América Latina deberá a acostumbrarse a un futuro en el que ya no contará con los vientos a favor de la llegada de flujos de capital y los altos precios de materias primas, indicó el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Los últimos datos del FMI apuntan a una desaceleración de la economía latinoamericana, que crecerá 2,7 % en 2013 y 3,1% en 2014, algo menos de lo esperada, frenada por el bajo crecimiento de sus dos principales economías, México y Brasil, y la creciente volatilidad de los mercados financieros.

"Se trata del crecimiento más bajo en los últimos cuatro años (...) Deben acostumbrarse a un contexto externo menos benigno", afirmó a Efe Alejandro Werner, director del Hemisferio Occidental del FMI, tras la rueda de prensa habitual para comentar la situación económica en la región en el marco de la reunión anual del FMI y el Banco Mundial que se celebra en Washington.

No obstante, indicó que "hoy en día la región se encuentra en una mejor posición que en el pasado" para hacer frente a la bajada de los precios de las materias primas y la salida de flujos de capital que se ha visto recientemente, así como a una desaceleración de la economía de China.

Otro elemento novedoso, que ha añadido volatilidad en los mercados financieros, es la actual incertidumbre fiscal en EE.UU y la amenaza de alcanzar el tope de deuda federal de US$16,7 billones la próxima semana, lo que obligaría a la primera economía global a declararse en suspensión de pagos parcial.

"Todos estos debates fiscales, tienen efectos sobre la economía. El cierre (de la administración federal) es un efecto moderado, pero a medida que se prolonga tiene mayores consecuencias", indicó Werner, quien destacó la especial sensibilidad de Latinoamérica hacia la economía de EE.UU.

Sin embargo, subrayó como principal problema "el techo de deuda, que de no moverse, tendría efectos muy importantes sobre EE.UU., y obviamente, sobre el resto del mundo".

Y que se suma a la prevista retirada del multimillonario programa de estímulo monetario por parte de la Reserva Federal (Fed) de US$85.000 millones al mes, que ya ha provocado la depreciación de ciertas monedas de mercados emergentes.

Como receta, el organismo internacional dirigido por Christine Lagarde apuntó a una mayor "solidez fiscal" y a utilizar la "flexibilidad" de tipo de cambio para contrarrestar este cambio de tendencia.

"Las autoridades deben resistir la tentación de adoptar políticas expansivas fiscales con el objetivo de compensar la moderación del crecimiento", precisó Werner.

Asimismo, el organismo volvió a dar un toque de atención a Argentina y Venezuela, cuyas economías muestran signos de crecientes desequilibrios internos y donde las presiones inflacionarias se han recrudecido en los últimos meses.

Para Venezuela, el Fondo prevé que la inflación se dispare hasta 46 % a finales de año y con Argentina mantiene un contencioso sobre la calidad de los datos oficiales sobre el producto interior bruto (PIB) e inflación, que considera que no es la adecuada.

En ambos casos, apuntó el FMI, "las políticas deberían concentrarse en contener el gasto público y reforzar el marco monetario y fiscal".

"Será crucial reducir las distorsiones creadas por controles administrativos, incluidos los controles de cambios", afirmó el último reporte del Fondo acerca de Venezuela y Argentina.