En los últimos años, Uruguay se convirtió en un destino turístico caro, no importa el origen del viajero. Lo es para el argentino, pero también para el brasileño y el estadounidense. También es caro para el uruguayo, no porque los precios hayan subido más que los salarios –de hecho, el poder de compra siguió creciendo–, sino porque los mismos fenómenos que encarecieron Uruguay para el resto del mundo, abarataron los principales destinos para el uruguayo promedio. De ese modo, la plaza doméstica perdió competitividad y eso es un hecho con el cual los operadores turísticos deben lidiar.

Los números hablan por sí solos. Según los indicadores de precios turísticos realizados por la Unidad de Análisis Económico de El Observador con datos agosto, medido en las monedas de los principales países de origen de los turistas locales, los precios en Uruguay duplican hoy el promedio de los últimos ocho años. Desde agosto de 2010, los precios aumentaron 90% y en cinco años el incremento fue de 146%.

El indicador mide la evolución de los precios para el turista en su moneda de origen, considerando que realiza la conversión a pesos uruguayos en la ventanilla de un cambio local. De ese modo, los dos factores que determina si el país se encarece o se abarata son la evolución de los precios al consumo en la plaza local y la cotización compradora en las principales casas cambiarias.

Los turistas más perjudicados fueron los argentinos. En tres años, la plaza uruguaya se encareció 125% para sus bolsillos. Esto se debió a la adopción por parte del gobierno argentino del control cambiario, que limitó el acceso a la moneda extranjera e hizo surgir un mercado paralelo de intercambio de divisas. Hoy la cotización clandestina se encuentra en 9,69 pesos argentinos por dólar y la oficial en 5,83, con una importante diferencia de 66%. En la plaza local, el peso argentino se mueve en un punto intermedio entre ambas cotizaciones, más cercana a la evolución del mercado paralelo.

Para los brasileños, la plaza uruguaya se encuentra 55,6% más cara que hace tres años, debido a que la moneda uruguaya se apreció más que la brasileña en ese período. En el resto de los países la suba de precios fue menor. Para los estadounidenses, Uruguay se encareció 16,2% y para el europeo promedio, 10,1%. Hay que tener en cuenta que la suba de salarios en Argentina y en Brasil fue mucho mayor que en EEUU y en Europa debido a una inflación mayor –especialmente en el caso argentino– y al mismo tiempo, los salarios registraron subas mayores en términos nominales.

Pero el encarecimiento no solo impactará en la cantidad de turistas que vengan a pasar sus vacaciones a Uruguay, sino también en la capacidad que tengan los agentes turísticos para evitar que los uruguayos elijan otros destinos. En ese sentido, los precios no se le pondrán nada fácil ese desafío.

Para un uruguayo promedio, la plaza local se encuentra 35,9% más cara que en el promedio de los últimos ocho años. Sin embargo, el resto del mundo solamente se encareció 19,6% en el mismo período medido en pesos uruguayos. Hay que considerar que el salario promedio subió en términos nominales 56,5% en el mismo lapso y eso implica que los uruguayos ganaron poder de compra en Uruguay, pero más todavía en el resto del mundo.

El Índice de capacidad de consumo fuera del país de El Observador (ICCE-EO), mide la cantidad de bienes y servicios promedio que pueden adquirir los uruguayos en los principales destinos turísticos. El indicador se ubicaba en agosto 32,3% por encima del promedio de los últimos ocho años, con un incremento de 54,1% respecto a agosto de 2008.

El punto más alto del poder de compra fuera del país fue en abril de este año, cuando el dólar culminó un período de fuerte caída en la plaza local –más pronunciada que en los principales socios comerciales del país–. Ese mes, la capacidad de consumo fuera de fronteras llegó a estar 52,8% por encima de la media de los últimos ocho años.

En los meses siguientes, el dólar tendió al alza y subió más que en los principales destinos de referencia. Eso hizo que el turismo doméstico recuperara competitividad en precios respecto al emisivo, aunque todavía sigue estando caro si se compara con la media histórica.

Los operadores turísticos tienen el desafío de ofrecer servicios a la altura de los nuevos precios para competir con la oferta externa.