El acelerado crecimiento de la liquidez monetaria presiona con fuerza los precios de bienes y servicios, y también la demanda de divisas. Corregir la política monetaria, y también la fiscal se vuelve cada día más indispensable, si se busca atender realmente la inflación, y las presiones cambiarias.

En esa línea, y luego de la meta de inflación anunciada en el presupuesto nacional de 28% para el próximo año, las tasas de interés en cuentas de ahorro, y de plazo, se vuelven aún más negativas de lo que ya están. Mientras el alza acumulada de los bienes y servicios este año alcanza ya 38,7%, las cuentas de ahorro sólo pagan 12%, y los depósitos a plazo (ya casi inexistentes) ofrecen 14%.

Esta realidad lleva a las autoridades económicas a evaluar posibles modificaciones en estos intereses, con la finalidad de recoger liquidez monetaria. Sin embargo, esta medida ameritaría también subir las tasas de interés activas, es decir, las cobradas por los créditos, lo que encarecería aún más la producción interna.