Lima, 15 de septiembre: cientos de personas esperaban en el aeropuerto de Lima la llegada del ex presidente Alejandro Toledo y su mujer, Elian Karp, horas antes de su declaración ante la Comisión de Fiscalización del Congreso. 

El denominado “caso Ecoteva” se ha convertido en una telenovela apasionante. Empezó con la compra por Eva Fernenbug de una casa en la exclusiva urbanización limeña Las Casuarinas por US$3,8 millones. Cuando el país se preguntaba por qué una mujer de 85 años que vive en Bélgica compraría al contado una mansión en la otra punta del mundo, se destapó que la suegra del ex presidente había comprado, además, oficinas por valor de casi un millón de dólares. Toledo, en un principio, aseguró que su suegra pagó la casa con sus ahorros y su indemnización como víctima del Holocausto, pero posteriormente se dio a conocer que las inversiones se hicieron a través de la empresa costarricense Ecoteva Consulting Group, presidida por Fernenbug, y en cuya formación participaron la empleada de la limpieza y un encargado de seguridad del ex presvidente. 

Para enredar más las cosas, la adquisición se realizó a través de un préstamo del Scotiabank de Costa Rica, avalado por el empresario Josef Maiman, amigo de Toledo. Cónsul honorario de Perú en Tel Aviv, Maiman es el titular del Grupo Merhav, que incluye a la East Mediterranean Gas Company y la Middle East Oil Refinery. Además, opera el Canal 10 de Israel y el Inter Cable de Venezuela. Por medio de Ecoteva, financió, a modo de “favor”, la compra de la vivienda de Toledo en Lima, y su casa en Tumbes, en el norte del país. Ambas financiadas con un crédito personal. Demasiados fantasmas para una sola casa.