalistas.

Los piquetes que, con intermitencias, acosaron la ruta que comienza en el puente San Martín, provocaron la pérdida de 200 fuentes de trabajo en Fray Bentos en el año 2007 y en el 2008 el entonces presidente Tabaré Vázquez aprobó la distribución de US$ 125 mil entre 65 personas que vivían de su labor en el puente internacional.


En aquel entonces, quienes querían cruzar hacia o desde Uruguay debieron utilizar el puente Colón-Paysandú. Hasta que ese camino también fue taponeado desde la vecina orilla. Entonces, los automovilistas debieron subir hasta Salto o, del lado argentino, hasta Concordia para pasar de un lado al otro.

El tiempo de viaje y de kilómetros, para transportistas y turistas, aumentó en un 70%. Tras la decisión de Mujica sobre la pastera que ahora regentea UPM, no se sabe qué actitud asumirán en Concordia. Pero ayer en Gualeguaychú los ambientalistas ya empezaron a poner trabas en el camino.

Piquetes. El fantasma de los cortes de ruta está más vivo que nunca. Esa idea retomó fuerza en la manifestación que ayer llegó hasta el puente General San Martín con la intención de cruzar hasta Fray Bentos y protestar contra UPM.

El cordón dispuesto por las fuerzas de choque de la Prefectura uruguaya que se desplegó para cortar el ingreso fue tomado como una provocación por quienes participaban del acto, y el miércoles 9 cuando sesione la Asamblea Ambiental Ciudadana los piquetes estarán en primer lugar de la agenda.

“Hay que desajustar tornillo por tornillo esta planta”, repetía el parlante para arengar a los argentinos que llegaron hasta la cabecera del puente sobre las cinco de la tarde. “Venimos pacíficamente, no entendemos el por qué de estas barricadas”, se escuchaba.

Alrededor de 900 vehículos fueron los que pasaron por el puesto de control de Arroyo Verde, aunque no todos pudieron llegar hasta el lugar porque la caravana quedó trunca. Del otro lado del paso de frontera y en el restaurant “Mediomundo “ el intendente de Río Negro, Omar Lafluf, estaba listo para recibir a su par de Gualeguaychú, Juan Bahillo y a una delegación de militantes ambientales, tal como se había acordado dos días antes.

El malestar que había entre los argentinos hizo que el tema pasara a debate e incluso desató discusiones entre ellos. “O pasamos todos, o no pasa ninguno”, dijo uno de ellos. “No discutamos delante de la prensa”, respondió otro. “Hermano déjate joder, las asambleas son así”, retrucó un tercero.

A un costado de la ruta, el intendente Bahillo que portaba al hombro una bandera de su país esperaba para saber qué hacer. “Esto no es una acción de las autoridades. La asamblea decidió no cruzar y nosotros acatamos”, dijo a El Observador.

“Tenemos que hacerles lo mismo. Ellos cortan, nosotros cortamos. Los que necesitan pasar son ellos. Nosotros no necesitamos nada”, gritaba desde un costado de la ruta una señora con un niño en sus brazos .

El acto se cerró con la lectura de una proclama en donde se criticó con dureza al gobierno uruguayo y se llamó a que el gobierno encabezado por Cristina Fernández actúe con “firmeza” y “seriedad”. En el discurso también hubo palos para el canciller Héctor Timerman a quien se acusó de “reconocer de forma tardía los índices de contaminación” y de “ocultar” datos a la población.

El ambientalista Juan Veronesi calificó de “lamentable” la decisión de impedir el paso y repitió que su organización “nunca cerró” la frontera. Consultado por El Observador sobre la intención expresada por el gobierno de su país de denunciar el caso nuevamente en la Corte de La Haya se mostró con pocas esperanzas de que el litigio sea favorable. “Ya tuvimos un garrotazo de ellos. Siempre favorecen a los del norte”.

Entre cánticos y el sonar de las bocinas comenzó el regreso.”Gualeguaychú no va a aflojar. Uruguay tampoco. Aire limpio, agua limpia. No a las papeleras”, repetían, mientras que desde un improvisado estrado montado encima de una camioneta se invitaba a volver con calma porque el arranque del superclásico entre Boca y River Plate se había retrasado una hora.
Sentado en una mesa del “Mediomundo” seguía esperando Lafluf porque lo habían dejado plantado. “¿Lo que quiero saber es si algún día van a venir?”, se preguntó el intendente en conferencia de prensa y notoriamente molesto.