Tras 15 meses esperando por un vehículo de una marca japonesa que nunca llegó, José Díaz decidió comprar un auto usado de la misma marca cuyo precio, dadas las distorsiones, fue superior al monto sugerido por el fabricante para el modelo a estrenar.

"Era eso o ver cómo la inflación termina por comerse todos mis ahorros", señala con desdén el resignado comprador.

Casos como este se han convertido en algo cotidiano en una Venezuela cuyo mercado automotor ha sido duramente golpeado desde 2008, cuando entró en vigencia una nueva política sectorial cuya principal consecuencia ha sido la reducción en casi 75% del portafolio de modelos ofrecidos apenas cinco años atrás.

Al cierre del tercer trimestre del año, es un hecho que en 2013 los números rojos marcarán la realidad del sector ensamblador.

La producción venezolana de vehículos volverá a retroceder al menos 30%.