“Las masacres que ocurren en el país son una forma de mantener bajo el miedo a toda la población”. Ese es el criterio de Ramón Custodio López, titular del Comisionado Nacional de los Derechos Humanos (Conadeh).

“El mensaje que se quiere dar es de intimidación, porque ya pasaron de la crueldad al número de víctimas por acto criminal”, enfatizó Custodio López. Cifras del Observatorio de la Violencia establecen que en los primeros nueve meses del año 2013 Honduras registró un promedio de diez masacres al mes en las que perdieron la vida en forma violenta al menos tres o más personas en cada uno de los hechos violentos.

El defensor de los derechos humanos considera que por lo menos en el último año “la tasa de homicidios se ha mantenido y no ha tenido los incrementos que venía manifestando de hasta 10 puntos por año”.

“Por lo menos se mantiene y los registros indican que no ha subido de la forma como lo venía haciendo cada año”, enfatizó.

Un informe del Conadeh establece que Honduras tuvo, en los últimos ocho años, un crecimiento acelerado en la tasa de homicidios por cada 100.000 habitantes, al pasar de 37 en el 2005 a 85,5 en el 2012, que contrasta con la tasa mundial establecida, que es de 8,8 homicidios por cada 100.000 habitantes.

“La pobreza y el desempleo generan en el país mucha desesperanza en adolescentes y jóvenes porque hay pocas oportunidades y también las respuestas de carácter institucional son bastante débiles, y en eso coincidimos mucho con el documento de la Iglesia Católica, que Honduras es una sociedad muy violenta”.

Sin embargo, en el análisis de lo ocurrido en el 2012, el Conadeh establece que no solo se redujo en un punto la tasa de homicidios en comparación a la registrada en el 2011, que fue de 86,5, sino que se evitó el crecimiento de la tasa anual entre tres y diez puntos que se venía suscitando desde el año 2004.

Custodio es del criterio que la tasa de muertes violentas no baja de la forma como quisiéramos porque “hay un crimen organizado que quiere que la tasa de homicidios se mantenga en los niveles más altos para desacreditar y denegar cualquier eficiencia y eficacia del desempeño policial”.

“Nos quieren hacer perder la fe en la depuración y la fe en el cambio de actitud de la Policía”, opinó.

De acuerdo al Comisionado de los Derechos Humanos “el mejor desestímulo para el delincuente organizado es que aumente la eficiencia y la eficacia de la Policía y de las demás unidades especiales de investigación y que produzcan resultados”.

Según Custodio, hay quienes están “apedreando” los buenos frutos, porque se están tocando intereses que han hecho de Honduras lo que nunca debió ser, “el nido del narcotráfico, de la impunidad absoluta de la corrupción” y queremos corregir esas cosas, puntualizó.

A manera de sugerencia, el ombudsman hondureño recomienda que para enfrentar la violencia delincuencial que se vive en el país será importante que este o el nuevo gobierno pongan en práctica una política criminal del Estado, que sea del Estado y no del gobierno.

Depuración de la Policía. Consultado sobre la depuración de la Policía, el defensor de los derechos humanos es del parecer que hay resultados y que parte de eso es que la población percibe ahora un mayor nivel de seguridad.

“La depuración de la Policía es un acto de soberanía y no habrá poder del mundo que lo detenga”.

Apuntó que la depuración de la Policía “es un acto colectivo que debe comprometer permanentemente a todos los hondureños”. Depuración que, según Custodio, la merecen los buenos policías que cada día arriesgan la vida y la seguridad de sus familiares en el cumplimiento del deber.

Reducción ha sido mínima. Por su parte Héctor Espinal, Oficial de comunicaciones del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), organismo internacional que está muy vinculado con el tema de la violencia en el país, dijo que el promedio mundial en la tasa de homicidios que “tolera” las Naciones Unidas es de 8,8 por cada 100 mil habitantes.

Sin embargo, en el caso de Honduras la tasa de homicidios para los departamentos de Cortés, Atlántida y Francisco Morazán es del 53,6, que son los sectores con la tasa más alta de violencia. Mientras que los departamentos con menores índices de criminalidad se encuentran los departamentos de Choluteca, Gracias a Dios y El Paraíso.

“Eso quiere decir que Honduras no llega ni siquiera a alcanzar la tasa tolerable de Naciones Unidas, o sea que el país vive una situación de gran dificultad”, aseguró Espinal.

Otra de las preocupaciones que se tiene en Unicef es que casi el 84% de los homicidios que han ocurrido en el país han sido por armas de fuego, lo que representa una situación difícil para el país “porque el tráfico de armas en Honduras y el uso de armas que hay en Honduras es bastante alto”.

Actualmente una persona puede tener seis armas, lo que hace que se viva una situación altamente difícil en materia de seguridad.

“Nuestro deseo es que hayan avances en materia de seguridad porque a nadie, ni mucho menos a Naciones Unidas, le interesa que en un país determinado el tema de la violencia se convierta en una de las principales causas de muerte de sus habitantes”.

Sin embargo, en Honduras “la reducción de la tasa de violencia ha sido muy, pero muy mínima. Eso significa que las estrategias de seguridad que el país ha venido aplicando no dan los resultados que se quieren”.

Espinal hace énfasis en un documento publicado por la Pastoral Cáritas, donde establece que “el tema de la violencia tiene características de orden estructural”.

Dichas características son determinadas por el nivel de pobreza y desempleo que tiene el país, pues son un terreno fértil para que el crimen organizado o el narcotráfico capte a los jóvenes y adolescentes, para que formen parte de este grupo, especialmente en el interior del país, que están a la orden de grupos muy organizados, con muy buena tecnología para que participen en secuestros, sicariatos, asesinatos y robos.

“La pobreza y el desempleo generan en el país mucha desesperanza en adolescentes y jóvenes porque hay pocas oportunidades y también las respuestas de carácter institucional son bastante débiles, y en eso coincidimos mucho con el documento de la Iglesia Católica, que Honduras es una sociedad muy violenta”.

Otra de las preocupaciones es ver que las comunidades y las residencias se encuentran “amuralladas”. Uno se encuentra encarcelado, contrario a lo que ocurría antes, que se visitaba a un pariente, pero ahora se tiene que llegar a las seis de la tarde a la casa porque de lo contrario “no entra o no sale”.

En relación al proceso de depuración de la Policía Nacional, nosotros consideramos que el proceso debe ser integral para los operadores de justicia.

“Sirve de algo que se depure la Policía, pero sirve de poco si no se depuran los otros operadores del sistema”, enfatizó Héctor Espinal. “Este 8.8 de tasa de homicidios que establece Naciones Unidas es obligación de los Estados de mantenerlo porque las instituciones del Estado están al servicio del ciudadano, porque si no hay empleo al menos debe haber un ambiente de paz y tranquilidad en el país”, dijo.

Además de eso, es del criterio que debe haber una segura política de prevención en la comunidad “lo que significa generar empleo y crear espacios amigables en cada comunidad”. También significa reducir la violencia intrafamiliar y crear estructuras de operadores de justicia fuertes en contra del crimen organizado. “Eso requiere que todo el sistema de justicia esté blindado y si las estructuras estatales no responden, se debe perder el miedo y el temor, por lo que se debe buscar y reclamar los derechos que constitucionalmente tiene el hondureño”.