Este sábado se cumplieron siete años del fallecimiento de Milton Friedman, quien fuera considerado por el semanario británico The Economist como “el economista más influyente de la segunda mitad del siglo XX… posiblemente de todo el siglo”.

Friedman fue ganador en 1976 del Nobel de Economía por “sus logros en el campo de análisis del consumo, historia y teoría monetaria, y su demostración de la complejidad de las políticas de estabilización”.

Friedman sugirió que la cantidad de dinero que circula en una economía, es decir, la base monetaria, influye primordialmente sobre las decisiones de inversión de las empresas y gasto de gobierno, que a su vez influyen en el consumo y la producción de un país. 

A partir de su investigación concluyó que un aumento en la base monetaria tendría un impacto positivo sobre el crecimiento de la economía en el corto plazo, pero en el largo afectaría el nivel de precios.

Debido a esta última afirmación y declaraciones como “la inflación siempre y en todos lados es un fenómeno monetario”, es considerado como el principal exponente de la corriente Monetarista, que apoya la relación entre la inflación y la cantidad de dinero en una economía.

Asimismo, se resistió a que la política fiscal influyera de manera excesiva en la economía y era partidario de un gobierno limitado.

También fue un gran crítico de la Curva de Phillips, una propuesta que afirma que a mayor inflación, el desempleo es menor. Friedman dijo que en el corto plazo puede ser cierto, pero que un gobierno que fomenta una alta inflación en el largo plazo no podrá mantener bajo el desempleo debido a problemas del propio mercado laboral.

Además, fue un gran crítico de la Reserva Federal y afirmaba que el sistema monetario debía estar abierto a la competencia entre privados. En este sentido, dijo que si la FED iba a monopolizar la fabricación de dinero, su política debía ser la de un incremento constante de la base monetaria, con el fin de promover el crecimiento económico.

Como es común en el campo de la Economía, no pudo escapar a las críticas de quienes consideraban sus propuestas incorrectas. 

Paul Krugman dijo tras su muerte que simplificaba mucho sus supuestos y no tomaba en cuenta que los mercados pueden ser ineficientes.

Sin embargo, no negó que fuera “un gran hombre y un gran economista”.