Sala de Inversión. Desde un tiempo a esta parte, Asia es apreciada cada vez más por inversionistas y empresarios como destino para llevar inversiones. cuenta con una creciente clase media, un aumento en el consumo y una mano de obra barata.

Quien coloca el dinero en esta región, debe saber que deberá enfrentar una mayor volatilidad que con las acciones estadounidenses (18/20% en las chinas, dependiendo del instrumento que se tome, frente al 15% promedio del S&P 500).

Asia es el continente más extenso y poblado: con cerca de 44 millones de km² representa el 29,45% de las tierras del planeta y con 4.200 millones de habitantes, el 60% de la población mundial.

Existen muchas formas de dividir a esta región en partes: Occidental (desde la India hacia el oeste) y Oriental (desde la India hacia el este). Pero en materia de inversiones, una opción es tomar a Japón, la tercera economía mundial detrás de China, por separado.

Por eso, el índice que sigue a este país es considerado como una referencia mundial y el instrumento por excelencia que se utiliza para posicionarse allí es el ETF iShares MSCI Japan Index (EWJ).

Si se excluye a los nipones, se puede colocar el dinero en el resto de las naciones que poseen mercados accionarios en Asia a través del ETF iShares MSCI Pacific ex-Japan (EPP).

A su vez, el continente cuenta con una parte desarrollada que incluye a Japón Singapur, Hong Kong y Taiwan, en la que en el último tiempo se acepta también a Corea del Sur, y otra con un menor desenvolvimiento económico, que tiene mucha amplitud en materia de PBI per cápita.

El iShares MSCI Emerging Markets Index (EEM) es un ETF que invierte diversificadamente en acciones de China (con un 17% de su portafolio) y otros 19 mercados (sobre todo Brasil, con un 16%).

Más específico, es el Claymore/BNY Mellon BRIC ETF (EEB), que divide su portafolio en las cuatro naciones más importantes del sector (China, Brasil, Rusia e India), que conforman el 42% de la población mundial y una clase media en rápido crecimiento.

Más allá de esto, China es una inversión distinta a todas las demás en materia bursátil ya que su gobierno aún ejerce un fuerte control sobre las empresas, la economía en general y los medios de difusión.

El gigante asiático posee un sistema doméstico de negociación que incluye a siete Bolsas diferentes. El índice más seguido es el Shanghai Composite Index, compuesto por grandes compañías en su mayoría del sector estatal, mientras que el índice Shenzhen Composite está más que nada conformado por las pequeñas y medianas.

La divergencia de rendimiento entre ambos indicadores es porque el segundo incluye en general a empresas tecnológicas y logró capitalizarse gracias al buen desempeño de ese sector. Más allá de esto, ambos están agrupados alrededor del CSI 300, el más abarcativo de los papeles domésticos.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que las acciones continentales de las firmas chinas tienen restricciones a su compra (denominadas “A”). Por otro lado, está desregulado el mercado de los ADRs listados en Nueva York bajo la forma de ADRs o a través de Hong Kong (llamadas “H”), donde se las se puede adquirir libremente.

La principal manera de invertir en papeles del gigante asiático es a través de los ETFs o los ADRs de sus principales compañías. La ventaja de los primeros es que son fáciles de operar y dan acceso a una muestra diversificada de empresas.

Tanto el iShares FTSE/Xinhua China 25 Index (FXI) como el Claymore/AlphaShares China Small Cap (HAO) son dos opciones válidas entre varias. El primero es el más líquido y replica el comportamiento del índice FTSE China 25 Index (TXINOU), que reúne a las acciones de alta capitalización bursátil de China y el otro sigue a 150 pequeñas y medianas.

Por último, se encuentran el Morgan Stanley China A Share Fund (CAF), un fondo común listado en Bolsa, que tiene como referencia al Shanghai Composite y sirve para exponerse a los papeles domésticos. Otra alternativa similar es el Matthews China (MCHFX), que apunta a firmas de todos los tamaños.

Es imposible que algún inversor deje de lado a Asia en su portafolio de alguna manera u otra ya que es el continente que concentra el mayor crecimiento económico y consume la mayoría del crédito global, la inversión en educación y ciencia y tecnología más grande del mundo. Además, no deja de ser el mayor productor y consumidor de alimentos, además contar con las reservas más grandes de buena parte los minerales.