Las tendencias socioeconómicas y demográficas de América Latina están cambiando. Millones de personas han pasado a la clase media en las últimas décadas y muchos países experimentan o prevén un envejecimiento considerable de la población. Sin embargo, las políticas públicas parecen no estar a la altura. No existen programas ni sistemas sólidos de seguridad social y lo más probable es que lleguemos a viejos solos y pobres. Ante esta preocupante perspectiva y oportunidad, AméricaEconomía.com conversó con Bart Vanderschrick, CEO mundial de Senior Assit, quien acompañado del máximo representante de la empresa para América Latina, Roderick Peters, compartió su visión respecto a la protección social que los gobiernos brindan hoy a las personas de mayor edad en América Latina.

Senior Assist es una corporación privada belga especializada en la asistencia y el cuidado al adulto mayor, ofreciendo servicios de residencias, como de cuidados especializados y profesionales. Tiene una vasta presencia en Europa y también se ha extendido hasta Asia y Latinoamérica, donde opera en países como Chile, Perú, Colombia y Uruguay. En 2012, sus ventas fueron de 125 millones de euros (110 millones en Bélgica) y para el 2018 se proyectan entre 450 y 500 millones de euros.

Peters cuenta que en Europa, por ejemplo, si una madre tiene 75 años, es normal enviarla a este tipo de residencias y nadie se hace mayor problema, pero aquí en Chile el patrón cultural indica que se deben probar todo tipo de alternativas antes de ese resistido paso: vivir juntos, enviarla con los hijos, con otros familiares, etc...

-¿Qué tipo de personas utilizan sus servicios y cuáles son sus características?

-Primero, están los que todavía tienen buena salud, pero que viven en residencias porque si no quedan demasiado solos. En Europa y América, gran parte de las personas busca esta solución a una cierta edad. También están las personas que requieren asistencia por sus necesidades y un cuidado profesional permanente. Les damos una solución a quienes buscan compañía y también a quienes necesitan de cuidados más delicados. Eso es transversal (los servicios y necesidades), no hay mayor diferencia entre la gente de aquí, China, Turquía y Europa.

-¿Qué sucede con la gente de menor edad, hablamos de 55 a 60 años?

-Ellos no son nuestro público. No piensan que tendrán que necesitar un hogar. Comienzan a buscar cuando ya no les quedan más opciones, así que los clientes de 55 y 60 años quizás son clientes potenciales, pero si hacemos campañas comerciales para llegar a ellos, dirán, esto no es para nosotros. Ellos no están en esa etapa de la vida.

-¿Piensa que los gobiernos en Latinoamérica se preocupan hoy en día por los adultos mayores?

-No, los gobiernos de A. Latina no se preocupan por los adultos mayores. Es una respuesta muy franca. No lo creo. Aunque no es sólo en Latinoamérica, sino en las sociedades con mucha gente joven, no hay una gran preocupación por la gente mayor. Por eso es difícil ofrecer nuestros servicios, porque no los perciben como un problema real. El hecho es que no hay mayores figuras o concepciones políticas para este problema. La gente está ahí, necesita soluciones, pero no las ofrece el gobierno.

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-¿Qué clases de necesidades no resuelven?

-Por ejemplo, si no tienes un sistema de seguridad social, si no están en él, tendrás que pagar por ello, pero toda la gente que no puede pagar debe permanecer en casa porque nadie pagará por ellos. Los hijos no podrán pagarle y el gobierno tampoco puede reemplazar a sus hijos en materia de financiamiento, por lo que permanecerá en casa indefinidamente.

-En Latinoamérica mucha gente está pasando a la clase media, ¿qué representa este cambio para ustedes?

