Un chorro de vapor y agua de 60 metros de altura que duró 27 días, producto de la fuga de uno de los pozos en los que se realizaba exploraciones para obtener energía geotérmica en septiembre de 2008, echó por tierra el proyecto de la empresa Geotérmica del Norte de convertir El Tatio --campo de 80 géiseres ubicado a la altura de Antofagasta y a 4.200 metros sobre el nivel del mar— en una fuente de energía barata, limpia y confiable para Chile. El extenso periodo de tiempo que tardó en ser controlada la situación alarmó a los habitantes de la zona quienes criticaron públicamente a la compañía, lo que finalmente hizo que la autoridad ambiental abortara el proyecto y multara a la empresa.

Chile cuenta con un abundante potencial de generación geotérmica, gracias a su privilegiada posición en el denominado “Cinturón de Fuego del Pacífico” y que lo convierten en dueño del 20% de los volcanes activos continentales. Las estimaciones sobre el potencial geotérmico de Chile van desde los 3.350 MW, según la estatal Empresa Nacional del Petróleo (Enap), hasta los 16.000 MW de acuerdo a Alfredo Lahsen, académico del departamento de geología de la Universidad de Chile, lo que equivaldría al 91% de la actual capacidad instalada de la matriz energética.

Ello ha motivado a que, en su mayoría privados, se embarquen en diversos proyectos de exploración del recurso. Actualmente, existen 76 concesiones de exploración (de norte a sur del país), según el Ministerio de Energía, con una superficie de tres millones de hectáreas y una inversión que alcanza los US$390 millones. Entre éstos se encuentra el proyecto Apacheta-Cerro Pabellón a cargo de la empresa ENEL Green Power-Geotérmica del Norte, que planea desarrollar una planta binaria de 50 MW cuya instalación podría concretarse en el 2014 o 2015.

Otra iniciativa es Tolhuaca de la compañía Mighty River Power, con un potencial estimado de 70 MW y donde se ha descubierto el pozo más productivo de Sudamérica: el Tol 4 con un potencial de 12 MW.

Pese al interés de las empresas y a que Chile fue pionero en el campo de la exploración geotérmica en los años 60, hoy no estamos generando ni un solo MW de energía eléctrica a partir de la geotermia. Alonso Arellano-Baeza, profesor de geofísica y teledetección satelital de la Universidad de Santiago de Chile (Usach), dice que esto se debe a que “nunca ha habido una política pública orientada a desarrollar todo el potencial geotérmico del país”.

Piedras en el camino. El estancamiento en el desarrollo de esta energía en Chile, “se explica principalmente por las grandes dificultades técnicas y económicas que afectan a los productores”, dice Cristián Torres, director de la Asociación Chilena de Energía Geotérmica (Achegeo).

3387

Todo proyecto de geotermia se inicia con una fase de exploración superficial que no es tan costosa, explica el ejecutivo, y donde se utilizan equipos y servicios propios de la minería para perforar pozos de diámetros reducidos, con el fin de evaluar el potencial geotérmico de la zona. Luego viene la etapa de exploración profunda, donde hay que perforar pozos de grandes diámetros y profundidades, “para lo cual se requiere de equipos de perforación de enormes dimensiones, además de servicios asociados que sólo los encuentras en la industria petrolera”.

El problema, dice Torres, es que “no existe este tipo de equipamiento en el mercado chileno y es por eso que estamos parados, porque los privados no pueden financiar por sí solos esta altísima inversión en exploración profunda”.

La solución que propone Diego Morata, director del Centro de Excelencia en Geotermia de los Andes de la Universidad de Chile (CEGA), es que el productor cuente con apoyo del Estado, lo que le permitiría palear la elevada inversión inicial en equipos de perforación profunda y mitigar la incertidumbre en torno a la ubicación del reservorio geotérmico.

Este, dice Morata, “es uno de los aspectos que las empresas de geotermia en Chile hoy ven con más preocupación”. En otros países donde se produce esta energía, el propio Estado lidera iniciativas de exploración geotérmica que luego incorpora al desarrollo de sus políticas energéticas.

Los representantes del sector no se han quedado de brazos cruzados y han sostenido reuniones con el Ministerio de Energía, para implementar un “Seguro de Perforación Fallida” que apunta a subsidiar a los operadores durante la costosa fase de perforación y cuando se trata de pozos que superan los 2.000 metros de profundidad. “El gobierno ha discutido muchas veces este seguro, pero nunca se ha concretado”, dice Arellano-Baeza de la Usach. “Si este seguro se hubiera aprobado hace ocho años atrás, seguramente hoy ya tendríamos la primera planta geotérmica generando energía eléctrica”, agrega.

Arriba en la cordillera. Otro aspecto que tampoco ayuda es que las concesiones geotérmicas del norte del país, están ubicadas en el altiplano o en la alta cordillera a alturas que superan los 4.000 metros, muy alejadas del SING (Sistema Interconectado del Norte Grande). Esta lejanía, dice Morata de CEGA “encarece la perforación y aumenta los costos, al tener que incorporar los precios de transmisión desde la planta hasta el SING”.

3389

 

Aunque las plantas quedan ubicadas lejos de los núcleos urbanos importantes, el hecho de que estén próximos a zonas con desarrollo minero, transforma a la minería en su potencial principal cliente de la energía que obtengan.

Las concesiones geotérmicas del centro y sur del país también presentan problemas geográficos, ya que se encuentran en zonas altas de la cordillera (2.000 a 3.000 metros), donde gran parte del año están cubiertas de nieve, dificultando los accesos y condiciones de trabajo en terreno. Sin embargo, éstas tienen la ventaja de que se encuentran próximas a la línea de transmisión del SIC (Sistema Interconectado Central), y por ende, quedarían más cerca de los grandes centros urbanos.

Un tercer elemento que pesa tanto como la barrera geográfica y la económica, es que el desarrollo de la geotermia necesita de un adecuado marco regulatorio, y a juicio de Morata, el actual conjunto legal no favorece mucho a la actividad, “aunque parece que las nuevas reglamentaciones apuntan a facilitar el camino”.

Una de ellas es la conocida como Ley 20/25 cuyo objetivo es que en el año 2025 el 20% de la matriz energética sea generada a partir de ERNC (Energías Renovables No Convencionales). “Las expectativas son que la geotermia aporte con un buen porcentaje de lo que provenga de ERNC”, dice Morata.

Para el 2025 o 2030 Chile debería contar con entre 1.000 MW y 1.500 MW operativos procedentes de fuentes geotérmicas, según estimaciones del Ministerio de Energía. Si esto llegara a concretarse significaría que Chile podría situarse entre los diez primeros países del mundo en producir electricidad a partir de la geotermia, una meta que hoy se ve demasiado lejana.