Los argentinos “tienen la manía de complicarnos las cosas” dijo este martes el economista Javier de Haedo. La próxima temporada estival no será la excepción ni mucho menos, donde los problemas se verán reflejados, una vez más, en las restricciones de tipo cambiario implementadas por el gobierno argentino. Por su efecto, se notará una caída en el gasto de los turistas de ese país que se traducirá en un menor ingreso de divisas estimado en 20%, respecto a la temporada anterior.

Brasil, aunque se trata de una relación menos carnal, también genera preocupaciones a nivel económico, sobre las que coincidieron otros analistas durante la conferencia titulada “Uruguay: impacto del cambiante contexto regional y global” organizada por BBVA.

De Haedo dijo que en la temporada turística que se acerca, los argentinos dejarán US$100 millones menos que el año anterior. En la pasada temporada gastaron por descansar en Uruguay unos US$622 millones y en en la próxima esa cifra se reducirá a US$521 millones. El economista adujo que este fenómeno responde a la política económica restrictiva del gobierno de Cristina Fernández.

Desde hace más de un año y medio, con la idea de evitar una fuga de divisas –las reservas internacionales están en US$35.000 millones– la administración kirchnerista impuso limitaciones con un cepo cambiario para los ciudadanos para el acceso a divisas y para realizar gastos en el exterior. A la vez, aplicó una serie de medidas en dirección a restringir las importaciones para alentar la producción nacional. La nueva realidad llevó a que en el mercado convivan hoy dos cotizaciones: el dólar oficial, que se encuentra en torno a 5,40 pesos argentinos, y el dólar blue, que está en unos 9,40.

“La brecha es muy grande”, según De Haedo. “Esto es muy importante para nosotros. El dólar oficial es relevante para el comercio y el otro para la mayor parte de las transacciones como el turismo o los negocios inmobiliarios”. 

De acuerdo al analista, Argentina es “insustituible” como cliente turístico al aseverar que dos tercios de los ingresos del país por ese concepto provienen de este vecino. “Les exportamos desde dentro de nuestras fronteras, en vez de enviarles carne en contenedores refrigerados, se lo servimos en un plato en un restaurante”, afirmó.

En relación al otro vecino, Brasil, dijo que a Uruguay le traerá “problemas con el mundo”, y que se trata de una nación que siempre ajusta antes de tiempo. Cuando el nuevo ambiente global se consolide –de mayores tasas, dólar más fuerte y menor precio de los commodities–, Brasil será uno de los más afectados. 

“Hace dos años nos divorciamos con Brasil. Estábamos $12 por real, y estamos entre $9 y $10 por real. El impacto que tiene en la frontera es contundente. Las exportaciones caerán”.

“Malos vecinos”. Gabriel Oddone, socio de CPA Ferrere y también participante del evento, concuerda en ese panorama que enfrenta Brasil, país que se encuadra dentro de los emergentes que enfrentan un escenario menos favorable en el futuro próximo. Sin embargo, la situación no es de máxima gravedad y no se vislumbra una crisis de balanza de pagos, añadió.

El economista enfatizó que el sector externo de Uruguay está “fuertemente perforado”. Recordó que el nivel de precios en dólares sigue siendo el principal desafío, en el que se destaca la situación con Argentina con en un abaratamiento de ese mercado frente a Uruguay “muy significativo”.

Uruguay está 20% más caro que sus socios comerciales, dijo Oddone. El abaratamiento para el uruguayo que viaja y lo costoso que resulta el país para el extranjero, queda en evidencia en los números que el economista desplegó: con datos hasta junio y comparado al mismo mes del año anterior, los gastos de los turistas orientales fuera de fronteras crecieron 49%, para llegar a US$1.117 millones. En cambio, los gastos de los turistas en Uruguay cayeron 15% y dejaron un monto de US$1.877 millones.

“Tenemos malos vecinos”, redondeó Pablo Rosselli, economista y socio de Deloitte. “Brasil crece poco y Argentina está con muchos problemas”. Frente a este panorama y ante una economía que crecerá menos, en torno al 3,5% en los próximos años, para Uruguay urge tomarse las cosas en serio, agregó.

Rosselli destacó que no vislumbra cambios políticos en Argentina que ayuden a superar la situación actual y es pesimista a que luchen para reducir el gasto público que hoy está en 8% del PIB, y a rebajar los enormes subsidios a la energía que aplica el gobierno K –para Oddone este es el nudo gordiano de los desajustes argentinos–. Argentina “no se dirige a una crisis, sino a una situación de estanflación”, señaló Rosselli.

Vuelve a caer la rentabilidad. La rentabilidad de la industria exportadora uruguaya siguió cayendo en julio, a pesar de la recuperación en el tipo de cambio. 

El indicador de excedente bruto unitario de la industria exportadora registró un deterioro de 1,4% respecto a junio. De todas maneras, desaceleró su ritmo de caída interanual, desde 9,8% interanual a junio, a 8,4% en los doce meses finalizados en julio. 

A pesar de la baja del dólar, los precios de exportación de algunos de los principales productos se comportaron a la baja y los ajustes salariales aumentaron los costos industriales.