-En Europa, nuestros servicios llegan a gran parte de la población, un porcentaje bajo no puede financiarlo y eso lo cubre el gobierno, mientras que el otro, de ingresos bastante altos, puede cubrir sus necesidades bastante bien y tienen hasta enfermera personal en sus casas. Entonces, hay una gran clase media, y los de esa clase son nuestros clientes. En definitiva, en países donde la clase media crece, nosotros crecemos. Por ejemplo, en China estamos interesados, porque hay 40 millones de personas de clase media más cada año, un número enorme, y ellos necesitan asistencia. Mientras la clase media crece, más interesante se vuelve el mercado para nosotros.

-¿Algún interés o acercamiento con Centroamérica?

-Hay un gran mercado allí, pero son bastante cercanos al mercado norteamericano, así que no están en nuestro horizonte por ahora, considerando países como México y Panamá.

-En países como Chile, ¿qué es atractivo para ustedes?

-La estabilidad política. Si miras hacia Argentina, por ejemplo, cómo las decisiones del gobierno pueden cambiar de un día para otro, es muy difícil establecer planes de negocio en un país donde no hay estabilidad política en el gobierno. No se trata de no que sean amigables con la tercera edad, ni algo por el estilo, sino que el país no está listo. Si miras a Chile, hace tres años vimos que había suficiente gente en las primeras clases para empezar en Santiago. Tenías gente suficiente, con capacidad de pago y estabilidad política.

-¿Qué ocurre con Colombia, Perú y Uruguay?

-En nuestro mercado, es casi lo mismo, no hay muchas diferencias. Colombia es como Chile hace cinco años. En Colombia, sí, tienes más potencialidad por la cantidad de habitantes en las ciudades más grandes. Si miras el riesgo de nuestros mercados es que tenemos que invertir en edificios de US$6 millones (aproximadamente) y necesitas la ocupación de éste para pagar esa inversión. Eso significa que sólo puedes centrarte en grandes ciudades, nunca ir a una ciudad de miles de personas y que el mercado no sea maduro. En Colombia hay bastantes ciudades con esa población, de millones.

-En un futuro, la población adulta y la tercera edad superará a la juvenil en países como Chile, ¿cómo ven esa perspectiva para su negocio?

-Mientras más crezcan los países económicamente, mientras más viejos se ponen, menos hijos tienen; entonces, si el país crece económicamente, el número de jóvenes disminuye y el porcentaje de gente adulta aumenta.

-Pero, ¿cuáles son los riesgos de este crecimiento?

-El riesgo es que lleva tiempo y la inversión no es menor. En cada nuevo edificio el costo asciende a cerca de US$4 millones y US$6 millones, por lo que necesitas facilidades para invertir en las camas y el equipo. Para crear el mercado y desarrollarlo necesitas tiempo y durante ese tiempo gastas dinero; necesitas a veces hasta dos años, por lo que el mayor riesgo es el financiero, porque cuesta tiempo establecer el mercado.

-¿Han pensado explorar la modalidad de trabajo conjunto con los gobiernos, usar un cofinanciamiento, por ejemplo?

-Por ejemplo, en Turquía no dijimos que lo que nosotros proponíamos era sólo lo correcto, pero si ellos nos consultaron cuáles eran los modelos que veíamos alrededor del mundo o cómo se podía cambiar la legislación para que más personas se beneficieran, etc., bueno, les dimos una buena solución a la gente. Mientras más ejemplos buenos puedas dar, el gobierno más querrá hacerlo y verá cómo poder ayudar, porque esto no es sólo para la gente rica, también es para la clase media y la clase baja. Pero primero tienes que probarlo, demostrar que  funciona. Y cuando los políticos vean que esto funciona y el número de personas adultas crezca, automáticamente buscarán soluciones y estaremos preparados para compartirlo.

Un ejemplo es el norte de Europa, donde todo es social: los subsidios son del gobierno para estas soluciones. En Suecia no tienes que pagar nada; en Holanda, nada. Noruega, nada. Bélgica, 50 y 50. Francia, 70% los residentes, 30% el gobierno. Creo que lo que veremos es que esta modalidad crecerá, que la conciencia aumentará y los gobiernos harán algo.